Culto
Crónica de un festival mexicano que no funcionó

Crónica de un festival mexicano que no funcionó

Cancelaciones sobre la hora y caminos imposibles por el lodo. El Force Fest se llenó de problemas que no supo resolver. System of a down intentó ser el salvador.

Son las 14.06 del sábado 6 de octubre y el bus que trasladará personas hasta Teotihuacán dispuesto para las 14 ya se ha ido. Perder el bus por la impuntualidad luce prometedor: hace pensar lo ordenado que será la organización del Force Fest, festival rockero nacido en Ciudad de México en 2012, que en esta ocasión anunció uno los carteles más contundente del género en lo que va de año. Slayer, Alice in Chains, Stone Temple Pilots, System of a down y Rob Zombie encabezaban la lista. Luego, aquella puntualidad terminaría siendo una anécdota. Las máquinas van saliendo cada una hora desde distintos puntos de Ciudad de México. Pese a que el servicio era pagado y requería tener un ticket, pareciera no importar y bastaba con hacer una fila. Con una polera negra y cabellera larga era suficiente para subir al bus.

En poco más de una hora se podía llegar desde la capital azteca hasta el lugar, ubicado a unos 45 kilómetros de Ciudad de México y que cerca cobija una de las zonas arqueológicas más importantes del país con sus vetustas pirámides. Una implacable lluvia y granizada se hizo sentir a eso de las 16.00, desordenando la entrada principal: muchos pasan caminando tranquilos sin ser percibidos.

Los más entusiastas se animaron a acampar. Algunos llegan caracterizados. Cómo no, el popular Chavo del 8 es uno de los personajes que se encuentra entre los asistentes. La primera cancelación de la jornada estuvo en manos de los estadounidenses Devil Driver. Una pequeña píldora de lo que sería el día siguiente. P.O.D. salta a escena, reviviendo los mejores tiempos del nu metal. Situación similar con los ingleses de Bush, conjunto que pese a continuar sumando a su catálogo (lanzaron disco en 2017, Black and White Rainbows), pareciera haberse quedado encapsulado en la era post grunge. A esa hora, el suelo se transformó en un pantano imposible de sortear. Avanzar entre escenarios se vuelve una dura tarea. El festival paga el precio de realizarse a campo abierto en pleno otoño mexicano, con una lluvia que no se ha detenido en días. Se adhiere otro problema: el sistema de pago con pulsera colapsó y se tuvo que abrir la cancelación con efectivo.

Luego es el turno de Stone Temple Pilots, grupo que se ha esforzado en mantenerse activos tras la salida y posterior muerte de Scott Weiland, pero que luce como un tributo de ellos mismos. Jeff Gutt, su hoy cantante, se viste y busca bailar como Weiland. Aún así, los clásicos como “Plush” o “Interstate love song” serán siempre bien recibidos. Siguiendo con los sonidos noventeros, Alice in Chains muestra su vigencia y apela a sus éxitos como “No excuses” o “Would?”.

Los escenarios son seis. A esa misma hora, Nofx intenta ser escuchado. Los escenarios se ven enfrentados y opacan el sonido de los californianos, en un error ingenuo. El cierre está a cargo de System of a Down, que repasa sus esquizofrénicos hits en la mejor presentación de todo el festival. “Chop Suey!”, “Toxicity”, “Suite Pee”, son algunas de sus bombas de contundente sonido.

La salida es solo caos, con una nula coordinación para los buses de regreso. El lodazal atrapa los vehículos y deben ser empujados. Algunos caminan por la carretera apostando a la fortuna.


Cancelación tras cancelación

Son las 15 del domingo, jornada dedica al metal, y ya la puntualidad del día anterior se inundó. El bus de las 13 no llegó y el de las 16 no tiene para cuando. Algunos calculan pagar un taxi, que se anima en cobrar 1000 pesos mexicanos (unos 35 mil pesos chilenos). En la espera, un fanático hace de informante. Canceló Rob Zombie, Testament y Exodus, dice tras mirar su celular. Antes lo había hecho Lamb of god, acusando problemas en el contrato. A eso se suma que una coordinadora dice que el transporte de esta jornada “será peor, porque arrendaron menos buses”. Es unánime, el festival va mal. El clima da una tregua. En el lugar, el piso sigue siendo un lodazal, sin que la producción haya realizado algo por ello. Dee Snider, cantante de Twisted Sisters, lidera la tarde con su clásica “Huevos con aceite”, versión latinizada de “We’re not gonna take It”. Las cancelaciones provocan ajustes de horarios. Por ejemplo, Anthrax toma el puesto de Lamb of god. La lluvia vuelve y lo que queda de festival se pone en pausa. Se espera la salida de Danzig, pero aparece sorpresivamente Slayer. Tom Araya y compañía, que se encuentran en el periplo de despedida de los escenarios, intentan salvar el día con “Angel of death” y “Raining blood”. El escenario para el ex Misfits estaba listo, pero el cantante suspendió a última hora. Algunos medios mencionaron un entrevero de él con los hombres de Slayer por tocar primero.

En el bus de regreso, un mexicano resume la organización: “Estamos en pañales aquí”. Al rato, luego de una hora y media en un taco, informan que algunos buses se hundieron en el lodo. Lo mismo que pasó con el ambicioso Force Fest.

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