Culto
Federico Jeanmaire y su novela con lenguaje inclusivo: “Construir un montón de plurales con ‘a’ no tendría ningún costo para la lengua”

Federico Jeanmaire y su novela con lenguaje inclusivo: “Construir un montón de plurales con ‘a’ no tendría ningún costo para la lengua”

Si hace un tiempo para conseguir un lenguaje más neutro o inclusivo —menos machista y patriarcal— se proponía la terminación "x" y ahora la "e", en La creación de Eva, Jeanmaire propone la "a" y la anulación de cualquier neutro. Y es que para él, todas las lenguas históricamente han evolucionado hacia la simplificación, y el gran problema que tiene la "e" es que en pos de hacerlo inclusivo lo complejiza y le quita la arbitrariedad a la lengua.

Federico Jeanmaire (1957) es un escritor argentino, que ha obtenido diversos premios: Clarín de Novela, Emecé y finalista del Herralde. Empezó a publicar a mediados de los 80 y desde ahí no ha parado. Ahora acaba de publicar La creación de Eva (Tusquets), en el que aborda dos temas: el lenguaje y una nueva gramática y la identidad sexual. No es nueva su preocupación por los avatares de la lengua, pero en esta novela problematiza el lenguaje inclusivo, quizá por primera vez en la narrativa argentina y por cierto en la latinoamericana, y es que La creación de Eva trata de una trans (Maruja) que se va a confesar con un sacerdote y en ese relato —la primera parte son casi noventa páginas— surge otra gramática: las palabras que terminan en “o” la narradora-protagonista las hace terminar en “a”. Por ejemplo en vez de hablar de Dios habla de Días, sólo hay dos palabras que no las cambia, una de ella es el “yo”, porque de lo contrario iba a ser una novela un tanto complicada de leer.

A la vez Jeanmaire reescribe algunos pasajes de la Biblia, especialmente cuando Días crea a la mujer: “Días se da cuenta de que el hombre está muy sola. La dice así, textual: No es buena que el hombre esté sola. Y pasa la que pasa. Pasa que opera a Adán”. Es decir que Días habría hecho la primera operación de cambio de sexo con Adán y desde ese momento todas las mujeres serían trans. Evidentemente en esta parte la novela se vuelve delirante, pero no gira por completo hacia la parodia, como él mismo autor explica, porque esa no era su intención.

Si hace un tiempo para conseguir un lenguaje más neutro o inclusivo —menos machista y patriarcal— se proponía la terminación “x” y ahora la “e”, Jeanmaire propone la “a” y la anulación de cualquier neutro. Y es que para él, todas las lenguas históricamente han evolucionado hacia la simplificación, y el gran problema que tiene la “e” es que en pos de hacerlo inclusivo lo complejiza y le quita la arbitrariedad a la lengua.


-¿Cómo nació La creación de Eva?

-En marzo del 2016 fui a España a presentar otra novela mía (Tacos altos) y cuando estaba con una pareja de amigos en una casa en la montaña cerca me dicen que tienen que volver porque habían quedado con una amiga que me quería conocer. En el viaje de vuelta la mujer, a quien yo conocía de cuando había vivido allá, me repetía insistentemente que me portara bien, que no dijera nada inapropiado. Me explicó que ella, su amiga, se había operado, que antes era él, pero que ahora se llamaba Elena.

La fuimos a esperar a una plaza y llegó en un auto super deportivo, tremendo, y se baja. De lejos yo veo a un tipo que viene, y ella me dice: “Ahí viene Elena”. Ahí entendí todas las recomendaciones que me había hecho, y bueno después me hice bastante amigo de Elena, que es la CEO de Yves Saint Laurent en España, lo fue siendo varón y lo sigue siendo hoy. La operación se la debe haber hecho hace unos cuatro años, cuando tenía cincuenta: sigue viviendo con la que era su mujer y, bueno cuando fuimos haciéndonos amigos, en un momento le digo: Así no vas a enganchar a nadie. Porque vos la veías y era un varoncito, gordito, un poco pelado y no usaba ropa de mujer. Y él me dijo algo que creo me decidió a escribir la novela: “Yo no quiero enganchar a nadie, sólo quería ser mujer”. Entonces me contó que tuvo una operación muy complicada y estuvo un año con uno de los labios de la vagina hinchado y no se podía poner ropa, por eso no se quiso someter a ninguna operación más. Y eso que me dijo me pareció que tenía mucho más que ver con el ser y no como una cuestión de utilidad. Y otra de las cosas que hablé con él, y por eso la novela es así, es que me dijo que algo tan difícil como la operación fue aprender a hablar como mujer.

