Culto
Lucho Gatica: tan lejos, tan cerca

Lucho Gatica: tan lejos, tan cerca

Desde su fundación en 1994, la Sociedad Chilena del Derecho de Autor reconoce anualmente a un artista chileno que merece considerarse "fundamental" en el desarrollo de la música en Chile. El libro Fundamentales de la Música Chilena (Hueders / SCD), elaborado por los periodistas Íñigo Díaz, Marisol García, Jorge Leiva y David Ponce, reúne a treinta dos de esos nombres, donde destaca el fallecido rey del bolero, Lucho Gatica, en una semblanza que reproducimos a continuación.

No existe nombre en la música popular chilena que haya llegado al mismo tiempo tan lejos en su trayectoria y tan cerca al oído y al sentimiento de millones, en audiencias de todo el mundo. Lucho Gatica (1928-2018) es el intérprete máximo a escala internacional de un género tan definitorio del siglo XX como el bolero. Cumplió la proeza de imponer su estilo vocal, íntimo y sedoso, en México, Cuba, Brasil y España, entre otros lugares. Su recorrido partió en Chile hacia 1950, siguió en México desde 1955 y se proyectó hacia al mundo y a la posteridad. Más que una carrera musical, es una historia extraordinaria.


La radio XEW comenzó sus transmisiones en 1930: la llamaban “la radio de la voz de América Latina”. Desde México la estación expandió hacia el continente voces y programas de figuras tan célebres de la música de ese país como Agustín Lara y Alfonso Ortiz Tirado. Era la estación que escuchaba, al otro lado del mundo, un joven de nombre Luis Gatica Silva, nacido en Chile, en la ciudad de Rancagua. No faltaba esplendor propio en la radiotelefonía local de la época, con emisoras poderosas como radio Del Pacífico, Cooperativa Vitalicia, Minería, Agricultura, Corporación y más. Pero ese joven rancagüino escuchaba literalmente más allá, con el oído puesto en el sueño de cantar en una radio internacional las canciones con las que haría historia: los boleros.

Entonces no le decían Lucho, sino Pitico, su nombre en una familia de ocho hermanos. Pitico era el más chico, venido al mundo en 1928. Entre los mayores, Arturo iba a ser el primero en triunfar como cantante popular. Nacido en 1921, Arturo Gatica actuó entre 1936 y 1938 en radios de Rancagua y Santiago, y fue el primer y generoso apoderado de la carrera del menor de la familia.

A instancias de Arturo, quien recomendó a su hermano con el animador radial Raúl Matas, un Lucho veinteañero debutó en 1950 en la radio Minería. En el programa La feria de los deseos interpretó la canción “Tú dónde estás”, de los mexicanos Gabriel Ruiz y Ricardo López, título que una semana después iba a defender en el mismo show otra joven promesa: Antonio Prieto. Lucho debutó en esa época en el escenario de El Violín Gitano de Santiago, y pronto grabó su primer disco para el sello Victor, con cuatro tonadas, entre ellas “Tú que vas vendiendo flores” y “El martirio”, popularizada por Los Cuatro Huasos. Fue una grabación iniciática y a dúo con Arturo. El camino como solista de Lucho Gatica estaba por venir.


La intimidad de la voz

La trilogía de astros internacionales del bolero vigente en la década del 40 estaba formada por los mexicanos Pedro Vargas, Juan Arvizu y Alfonso Ortiz Tirado, y los tres habían visitado Chile: Ortiz en 1934, Vargas en 1937 y Arvizu en 1945, este último para grabar una versión del bolero “Nosotros” junto a la cantante nacional Ester Soré.

Como consigna el musicólogo Juan Pablo González en el capítulo “Lucho Gatica: bolero desde el sur”, citado en el libro El rey Lucho cantaba boleros, 2013, de Pablo Márquez, esos astros mexicanos se sumaban a boleristas argentinos como Leo Marini y Mario Clavell, todos exponentes de un género musical iniciado en Cuba e industrializado en México, que se iba a consolidar en el resto del continente durante la década de 1950.

Lucho Gatica era menor que esos adelantados y los escuchaba con atención, junto a muchos otros, como recordaría décadas más tarde, en 1997, en una entrevista con el diario El Mercurio.

Fue por intuición, porque me gustaban. Siempre escuché a Leo Marini, Pedro Vargas, Hugo Romani… Entonces me puse a elegir canciones que podían llegar a ser un éxito. Recuerdo que vino a Chile el Trío Martino y traían unos boleros maravillosos, entre ellos “Contigo en la distancia”, “Nosotros”. También estuvieron Los Tres Diamantes, que cantaban como los dioses.

