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Ennio Morricone: “La inspiración no existe”

Ennio Morricone: “La inspiración no existe”

En 2011, antes de su presentación en Santiago, el músico explicó su método creativo a Culto: trabajo duro.

Un gran músico no garantiza una personalidad cálida. No tendría por qué. Ennio Morricone, por ejemplo, no tiene voz de terciopelo al teléfono y a veces se extiende en los gruñidos. Autor de algunas de las más inspiradas bandas sonoras de la historia del cine y nominado cinco veces al Oscar, el maestro es, a sus 82 años, desconfiado y reticente. Irascible y suspicaz.

El compositor suele decir lo que está pensando en el momento y, si eso tiene el tono del desdén, hay que aguantar. Y se le puede excusar al recordar que es un compositor brillante, melodista original e influencia incalculable en lo popular y lo docto.

Recreada por Ramones, Metallica, Mike Patton o la Sinfónica de Londres, la música de este romano es más bien la banda sonora del cine europeo de los 60 y 70, pero también del Hollywood de los 80 y 90. Responsable de más 500 soundtracks, Morricone hizo la música de filmes como La misión, Cinema Paradiso, Los intocables o Sacco y Vanzetti, entre muchos.

Amigo del director Sergio Leone —para el que creó la música de El bueno, el malo y el feo y Érase una vez en América, entre otras—, el compositor nunca quiso aprender inglés y se resistió a la oferta de Hollywood para quedarse en California, con una villa proporcionada por los estudios. Su residencia en Roma resultó ser un imán difícil de neutralizar y prefirió la vieja Europa a Los Ángeles. A cambio, Hollywood nunca le dio un Oscar y sólo hubo una estatuilla honoraria para él en el 2007. Un pobre premio de consuelo para quien, junto a John Williams, es el músico de películas más popular de los últimos 40 años. Aún así, Morricone no conjetura ni cree en conspiraciones contra él. Por el contrario, la consulta le irrita y luego ladra.


-¿Siente que el Oscar le dio la espalda?

-Es que no entiendo ese tipo de preguntas. Es decir, estoy muy contento del Oscar honorario que recibí. Lo prefiero, porque incluye toda mi obra y no es un premio a una sola película. Una estatuilla por un filme puede ser pura suerte. Eso está claro.

En el inicio de la entrevista, que acepta a condición de que sea en italiano y no en inglés, el músico tantea el terreno. Luego pone a prueba. “Parece que usted no habla bien el idioma… Porque si no es así, prefiero dejar esto acá y no hagamos nada”. Luego, tras dos preguntas, baja algo la guardia.

-Hace dos años, tocó en Chile con su propia orquesta, pero ahora dirigirá la Sinfónica de Chile, ¿eso le acomoda?

-Mire, estoy acostumbrado. Yo hago conciertos desde hace tiempo con orquestas distintas. Ahora, hay una diferencia: es la de hacerles entender a los músicos partes que ellos no conocen. Hay que hacer pruebas más atentas, pero al final el resultado siempre es muy bueno.

-¿Por qué es mejor escuchar la música de una película en vivo que en el contexto del filme?

-El contacto con el público es fundamental. Al interpretar en vivo la música demuestra que tiene una expresividad propia y una autonomía técnica. Que tiene vida.

-Ha compuesto más de 500 partituras, ¿trabaja duro o se inspira?

-La inspiración no existe. No se puede hablar de algo que no existe. Sí puedo decirle que hay reflexión. En mi caso, pongo atención, me concentro y busco una idea que justifique el comenzar a escribir.

-Y cómo busca las ideas, ¿asistiendo al rodaje?

-No, jamás. No es necesario. Suelo grabar la música y le llevo la idea al director antes de filmar. A veces puedo escribir la música si el realizador me cuenta la película de manera interesante y persuasiva. O leo el guión. O sólo me basta con la historia, sin los diálogos completos.

-¿Puede una buena banda sonora arreglar una mala película?

-No, seguirá siendo mala. Pero si el filme es bueno, hay retroalimentación: ganan la música y la película. Es un intercambio muy importante. El filme y la banda sonora viven, además, de un componente idéntico: el tiempo. Esta doble característica le da la posibilidad de encontrar un entendimiento expresivo.

-¿De todos los directores con que ha colaborado, con quiénes se ha entendido mejor?

-¿Pero usted cree que yo pueda responder eso? Con todos siempre me sentí bien, si no, no habría trabajado con ellos.

-¿Y no se sintió más unido a Leone, su amigo y compañero de colegio, con el que empezó?

-Bueno, tengo un gran recuerdo de él. Logré algo muy especial. Pero ahora puedo comparar la colaboración con Sergio con la que mantengo con Giuseppe Tornatore (Cinema Paradiso, Malena).

-¿Conversó con Leone sobre el proyecto de película que él tenía acerca del sitio de Leningrado?

-Sí. Hablamos bastante, pero en algún momento sintió que ya no tenía fuerzas para ese proyecto, que era muy agotador. Quizá entendió que nunca lo habría hecho y así fue finalmente.

-Todo el mundo dice que el cine italiano es una sombra de lo que fue, ¿qué opina?

-No, el cine italiano está bien. El problema es el dinero: la televisión le quitó mucho dinero al cine. Alguna vez se hicieron 150 películas al año en Italia, pero ya no. Pareciera una crisis, pero no es así.

-Las melodías de su música son muy populares, ¿que importancia le asigna a la melodía cuando crea?

-En realidad, poca. Más importante es el clima sonoro, la orquestación donde va inserta la melodía.

-¿Qué va a tocar en Chile?

-Serán distintos trozos de composiciones que el público quiere escuchar. La misión es la parte principal, la suite de los textos de Leone es importantísima. Después está Hojas esparcidas, con cinco películas. Hay tres adagios de películas como I Promessi Sposi y Érase una vez en América. En realidad, es una vasta selección de temas. Pero claro, en un concierto que dura dos o tres horas no es posible hacer toda la música que yo he escrito.