-Hay un antecedente en la literatura argentina, pero no es un trans ni tampoco está esto del lenguaje inclusivo. Se trata de La transformación de Rosendo, de Ricardo Strafface, donde un habitué de un bar recibe un dinero y como se aburre teniendo plata, un día le propone al mozo, a Rosendo, ponerse tetas, y él, para su sorpresa, acepta y se pone tetas. Luego se pone culo y así… Lo interesante es que al mozo no le cambia la identidad por tener tetas y culo.

-Exactamente. Pero yo no quería hacer una novela paródica; esta es una novela muy divertida leyéndola, pero al mismo tiempo muy dramática, muy seria, y mi idea era construir una novela conceptual, de hecho tengo un par referidas a temas, en las cuales pongo una pregunta que tengo del mundo o algo que me llama la atención o me importa de ese mundo y trato de poner conceptos en acción, de decir: Bueno, ahora tengo que juntar a una trans con un cura, que son como antitéticos y ver lo que ocurre. Entonces yo me dejo llevar por ese encuentro, pero no era mi intención hacer nada paródico ni divertido, aunque la novela lo sea. Lo que sucede es cuando vos juntas dos mundos tan distantes, lo divertido es expresar esa diferencia. Es imposible que no haya humor en un encuentro así.

-Hay dos cosas que son serias y que están presentes en esta novela: la identidad sexual y el lenguaje inclusivo. ¿Estas cosas las pensaste mucho o fueron saliendo de ese encuentro?

-Las pensé, porque tengo muchas novelas en las cuales la lengua tiene un lugar fundamental, muchas veces he hecho algunas trasformaciones de lengua que provocan cierta cuestión. Por ejemplo, una novela en la que se respeta todo el contexto real, pero los personajes hablan como hablaban mis abuelos, que se trataban de usted, y eso produce una novela fantástica a nivel de lengua solamente. Tacos altos se trata de una china que escribe en español y entonces gramaticalmente es un español-chino, además está en presente y pasan cosas pero no sabe en qué momento está pasando cada cosa.

“Cuando estuve en Barcelona para presentar Tacos altos me junté con un grupo que se reunía todos los miércoles para hablar con lenguaje inclusivo, y fuimos a comer un par de veces y durante la cena nos divertíamos hablando con cada vocal. Y a mí me interesa mucho el movimiento político que hay detrás de la inclusión, obviamente me parece que es algo necesario, que está bueno, pero a nivel lingüístico me parece que es una batalla tremendamente difícil, sino imposible, porque instalar un neutro en una lengua que no lo tiene es una tarea que llevaría generaciones de escolarización…”

-El planteamiento de La creación de Eva es ir un poco más allá del lenguaje inclusivo e ir por todo, por la “a”.

-Yo llegué a esta conclusión: políticamente un cambio en la lengua sería fantástico, sobre todo para lo que pasó en Brasil y Bolsonaro. Pero la instalación del neutro es muy difícil, porque no hay ninguna lengua que haya dado un paso hacia la dificultad; al contrario, las lenguas, cuando evolucionan o introducen cambios, tienden hacia la facilidad e incluso hacia la expansión. El inglés es muy fácil como lengua, se ha modernizado muchísimo, no tiene género, no tiene un montón de cosas que la hace muy fácil de aprender. También el chino es muy fácil como lengua. La instalación de un neutro sería para nosotros, en cambio, instalar gramaticalmente muchísimas cosas, porque no es solamente decir “les amigues”; cuando vos metés un artículo tenés que cambiar otros, tenés que cambiar pronombres, cambiar toda una gramática y además sería una gramática no-arbitraria, lo cual para una lengua es una gran contradicción porque las lenguas son arbitrarias.

-Dentro de esa arbitrariedad y para la Real Academia Española (RAE), el “los” es neutro, tan neutro como “les”.

-Exactamente. Justo ahora vengo llegando de Alemania de presentar una novela y cada vez que voy me interesa conocer un poco la lengua. Bueno, pero esa lengua, la alemana, tiene un neutro arbitrario: el “das”, y ellos dicen “das kind” para referirse a una niña o un niño, pero no es que lo hayan pensado para que no hayan diferencias sexuales, porque el “das” es utilizado para muchísimas cosas que no tienen una cuestión política detrás, es simplemente naciste ahí y hay palabras que son neutras y hay otras que no lo son. Entonces a mí como gesto político me encanta esto del lenguaje inclusivo, pero ahora para provocar un cambio en la lengua hay que trabajar mucho, puede ser que queden algunas palabras con “e”. De hecho cuando Cristina Kirchner empezó a usar la palabra Presidenta, al principio fue todo un escándalo, había gente que no le gustaba nada, y hoy lo usa todo el mundo; ella ganó esa pequeña batalla, que era de una palabra que no tenía “o”.