El joven Gatica estaba llamado a algo más significativo que seguir a esos referentes: él iba a innovar en el estilo de la interpretación del bolero. Estuvo en el momento histórico apropiado, se benefició de los adelantos técnicos en los micrófonos de la época, herramienta que le permitió acercar su voz con intimidad, y por lo tanto diferenciarse de la actuación más estentórea y lírica de predecesores como Ortiz Tirado. En ese giro fue determinante para él haber conocido en 1949 en Santiago a la cantante cubana Olga Guillot, de ese estilo. La canción como diálogo, la interpretación como proximidad, iban a ser los sellos de Gatica.


Ídolo en Brasil y en México

El joven cantante chileno hizo sus primeras grabaciones con las orquestas de Jackie Kohan y Don Roy en 1952 y 1953, y con la del argentino Víctor Lister en 1953, según reconstituye González en el registro discográfico de Bolero desde el sur. En 1953 ya estaba de gira por Colombia, Estados Unidos, España e Inglaterra, donde conoció al director orquestal escocés Roberto Inglez, determinante en sus inicios.

En ese viaje grabó con Inglez las canciones “Las muchachas de la Plaza España” y “Bésame mucho” (de Consuelo Velásquez), la misma que aprendieron los Beatles años más tarde. Tras su regreso a Chile junto a Inglez, quien se estableció en el país, se unió con el trío Los Peregrinos, liderados por el boliviano y también cantante Raúl Shaw Moreno. Con ellos había actuado en radio Minería pocos años antes.

Ese año Lucho Gatica debutó en el flamante formato disquero extended play o EP con los éxitos “Contigo en la distancia” (1953), de César Portillo de la Luz, y “Sinceridad” (1954), de Rafael Pérez, grabadas junto a Los Peregrinos; en la segunda canción, con el valioso refuerzo del trío de guitarras del músico chileno Humberto Campos. En 1954 emprendió nuevos viajes con Roberto Inglez a Argentina y también a Perú, donde se encontró con el músico chileno Vicente Bianchi y con cuya orquesta grabó una canción del propio Bianchi, “No te vayas, amor” (1954).

Era las antesala de sus triunfos resonantes en Brasil, Cuba y México, en ese orden, como recordó en una entrevista de 2007: «Antes de irme a México triunfé primero en Brasil», precisaba. «En el año 55, yo ya era ídolo en Brasil».

La temporada 1955 es fundamental en su carrera, cuando llegó a instalarse a México tras un recorrido por otros países del continente. «De Cuba me fui a República Dominicana a cantar mientras llegaba la visa. Estuve allá como dos semanas», recordaba en 2007, además de referir su encuentro en República Dominicana con el célebre cantante cubano Bola de Nieve, quien le dio a conocer una canción destinada a ser éxito en la voz de Gatica: “No me platiques más”.

El Hotel Regis en la capital mexicana y su boite Capri fueron respectivamente el primer hogar y escenario de Lucho Gatica en México. Apenas un mes después comenzaría sus grabaciones, con títulos como “Sufre más”, de José Antonio Méndez, y “Novia mía”; sus primeros éxitos “Historia de un amor” (1955), de Carlos Almarán, y la citada “No me platiques más” (1955), de Vicente Garrido, que lo llevaría también a su debut en el cine ese año, con un rol secundario en la película del mismo nombre. El nombre del músico José Sabre Marroquín, impreso en los créditos de esos y otros futuros discos como el director de orquesta de tales grabaciones, iba a tener una importancia adicional, como recuerda el propio cantante.

«Cuando llegué a México la persona que estuvo interesada y de hecho me representó a mí era el maestro Sabre Marroquín. Y él fue el que me llevó al programa de televisión más importante de México, que era “Revista musical Nescafé”. Y él dirigía la orquesta. Y él era mi manager. Ya había una cierta familiaridad».

Al llegar el cantante continuó su contrato con el sello Odeon, y luego se cambió al mexicano Musart, donde grabó discos como Recuerdos de amor junto a Los Tres Caballeros y con repertorio de bolero tradicional, o un álbum con el director de orquesta argentino Miguel Caló. Sus próximos éxitos fueron “Tú me acostumbraste”, de Frank Domínguez, y “La barca”, de Roberto Cantoral, grabados con Los Cuatro Soles, o “Hasta siempre” (1956), bolero del cantante y compositor argentino Mario Clavell, con arreglos del maestro José Sabre Marroquín.

