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25 años de MTV Latino: decimos lo que sabes, pero sabemos cómo hablar (parte 3)

25 años de MTV Latino: decimos lo que sabes, pero sabemos cómo hablar (parte 3)

Finalizamos en Culto el relato de cómo cambió el panorama musical latino con la llegada de MTV en 1993. Centrándonos en el Chile post Dictadura, contaremos del momento en que las palabras “internacionalización” y “carrera discográfica” no sonaban a delirio o ironía. Un contexto en el que se hicieron inversiones millonaria (con despidos fulminantes poco después), se reivindicó inesperadamente la música de raíz y se superó una trágica muerte a punta de esfuerzo y éxito continental.

Parte 3: hola qué tal, festival

Si no fuera por los pedazos de cartón lanzados al escenario, se podría decir que fue un buen concierto el de Jano Soto en el Court Central del Estadio Nacional. Aunque, quizás, habría que obviar también los improperios y algunos escupitajos. Era diciembre de 1995 y el músico formado en círculos de jazz cantaba “Debajo de la lluvia” con un paraguas que, efectivamente, recibía respuestas húmedas del público.

Luego, la meseta de unos aplausos débiles y una mayoritaria apatía. Hasta que llegó la ira final. Cuando el público menos dispuesto estaba para propuestas teatrales, qué mejor que salir en una réplica de un taxi de cartón a cantar, como en el video clip, “La luz del cuerpo”. Y burlarse de quiénes no acertaban con sus proyectiles. Nunca la arriaremos ante el enemigo, que decían por ahí.

La escena transcurría en el extenso espectáculo masivo donde EMI presentaba sus flamantes contrataciones. El show, que se abrió con Machuca y terminó Lucybell tuvo escenas de sorpresa, fidelidad y abulia mientras tocaban Santos Dumont, Bambú (con un debutante Quique Neira), Pánico, Christianes y Los Tetas. Y Jano, que ya dijimos, tuvo un curso acelerado de resiliencia ese día. Hay que hacer la salvedad, eso sí, que de ellos sólo Lucybell contaba con singles de éxito en las radios (“Cuando respiro en tu boca” y Vete”) y la mayoría sólo tenía 1 disco en la calle, editado sólo meses o semanas antes.

Si bien había grupos con historial previo independiente como Santos Dumont o Pánico, la gran mayoría eran bandas con poco rodaje y público en formación. Por ello, la apuesta de EMI, con el histórico mánager de Los Prisioneros Carlos Fonseca a la cabeza, implicaba un importante riesgo que aumentaba con los ambiciosos planes que estaban detrás. La idea era crear un catálogo de lo que llamaron “nuevo rock nacional”, con planes de expansión continental, contratos por 3 discos y presupuestos millonarios en videos y grabaciones.

Con la plataforma asegurada de MTV Latino, otros sellos como Sony o BMG también apostaron a la nueva camada de bandas, hasta que encontraron la calculadora que andaba perdida y echaron marcha atrás. En los siguientes 3 años las discográficas comenzaron procesos de desvinculación inmediata (Machuca, Terciopelo, La Dolce Vita, Jano Soto, Solar y un triste etcétera), manteniendo sólo a quienes daban números azules, como Lucybell o los exitosísimos Tiro de Gracia.

Menos música

“Pensaba todo el mundo que cuando cayera Pinochet, Chile se iba a volver una onda Almodóvar y que iba a quedar la cagá, y que iba a estar todo pasando. Cosa que no pasó. Y se volvió todo tetón, todo demócrata cristiano, todo se puso híper tradicional, pero pintado de rebelde” (Jorge González en Malditos, documental sobre Fiskales Ad-Hok)

Será el tipo de recuerdos que atragantarán de risa a un millenial, pero la llegada de MTV Latino significó la inédita posibilidad de ver videos de música, cuando UNO QUISIERA. Y de un espectro más diverso del que mostraban en un par de horas semanales los programas de la televisión abierta. Se llamase Más Música, Sábado Taquilla o Clip Clap, la oferta de clips era escasa y estrictamente pegada al top 100 de Billboard.

Haciendo la necesaria salvedad con ciertos segmentos de Extra Jóvenes y espacios en canales menores (como OK de UCV-TV, con ese connoisseur llamado La Mano Peluda), lo que se mostraba era muy similar y, además, con una presencia casi simbólica de música nacional. Coincidente con el escaso interés de los sellos después de 1988, grupos exitosos como Upa! o Los Prisioneros lograban, a duras penas, promocionar su trabajo un par de años después. Mientras los primeros no recibían cobertura alguna de un buen disco (Un día muy especial, producido por Andrés Calamaro), los segundos debieron esperar meses para que el primer sencillo de Corazones fuese tocado en las radios (donde, como ha relatado González, tenían que esperar por horas en los pasillos para que los atendiesen).