-En Chile eso pasó con la Presidenta Bachelet.

-Ahora una cosa es cambiar la letra final de una palabra y otra cosa es cambiar una gramática. Por ejemplo, en Argentina donde la gente no termina la escuela, donde se lee mucho menos, etcétera, yo pienso que para poder instalar un neutro se necesitarían tres o cuatro generaciones, no menos. Una pelea por el género en la lengua es muy interesante, porque estoy seguro de que algo va a quedar, pero no va a haber la instalación de un neutro. Entonces la cuestión de construir un montón de plurales con “a” no tendría ningún costo para la lengua: si yo cada vez que hay siete personas reunidas de ambos sexos, empiezo a decir “mis amigas” no tengo que cambiar gramaticalmente nada, es sólo una costumbre. Y eso no me parece complicado y me parece que estaría bueno, porque llamaría la atención de esta lengua sobre lo que los varones hemos hecho a lo largo de un montón de años frente a otros grupos humanos.

-Hay un texto de Juan María Gutiérrez, en el que rechaza la invitación a formar parte de la RAE, y en el prólogo de la reedición donde está ese texto se consignaba que el primer país en aceptar esa invitación fue Colombia, y claro eso era parte de una neocolonización a través de la lengua, cosa que Gutiérrez entendió.

-Gutiérrez era rector de la Universidad de Buenos Aires y el intelectual argentino más relevante del siglo XIX. Además la independencia estaba muy cerca y el problema con España seguía estando, y en el caso de Argentina había un menosprecio absoluto hacia España, hubiera preferido tener algo con la Academia Francesa.

-Que con el lenguaje inclusivo es igual de reaccionaria que la RAE.

-Sí, pero es francesa. Y ahí pasa una cosa que hoy con el tema de Internet la discusión del lenguaje inclusivo es global en el idioma español. De hecho todo surgió en España, pero ya hay un montón de países y grupos que están interconectados. Es distinto a la América del siglo XIX; hoy es más fácil plantear cuestiones y que la gente esté comunicada. Y como es un problema político además, es algo que interesa en todas las culturas, por ahí en alguna más que en otra, porque tiene otro grado de cuestionamiento o de conocimiento de la situación. Además si se busca un cambio, este será una solución global para toda la lengua.

La creación de Eva también tiene este otro aspecto de la identidad sexual.

-Cuando pensé la novela, tuve en cuenta a todas esas personas que ya no se reivindican como hombre o como mujer. El hecho de hacer una reivindicación de la “a” por ahí es una cuestión que ya quedó vieja y que la “e” también trabaja toda esa diferencia.

-La “x” para algunos sigue siendo válida.

-No, ya casi no tiene uso, salvo cuando te mandan algún escrito. Pero con la “x” empezó todo, que no se usa, porque en el problema mismo de su pronunciación estaba su fracaso. Y las cuestiones políticas en la lengua y en cualquier otra cosa tienen que tener un horizonte de posibilidad porque de lo contrario no tienen sentido. Yo entiendo que hay una cuestión que excede a lo masculino y lo femenino, ahora las lenguas no son infinitas en sus posibilidades y el tema de la “e” es complicado, porque no implica lo infinito.

-Al llevar al castellano a una anglosificación por lo neutro que tú estás hablando, ¿te parece que se mejora la lengua?

-Pero el inglés tiene una marca machista tremenda: es una lengua mucho más moderna, no tiene género, pero por ejemplo “barco” es la única palabra femenina que tienen los ingleses, es “her ship” o “her boat”, y eso es porque es una isla y porque ellos han armado su imperio a partir de los barcos o embarcaciones, entonces los hombres que iban a dominar el mundo veían al barco como mujer. En español obviamente que digamos “los amigos” es una secuela de machismo y hay otras, como “toro”, que se diferencia de vaca y hay otros animales que no diferencian macho de hembra. Hay marcas de machismo en la lengua, pero incluso en una lengua neutra como el inglés hay ese problema: el hombre es el hombre en todos lados. Lo que pasa es que al ser arbitraria en su construcción, algunas quedan más modernas o menos expuestas al machismo, pero eso no implica que los pueblos que hablan en inglés hayan sido menos machistas. El español no es más machista que el inglés o el alemán.

-El patriarcado es uno solo, ¿eso dices?

-Exactamente. Por ejemplo, una sociedad muy machista como la china no tiene género en su lengua. Las marcas que hay en algunos idiomas son porque provienen del latín, entonces el italiano, el francés y el español tienen femenino y masculino.


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