A mí nadie me imponía el repertorio, yo lo elegía. Algunas canciones me sugirieron. Pero “El reloj” y “La barca” las encontré yo (…), manejando para Acapulco, con mi madre, mi hermana. Y pongo la radio y salen Los Tres Caballeros cantando Reloj, no marques las horas, y de atrás Dicen que la distancia es el olvido (…). Quedo en la noche de juntarme con el maestro Sabre, él oye las dos canciones y me dice “¿Sabes qué? ‘El reloj’ me gusta. ‘La barca’ es muy corriente”. Así. Dije: “Mire, esas son las que me gustan a mí: las corrientes –dice Gatica en un susurro–. Porque llegan a un público directo, al público del pueblo. Hoy mi playa se viste de amargura / Porque mi barca tiene que partir. ¡Nunca se ha dicho esa frase, maestro!”.

«Y entran esas dos canciones con un éxito tan grande en Centroamérica, Cuba, Puerto Rico, en todos lados», agregaba Gatica, en 2007, junto con recordar una presentación de la misma época en el Teatro Blanquita en La Habana. «Lo mismo que España. Yo no puedo actuar en España si no canto “El reloj” y “La barca”. Si no canto esas dos canciones no canté. Las tengo que cantar de todas maneras».


Inolvidables con Lucho

Su agenda de viajes se intensificó también tras radicarse en México. En 1956 se presentó en escenarios de Venezuela, Puerto Rico, Guatemala y El Salvador, entre otros destinos. Y 1957 fue el año de su célebre regreso a Cuba, invitado por el presentador de televisión Gaspar Pumarejo a actuar en el estadio El Cerro de La Habana, ante unas treinta mil persona. «Nunca se olvidaron los cubanos», dijo. «Todavía no se olvidan».

Del mismo viaje a Cuba en 1957 data la conexión de Gatica con Estados Unidos para grabar con el director de orquesta Nelson Riddle, frecuente director de registros para Frank Sinatra. En ese viaje el cantante chileno conoció a Elvis Presley, quien entonces estaba filmando la película Jailhouse Rock (1957), en un encuentro inmortalizado por una de las célebres instantáneas del álbum fotográfico de Gatica.

La presencia de este cantante de nombre Lucho en mercado estadounidense quedó registrada en discos como Southamerican songs, Lucho en México y El gran Gatica! entre otros. Su discografía seguía sin pausa: grabó “Espérame en el cielo” (1957), de Francisco López Vidal, junto a la orquesta de Vicente Bianchi; flamantes discos long play, un formato que recién irrumpía, con títulos como Encadenados (1957), que incluye el bolero de igual título de Carlos Briz.

Otro estreno destacado de esos días fue el homenaje que el cantante chileno rindió a compositores mexicanos como Agustín Lara, Consuelo Velásquez, Alberto Domínguez, Tata Nacho, Mario Talavera o Gabriel Ruiz: el LP se llama Inolvidables con Lucho.

Si a usted le digo yo lo que ese disco significó para mí en Brasi usted no lo puede creer (…). Pasó un año y medio, ya era el 57, y llega ese disco a Brasil. Y recibo la noticia de que es el mejor disco extranjero del año. Unánime por todos los grandes gerentes de radio, del disco. Y a raíz de todo eso la mayoría de los grandes intérpretes brasileños que hay ahora, Caetano Veloso, María Bethania, Gilberto Gil, Antonio Carlos Jobim, que en paz descanse, un gran amigo también –grabé con él cuando nadie lo conocía–, todos, músicos, me admiran por ese disco. Un día estaba yo aquí en la SCD y me lo contó Santiago Schuster (director de la SCD entre 1987 y 2004): “Les preguntamos nosotros qué significa Chile para ustedes, los brasileños. Lucho Gatica, respondieron”.

El siguiente LP tenía raigambre mexicana y título orientado a audiencia angloparlante: Lara by Lucho (1960), colección de interpretaciones sobre el cancionero del compositor Agustín Lara. Y en el mismo año, rápidamente, debutaba en España. En ese país, además de reencontrarse con gente como el animador de radio chileno Bobby Deglané, entró al mercado disquero con canciones como “La montaña” (1960), de Augusto Algueró, y “Moliendo café” (1961), de Hugo Blanco, sin descuidar por ello su espacio mexicano ya ganado. Prueba de tal continuidad es otro de su discos, Lucho en la intimidad, para cuya carátula se dejó retratar en su hogar y con su esposa Mapyta Cortés. Si en Inolvidables con Lucho o en Lara by Lucho se había encomendado a repertorios de autores y compositores probados, ahora era el turno de otros nuevos, como Álvaro Carrillo y Roberto Cantoral.

