Culto
La escritura vigilada y colectiva de Pablo Manzi

La escritura vigilada y colectiva de Pablo Manzi

El jueves 29, el actor y dramaturgo recibirá el Premio José Nuez Martín en la UC por Tú amarás.

Aún no se acostumbra a que lo llamen dramaturgo. Le daba y le sigue dando vergüenza escribir, cuenta el actor y director Pablo Manzi (30). Pero, tras su paso por el Club de Teatro de Fernando González, fundó en 2012 el grupo Bonobo junto a otros actores y diseñadores. Solo ahí, dice, en ese espacio de creación y discusión colectivas, su voz, una de las más críticas y aplaudidas del nuevo teatro chileno, halló en la escritura su propio oficio. Uno que, sin embargo, no ha dejado de parecerle difícil. Incluso incómodo.

“Me costó asumir el hecho de que me interesaba escribir. Y no sé si lo hubiese seguido haciendo sin haber estado en un colectivo. Es como si tuviera la escritura asociada a la crítica permanente y a que alguien me diga la contrarrespuesta a lo que estoy planteando todo el tiempo. Para mí, el dramaturgo no es el autor de una obra, lo es el grupo, y eso da espacio para generar diálogos, posiciones políticas y enfrentamientos”, comenta el autor, quien el jueves 29 recibirá en el Auditorio de la Facultad de Letras de la UC el premio José Nuez Martín por Tú amarás.

Estrenada este año en el GAM junto a Bonobo, la obra recrea una convención de médicos sobre ayuda humanitaria, para exponer los mecanismos sicológicos que operan tras la discriminación en democracia.

“Con un lenguaje que oscila entre la ironía y la ternura, Tú amarás escudriña cómo las sociedades contemporáneas construyen la figura del otro, del forastero, del inmigrante, del renegado, en fin, de ese supuesto enemigo que amenaza el orden doméstico”, dice el acta del jurado. Integrado por el decano de la Facultad de Letras, Patricio Lizama; Gonzalo Cortés, de la Fundación Nuez Martín, y los académicos Agustín Letelier, Cristián Opazo y Rosa María Lazo, el grupo acordó otorgarle por unanimidad el premio dotado de 200 UF  ($ 5.490.134) y que distingue, alternadamente, novelas y obras teatrales. Creado en 1994, también lo obtuvieron Juan Radrigán, Marco Antonio de la Parra, Guillermo Calderón, Luis Barrales, Nona Fernández y Manuela Infante, en 2016.

Lector de Emmanuel Carrère, Horacio Castellanos Moya y la dramaturga argentina Griselda Gambaro, Manzi se declara admirador del trabajo de sus pares. Incluso enumera una lista de obras que vio en su paso por la escuela: “Cristo, Simulacro, Neva, HP, Niñas araña… todas fueron muy fuertes y a mí me movieron todo”, recuerda. “El teatro político tiene la posibilidad que no tiene el Parlamento: lleva situaciones al límite, plantea asuntos que pueden estar en los grises y ser complejos, y que no tienen por qué mostrarse como una cuña común de un grupo de diputados o senadores de una misma bancada. Nosotros trabajamos como un parlamento, también, pero la dramaturgia surge desde lo colectivo”, explica.

Contrario a esa tradición del teatro chileno que dio voz a los oprimidos, como hicieron Radrigán y después Barrales, las obras de Manzi y Bonobo -Amansadura (2012) y Donde viven los bárbaros (2015)- ponen sus ojos en los nuevos opresores: “Para que haya un oprimido tienen que haber opresores. Y desde hace un tiempo nos empezó a parecer muy sospechoso que nadie se considere opresor en este mundo aparentemente progre”, afirma. “La experiencia democrática está borroneando quiénes son los opresores y solo está señalando a los oprimidos y los procesos y formas de opresión. Pero nos cuesta mucho reconocer cuando hemos estado ejerciendo la opresión sobre otro. Y cada vez que me veo reproduciendo esos males sociales que aborrezco, y entre más me decepciono de mí mismo, mejor me relaciono con la creación”, concluye.

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