En ese contexto, el éxito de ciertos artistas (Parkinson, Sexual Democracia, La Ley en sus inicios) derivada de alguna transmisión televisiva o difusión radial imprevista, sin estrategias de marketing detrás. El inicio de las transmisiones de MTV Latinoamérica en 1993 cambiaría ese panorama, a la par de otros proyectos casi contemporáneos, como el canal de cable Via X o la señal abierta Rock and Pop.

Aunque Chile no era prioridad para la cadena, considerando el mercado más pequeño en comparación con Argentina o México; igualmente la promesa de difusión (por lo menos, interna) abrió el apetito de las multinacionales, quienes comenzaron los desinflados planes de expansión que comentábamos antes. Dentro de esa hecatombe en los músicos nacionales, además de los damnificados, hubo algunos que lograron mantenerse en el tiempo como Chancho en Piedra o Gondwana.

Existieron, además, quienes combinaron de lo más bien la independencia con la exposición temporal de las multinacionales. Entre ellos, Pánico que habían editado su primer EP por su propio sello Combo Discos, al que volverían con rapidez; Fiskales Ad-Hok, quienes crearían C.F.A luego de su paso por BMG; o Cristián Heyne, que estuvo fugazmente en EMI como parte de Christianes y con la segunda edición del disco debut de Shogun.

Nunca he deseado mal a nadie

Dijimos que a principios de los 90s, la generación de músicos pop de la década anterior cuando no hibernaba, se debatía entre el sabotaje de los medios o el auto infringido (el mismísimo Jorge González, quien abortaría la promoción de su disco solista, registrando luego el oscuro El futuro se fue). Aun así, serían unos sobrevivientes del “rock latino”, quienes armarían por aquellos años, el grupo de rock con mayor proyección internacional de nuestra historia.

Provenientes de La Banda del Pequeño Vicio, Paraíso Perdido, Aparato Raro y de Pancho Puelma y Los Socios; La Ley apostaba fuerte (cuidado en la imagen, producción con estándares internacionales) en un contexto de absoluto desinterés por parte de los medios. Luego de la llegada de Beto Cuevas y un primer disco descatalogado por problemas con el sello Fusión, sería sólo la exposición fortuita del cover de “Angie” de The Rolling Stones en un programa de tv, lo que permitiría la firma de un contrato con Polygram para editar Doble opuesto en 1991.

Al mismo tiempo, un trío de Concepción, aumentado a cuarteto en su vida en Santiago, sacaban por el siempre empeñoso sello Alerce, un magnífico disco debut homónimo (Los Tres, de 1991) que a pesar de su potencial tenía escasas posibilidades de difusión. Hasta que llegaron los nuevos medios y ocuparon la estrategia más vieja y eficaz de la historia: la confrontación.

Se llame Beatles vs Stones, Colo-Colo vs U de Chile, Blur vs Oasis o Mostaza vs ketchup; la comparación de los supuestos polos siempre es productiva. Y, en eso bien cabían la estética pulida y mirando al exterior de La Ley contra el gusto por lo oldie y los localismos de Los Tres. Ahí, donde el grupo de Andrés Bobe hacía un video en una carretera de USA, los penquistas optaban por una superposición de imágenes kitsch (curiosamente, cortesía del hermano de Andrés, Germán). Y cuando Beto Cuevas respondía amable y profesional, Álvaro Henríquez prefería el sarcasmo y el chiste interno. Como el que inauguró su MTV Unplugged registrado en Miami en 1995: a gloria del gran Enrique Maluenda, “qué tal… festival”.

Fue un hito por el aspecto técnico (efectivamente acústico, con todos los instrumentos directos a micrófono) y consolidó la incipiente popularidad en el continente luego de La espada y la pared (Sony, 1995), pero el Unplugged de Los Tres tendría sobre todo relevancia local debido a unas increíbles ventas y a la popularización de un repertorio ninguneado a nivel masivo como el de la cueca chora y el jazz guachaca.

En 1996, mientras las radios chilenas repetían los métodos conductistas de La Naranja Mecánica con “Quién es la que viene allí”, La Ley tenía éxito destacable, pero inferior con los singles de Invisible (Warner, 1995), primer disco luego de la trágica muerte de su líder Andrés Bobe. Situación que contrastaba con el impacto en México y posteriormente en América Latina de ese álbum y que se confirmaría en el subsiguiente Uno (Warner, 2000). Después de ello, el inevitable MTV Unplugged, con un nuevo hit continental llamado “Mentira”, canciones en 3 idiomas y todas las señales de internacionalización (exitosas) posibles.

No es que a Los Tres les fuese mal en el intertanto, pero siempre pareció que le dejaban al público la tarea de conocerlos, entenderlos y quererlos, mientras ellos sólo se dedicaban a hacer música. Ya separados, una prueba de que no estaban tan equivocados vendría del homenaje que Café Tacvba les haría en el EP Vale callampa (Universal, 2002). Por aquella época, en la primera premiación de los MTV Latinos, una súper banda compuesta por los mexicanos junto a Henríquez, Javiera Parra, Érica García y Ely Guerra interpretarían “Olor a gas”. Nada de mal para un admirador de Enrique Maluenda.

*Ir a la primera y segunda parte.

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