Culto
La peligrosa vida en la ruta de los músicos chilenos

La peligrosa vida en la ruta de los músicos chilenos

Choferes sin horas de descanso, pueblos sin capacidad hotelera y falta de seguros de viaje marcan una escena con tres accidentes graves en 2018.

La muerte de Danko Ulloa no sólo golpeó fuerte a Inti-Illimani y a Daniel Muñoz y Los Marujos, los dos grupos en los que trabajaba como road manager. El volcamiento de la van que transportaba al productor junto al staff de Los Marujos, el pasado domingo en el kilómetro 82 de la ruta 5 Sur, impactó a toda la escena y ha sido tema obligado entre los músicos, quienes ven en lo ocurrido una tendencia que preocupa al gremio.

Los cambios que experimentó el negocio musical en los últimos años obligaron a grupos y solistas a ganarse la vida en la ruta. Y aunque hasta ahora los accidentes no habían sido la norma -salvo los de Saiko y Los Bunkers, en 2005 y 2013-, este año ha sido especialmente trágico. Además de Ulloa, en marzo Los Ramblers perdieron a su vocalista, Jorge Rojas y Valentín Fernández, en un accidente tras un recital en Parral. Luego, el 3 de septiembre, el bus que trasladaba a Joe Vasconcellos y sus músicos se volcó en la Región del Biobío, dejando al solista y al chofer del vehículo hospitalizados.

Todo lo anterior ha puesto en alerta a los trabajadores de la música, quienes advierten una serie de complejidades para desarrollar su actividad, la que en muchos casos significa varias horas semanales de viaje expuestos a los peligros de la carretera. “Nos hemos reunido a hablar de esto con bandas cercanas, de diversas generaciones, que le han dado vueltas al asunto porque todos hacemos lo mismo”, cuenta el autor de Mágico, quien tras casi dos meses de rehabilitación decidió rechazar cualquier invitación a tocar que implique traslados nocturnos. “Es la enseñanza que podemos sacar”, dice Vasconcellos, quien sigue en tratamiento sicológico.

Consultados sobre el tema, una idea que se repite entre los músicos es la de la prevención y el autocuidado, enfrentados a una dinámica que muchas veces los obliga a viajar de noche -para ahorrar alojamiento y por agendas apretadas- y en la que no cuentan con cobertura especial. A diferencia de otras actividades, aquí no hay leyes de seguridad social y sus empleadores (productores, casinos, municipalidades) no están obligados a hacerse cargo de estos asuntos.

“Los productores deberían obligatoriamente asegurar a todos con un seguro de viaje cuando sean tramos largos, y no sólo a la banda, también al staff”, reclama “Cote” Foncea, baterista de Lucybell. Según explica, ellos mismos se encargan de velar por su seguridad, “de que los choferes tengan las horas de sueño correspondientes y en las mismas condiciones que la banda. Además, paramos varias veces a comer y a descansar”.

Algo similar comentan desde Illapu, donde también han revaluado su sistema de trabajo. “Estamos inquietos respecto a esto pero creemos que la forma de afrontarlo es teniendo mucho más cuidado con las horas de descanso”, cuenta su voz, Roberto Márquez.

“A raíz de los primeros accidentes que hubo este año, nos pusimos bien exigentes en cuanto al uso de cinturón de seguridad y que vayan dos choferes, pero ahora hay que ir más allá y hemos hablado de la posibilidad de que vaya un copiloto siempre despierto”, complementa Claudio Parra, de Los Jaivas, conjunto que se autoimpuso otra condición: “A partir de los 500 kilómetros [de distancia] viajamos en avión”, cuenta. Además, tienen una modalidad: si son tramos cortos, pero de noche, someten a una votación interna la opción de quedarse en un hotel o trasladarse.

Ahí Vasconcellos aporta un matiz: pasar la noche en cada ciudad no es una alternativa siempre viable. “Hay localidades donde llegas con 22 personas y no hay capacidad hotelera, por eso el bus es nuestra casa”. El solista Augusto Schuster cuenta que ha adoptado su propia estrategia: contratar a varios choferes para que puedan alternar sus períodos de descanso.

Los vuelos son un tema aparte. Si bien es el modo de viaje más seguro, el valor de los pasajes muchas veces lo vuelve impracticable y, salvo algunos casinos, son pocos los productores que costean viajes por aire. Además, algunas aerolíneas cobran una tasa extra por el traslado de instrumentos y equipos, “o llegan y los tiran como si fuera cualquier equipaje”, alega Foncea.

Ante este panorama, en la música no solo hay preocupación sino ganas de organizarse. Por de pronto, una incipiente asociación local de mánagers se ha reunido en cinco oportunidades para tratar esta temática, con el objetivo a mediano plazo de exponerlas ante los ministerios del trabajo y las culturas.

“No creo que exista un tema de maldad de parte de los productores, creo que hay una precariedad grande y general del mercado del entretenimiento. Viajar en avión es una tortura, porque las aerolíneas no tienen consideración con el hecho de que se trate de instrumentos musicales”, cierra Jorge Coulon de Inti-Illimani.