Culto
Dos murales urbanos de Nemesio Antúnez ven otra vez la luz

Dos murales urbanos de Nemesio Antúnez ven otra vez la luz

Declarados Monumento Nacional en 2011, mañana Sol y Luna serán devueltos restaurados al público, en el año del centenario del artista.

Acercar el arte a la gente común fue uno de los afanes en la vida de Nemesio Antúnez (1918-1993). Lo demostró en su faceta de director del Museo de Arte Contemporáneo, cuando en 1963 decidió hacer una muestra en un mercado abandonado en plena población San Gregorio y luego con la Primera Bienal de Grabado que tuvo como una de sus sedes el mismo Parque Forestal. También lo demostró décadas después, cuando saltó a la TV con el programa Ojo con el Arte, donde hablaba con igual pasión de la obra de Vincent van Gogh, los volantines y las cerámicas de Quinchamalí.

Como artista tampoco se conformó con dejar telas y grabados entre cuatro paredes: trasladó su trabajo a las calles y en Santiago, específicamente, realizó cuatro murales que por años estuvieron olvidados en galerías céntricas hasta que en 2011 fueron declaradas Monumento Nacional.

Mañana jueves dos de estas obras, Sol y Luna, realizadas en 1961 en el hall de entrada del entonces cine Gran Palace, serán devueltas al público restauradas. “Estaban sobre todo deterioradas por vandalismo, es decir, dañadas por la mano del hombre. Tenían grafiti, marcas de plumón, agujeros de corchetes y grapas porque se solían pegar los posters de las películas sobre los murales, además de una densa capa de suciedad, sobre todo de nicotina; antiguamente este era el sector de los fumadores”, dice la española Clara Barber, restauradora a cargo de los trabajos que comenzaron en 2015, supervisados por la Corporación Desarrollo Santiago (Cordesan) y la Dibam.

Acogida a la Ley de Donaciones Culturales, la restauración costó $ 23 millones y fue financiada por los dueños del Hotel Gran Palace, quienes desde 2010 son también los propietarios de las instalaciones del excine, que hoy alberga un centro de convenciones con capacidad para 1.300 personas, además de spa, piscina y un gimnasio.

“Desde que compramos ese sector del cine empezamos a hacer la gestiones para restaurar los murales, y francamente pensé que sería más fácil, que nos iban a llover las propuestas desde el mundo cultural privado y público, pero no pasó nada. Nadie se interesó y tuvimos que correr nosotros con el financiamiento”, dice uno de los dueños del Hotel Gran Palace, Pablo Novoa. “Nosotros siempre los hemos cuidado. Yo siempre seguí a Antúnez en Ojo con el Arte y estamos muy orgullosos de haber cumplido con darle valor a estas obras y presentarlas ahora en el centenario de Antúnez”, agrega.

Arte en los cines

Encargado al artista por el arquitecto Alberto Cruz para alhajar su reciente edificio, Antúnez eligió láminas de oro y plata para representar respectivamente al Sol y la Luna, y bajo ellos pintó suaves líneas que evocan la tranquilidad del mar y la potente atracción energética de un eclipse lunar. “Las obras estaban enmarcadas en negro con una especie de guardapolvos horrible; ahora tienen un marco plateado muy suave que no estorba la visión de la obra”, explica la restauradora, quien estuvo a cargo de la recuperación del mural Verbo América, de Roberto Matta, en Estación Quinta Normal.

Barber, además, fue parte del grupo de restauradores invitados en 2014 por la Cordesan a conocer los otros dos murales de Antúnez. Terremoto, de 30 metros cuadrados, está emplazado en el foyer del cine Nilo (Monjitas 879) y fue realizado por Antúnez en 1958 tras ganar un concurso público convocado por Emilio Duhart, arquitecto de la obra que estaba destinada a ser un cine de lujo. Hoy sobrevive proyectando películas triple x.

Mientras Quinchamalí se ubica en la galería Juan Esteban Montero y sirve de acceso al Hotel Huérfanos en la exentrada del cine Huelén, de calle Huérfanos con San Antonio. Este también fue realizada por Antúnez en 1958 por encargo del arquitecto Juan Echenique. Por el momento, ninguno de ellos tiene el financiamiento para ser restaurado.

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