Culto
Foisneau, Hobbes y el populismo

Foisneau, Hobbes y el populismo

Invitado al segundo coloquio internacional sobre Thomas Hobbes de la Universidad Adolfo Ibáñez, que tendrá lugar este martes, uno de los más importantes estudiosos del filósofo inglés visita Chile.

De Thomas Hobbes, el pensador inglés del siglo XVII, hay una imagen instalada: su obra justificaría el absolutismo, su teoría política se basaría en la inmoralidad. El filósofo francés Luc Foisneau (1963), especialista en el autor de Leviatán (1651), uno de los tratados políticos más importantes de la historia, no está de acuerdo.

“Es justo decir que la teoría del Estado de Hobbes justifica la existencia de un Estado totalmente soberano, sin otros límites a su poder que el funcionamiento regular del sistema legal. Si tomamos la palabra ‘absolutismo’ en el sentido estricto del término (absolutus legibus), que no está limitado por la ley, es cierto que la soberanía de Hobbes es absoluta, pero si entendemos con ese término el hecho de que el Estado sería arbitrario, es inexacto. De hecho, en su Teoría de la Justicia, Rawls considera que el sistema penal de Hobbes es compatible con el Estado de derecho”, señala. “En cuanto a que esta teoría se basa en la inmoralidad, es una interpretación errónea: Hobbes no destruye la filosofía moral heredada de los antiguos, sino que la transforma. Su filosofía moral no pretende enseñar la buena vida, sino una vida social justa”.

Foisneau es autor de Hobbes et la toute-puissance de Dieu (2000) y de Hobbes. La vie inquiète (2016), un libro de síntesis que resume 20 años de investigación, donde analiza los conceptos fundamentales de Hobbes, quien imaginó un estado de naturaleza (la anarquía, la guerra y la angustia de la muerte violenta), por lo que habría un acuerdo para el surgimiento del Estado en que el soberano derivaría sus derechos de un contrato social, que no tiene otro propósito que otorgarle la plenitud del poder. Foisneau también analiza su recepción contemporánea (especialmente en Foucault y Rawls), corrigiendo interpretaciones erróneas. El intelectual francés participa este martes en un congreso sobre Hobbes en la U. Adolfo Ibáñez.

Frente al estado de naturaleza, el Estado o Leviatán sería una condición de la vida social. Pero este también inspira miedo.

-La invención de Hobbes es una distinción que apela a un futuro hermoso, uno que se oponga a un estado de naturaleza, que es un estado sin Estado; al Estado civil, que es un estado en el que la vida social es posible por el poder de un soberano (que también puede ser un gobernante democrático). Lo que hace que el estado de nuestras relaciones sea “civil” (también civilizado) es el hecho de que actuamos guiados por las reglas de la moralidad… El miedo que el Estado nos inspira es muy diferente del miedo que reina en el estado de naturaleza: es un miedo al servicio de la aplicación de las leyes civiles y morales. El poder del Estado no debe ir más allá de la aplicación de la ley deseada por el Estado. Si va más allá, los actos de castigo, necesarios en un Estado de derecho, se convierten en actos de hostilidad.

Existe la idea de que Hobbes ignora la cuestión de la justicia. Usted señala que, al contrario, es central.

-Si Hobbes pone la justicia en el centro de su filosofía moral, es porque concibe los peligros de una política basada en una concepción única de una buena vida (cristiana, musulmana, atea, etc.). Su estado de naturaleza no es más que una representación abstracta de las consecuencias del choque de diferentes concepciones de la buena vida. He avanzado la tesis de que es este aspecto de su teoría moral lo que es esencial y, en este sentido, anticipa el punto de partida de la Teoría de la Justicia de Rawls. Más exactamente, aprovecha, en cierto modo, en su estado puro el resorte esencial del liberalismo político; a saber, que uno debe hacer política, incluida una política de soberanía, a partir del pluralismo.

El nombre de su libro relaciona el pensamiento político de Hobbes con su antropología. La vida humana está “inquieta”…

-Contrariamente a las teoría antiguas de la felicidad (estoicos, epicúreos), Hobbes no hace que la felicidad resida en el descanso, en un estado de perfección y sabiduría, sino en la actividad que tenemos como seres vivos. Somos felices, para Hobbes, cuando deseamos y trabajamos para cumplir nuestros deseos. Estamos a la vez inquietos porque no sabemos si lograremos nuestros fines, y felices porque estamos en movimiento hacia la realización de nuestros deseos. Es una característica antropológica que incluye, si uno sabe leerla, una dimensión moral. Pero, una vez más, la verdadera filosofía moral está menos preocupada por la felicidad que por las condiciones de realización de un Estado en el que el derecho es efectivo. Esto es lo que hace de Hobbes un filósofo moderno.

Usted ha dicho que los efectos de la crisis económica se sienten políticamente en el “populismo”.

-Se puede decir que el “populismo” expresa la respuesta de las poblaciones más antiguas, que también pueden ser en algunos casos poblaciones inmigrantes de la generación anterior, ante la falta de iniciativa de los gobiernos, que permiten que se desarrolle la competencia entre poblaciones modestas, a menudo porque estos gobiernos han implementado políticas de competencia generalizada que dejan desprotegidas a las poblaciones que forman parte de la “clase media”. El “populismo” es un término peyorativo, acuñado para referirse a la reacción de las clases medias a las políticas de liberalización implementadas desde finales de la década de 1970. Esta noción no designa un solo tipo de acción política. Así fue posible inventar un populismo de izquierda (Laclau, Mouffe). Las manifestaciones del populismo son tan diferentes como los contextos políticos. En lugar de alarmarse o de difamarlo, sería mejor responder políticamente a las preocupaciones profundas de las clases medias, que temen por ellas y por sus hijos. La crisis económica no es un fenómeno natural: también corresponde a las decisiones políticas tomadas en los 70, cuyos efectos, tanto sociales como ecológicos, vemos hoy.

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