La primera canción de Álvaro (Carrillo) la grabé yo. Y después vino “Sabor a mí”, que la vine a grabar de Barcelona. El maestro Sabre (Marroquín) me dice: “Tiene que venir a grabar la canción más importante de Álvaro”. Le digo: “Maestro, yo no puedo, tengo un contrato aquí, tenemos el teatro lleno, con una comediante catalana. Para empezar no me van a dar permiso. A ver, dígame algo de la letra”. En ese aspecto también he tenido mucha suerte, no sé si alguna intuición especial, un don que Dios me ha dado. “Sí, cómo no”, me dice el maestro: “Pasarán más de mil años, muchos más / Yo no sé si tenga amor la eternidad, pero allá tal como aquí / en la boca llevarás / sabor a mí”. Entonces pedí permiso por dos días. Cuando llegué ya estaba el arreglo listo, ya sabía el maestro el tono en que yo cantaba, y me aprendí la canción en el estudio. Y al otro día me fui.


Fama imparable

La nueva década iba a traer una gama de emancipaciones políticas, sociales y culturales al mundo, y la música popular no iba a quedar al margen de esos cambios, con la consolidación del rock como expresión a escala internacional, la aparición de la canción italiana como nueva fuente de éxitos y el surgimiento de escenas locales como la Nueva Ola en Chile, entre otros.

Lucho Gatica siguió siendo un nombre relevante y vigente. Continuó grabando discos, y con éxito: la estimación de la revista chilena Ecran en 1966 llegaba a la considerable cifra de 22 millones de copias vendidas. Tampoco perdió de vista la emergencia de nuevos autores y compositores: en 1960 estaba grabando la canción “Voy a apagar la luz”, de un joven creador y pianista mexicano llamado Armando Manzanero. Y siguió cosechando en directo los frutos de una celebridad internacional sin parangón en la historia de la música chilena. Gatica recuerda, por ejemplo, una visita a Filipinas en 1962:

Esto fue cuando tenía yo a mi hijo Luis, el único hijo que tenía con Mapyta. Me fui con ella y llegamos allá a Manila. Y cuando veo la cantidad de gente abajo, periodistas, fotógrafos, “¿a quién vendrán a esperar?” Y era a mí. Y en un lugar, ¿sabe de cuánta gente? Cuarenta mil personas. Araneta Coliseum. Era un lugar donde hacían box, básquetbol, presentaban artistas. Nat King Cole estuvo. Pat Boone estuvo. Muchos artistas estuvieron. Me quedé allá dos semanas. Hice dos conciertos. Ochenta mil personas.

El status reservado a Lucho Gatica desde entonces es el de un astro cercano a la leyenda. De México pasó a residir en Estados Unidos. Figuró en megaproducciones musicales como “Cantaré, cantarás” (1985), grabación a beneficio de la Unicef con Julio Iglesias, José Luis Rodríguez, José Feliciano y otros. Sustentó con su catálogo el furor nostálgico capitalizado desde los años 90 por Luis Miguel y sus discos de boleros superventas, y desde la misma década recibió el reconocimiento de gente como Celia Cruz, Olga Guillot, Los Panchos, Julio Iglesias, Luis Miguel y Juan Gabriel.

Varias veces visitó Chile, con actuaciones en el Festival de Viña de 1992, 1996 y 2002, ocasión en la que recibió un homenaje compartido junto a Antonio Prieto. También en 2002 recibió la Orden al Mérito Docente y Cultural Gabriela Mistral en el grado de Gran Oficial, otorgada por el gobierno de Chile, sumada más tarde a la igualmente gubernamental Orden al Mérito Artístico y Cultural Pablo Neruda en 2012, y al reconocimiento de Figura Fundamental de la Música Chilena otorgada por la SCD en 2006.

Gatica, alguna vez llamado Pitico y hoy el más popular de los nombres de la música popular chilena en el mundo entero, no olvida hasta hoy el sueño que sigue como punto de partida de su historia extraordinaria. La historia de un muchacho que una vez soñó con estar en la radio. Es sus palabras:

Yo nunca me pude imaginar en el mismo estudio, que se llamaba estudio de Agustín Lara y era uno de los cuatro estudios de la XEW: “La radio de la voz de América Latina”, se llamaba. Ahí debuté yo. Un muchacho que había soñado toda mi vida con llegar a ser algo dentro de la música popular, y verme en una radio que escuchaba desde Chile, la XEW. Incluso se lo dije a un locutor, Nacho Santibáñez se llamaba, y que ya falleció. Le digo: “Nacho, te imaginas tú, te escuchaba yo en mi país, Chile, y decías Carta Blanca presenta la orquesta del maestro Chucho Sarzosa con los intérpretes Elvira Ríos, Alejandro Algara… y así”. Y ahora resulta que estoy yo aquí. Es que no lo puedo creer.

Sobre el autor:

Alejandro Jofré |
Editor de Culto. En Twitter es @rebobinars