Culto
El cuento local (según escritores chilenos y chilenas)

El cuento local (según escritores chilenos y chilenas)

En un año en que abundaron libros de cuentos, once autores y autoras, que este 2018 justamente publicaron un libro de relatos, escogen, a su vez, su cuento chileno favorito de cualquier época.

Patricio Jara, autor de El cielo rojo del norte (Alfaguara)
-Es probable que el ochenta por ciento de los autores chilenos de las últimas dos décadas tenga al menos un buen cuento. Pero me quedo con “Estrella fugaz” de Jaime Collyer. No está entre sus grandes éxitos, y vaya si los tiene, pero desde que lo leí, hace diez años, me vuelve a la memoria cada vez que trato de explicar qué es un cuento. Tiene apenas dos páginas, con seis párrafos y dos líneas de diálogo. Eso le basta para contar, en tercera persona y en presente, el descubrimiento de un astrónomo. El cuento no narra lo que pasó ni lo que pasa, sino lo que pasará.


Marcelo Lillo, autor de De vez en cuando, como todo el mundo (Lumen)
-Mi cuento favorito de todos los cuentos que he leído es “Caballos en la niebla” de Ray Carver. Sé que esto no te sirve, por lo tanto, me disculpo. Y te comento que hace muchísimos años que no leo libros de autores chilenos ni latinoamericanos.


María Paz Rodríguez, autora de Niñas ricas (Alfaguara)
-Mi cuento chileno favorito es “Las islas nuevas” de la María Luisa Bombal; me encanta como logra espejear las emociones y los misterios de Yolanda, la protagonista, con estas islas que aparecen y desaparecen con el agua que sube y que baja en unas lagunas ubicadas en la pampa.


Óscar Barrientos, autor de Paganas Patagonias (Lom Ediciones)
-“El pájaro verde” de Juan Emar, por su capacidad desbocada y delirante de combinar non sense con velocidad narrativa, su humorismo sangriento siempre dispuesto a la audacia y la alucinación. Emar, a mi juicio, es uno de sus autores que mientras ejecuta el ejercicio del cuento, desmonta magistralmente los planos de aquello que vagamente llamamos lo real.


Nicolás Campos Farfán, autor de Te convertirás en un extraño (Los perros románticos)
-Prefiero, más que hablar sobre el supuesto mejor cuento chileno, hablar sobre mi favorito, y en este caso -hoy por lo menos- es “Maldito gato” de Juan Emar. Mis otras opciones eran “El cumpleaños del señor Balande” de Couve y “¿Has visto a un dios morir?” de Geisse, ambos también impresionantes en lo visual. Pero preferí “Maldito gato” porque me da más para pensar. Es un cuento cómico y, a la vez, más serio de lo que aparenta. Quizás a alguno eso se le pueda escapar eso porque, cosa inusual en la literatura chilena, es un texto alegre. Parte como un juego, desarrolla teorías sobre cada cosa que percibe y termina en una suerte de decepción existencial. Dicho así suena simple, pero alcanza un vuelo poético muy intenso, en el que desarrolla una imaginación que es como de presocrático, o sea, que delira, pero a la vez cree que hay una verdad y la busca. Y por eso se puede decir sin exagerar que acá Emar tomó un trozo de paisaje y lo transformó en una cosmogonía. O podemos también considerar a “Maldito gato” como un travelling complejo, o como un mural. Además, plantea su propio proceso de escritura y en algunos momentos se va parodiando a sí mismo. Da para mucho, y es una pena que no sea más influyente.


Bernardita Bravo, autora de Estampida (Cuneta)
-“Gansos”, del libro Hermano ciervo, de Juan Pablo Roncone, es un relato que vuelve a mí cada tanto, con algunas de sus imágenes y esa comedida tensión, con la precisión de lo impreciso, de ese viaje que supone un reencuentro que deriva en lo contrario, pues en ese intencional y forzado no encuentro del narrador y su padre, suceden otros más significativos que terminan relevando la estadía en un pueblo que logra impregnarnos su atmósfera cotidiana y rural, donde el sentido no es algo que deba explicitarse, porque el día a día de personas como el del narrador, de Lourdes o de su hijo Juan no es pretencioso ni ansía; simplemente se vive y se respira al alero de animales que los resguardan y alertan.


Elisa Alcalde, autora de No corresponden (Libros de la mujer rota)
-“El secreto del mal”, un cuento cortísimo de Bolaño que está en el libro de cuentos del mismo nombre, que salió luego de muerto su autor. Este cuento en particular me gusta porque en breves dos páginas logra relatar una historia de sobremanera visual, que es una de las tantas cosas que me gusta de Bolaño, su visualidad. Particularmente, en este nos presenta lo que podría ser una escena de película o mejor aún el inicio de una película de cine negro o de lo que muchos años después podría haber sido un capítulo de Bored to death, una serie que dieron hace un tiempo con dos temporadas. Porque además de visual, este cuento tiene un dejo de humor, a pesar de la oscuridad que lo rodea.


Daniel Hidalgo, autor de Fanfiction (Estruendomudo)
-Mi cuento favorito, qué difícil, pero por hoy me quedo con “Los Inválidos” de Baldomero Lillo, creo que es la metáfora más intensa y dolorosa de Chile y de las sociedades modernas. Narrado con una fuerza lírica impresionante, Baldomero nos inserta en la vida del trabajador, particularmente de los mineros -como está la gauchesca en Argentina, un símil local podría ser la minería- y la figura de la utilidad en el trabajo moldeado por el mercado. Es una metáfora en todo sentido, es sobre cómo estos ancianos se ven reflejados en un caballo que ha sido explotado toda su vida y su vejez le ha quitado valor para seguir siendo explotado.


Catalina Infante, autora de Todas somos una misma sombra (Neón ediciones)
-Me cuesta elegir, es difícil casarse solo con un cuento o autor en un país donde hay grandes cuentistas. De los clásicos me gusta mucho el cuento “Las islas nuevas” de María Luisa Bombal. Es un cuento un poco caótico en su narración y eso me encanta, es muy femenino. Me gusta ese halo etéreo y de tormento que tiene Yolanda, su protagonista, y cómo se espejea de forma constante lo femenino con la naturaleza y en contraste con sus personajes masculinos.


Francisco Molina, autor de El amor de los salmones (Libros de la mujer rota)
-De los cuentos contenidos en Diez de Juan Emar, me quedo con “Maldito gato”. Hay una versión digitalizada del libro completo en el sitio Memoria Chilena. En “Maldito gato” el narrador presenta una retrospectiva, donde da cuenta de cómo llegó a un equilibrio estable en su sensibilidad. Esto en la triangulación de su posición respecto a la de un gato y una pulga, al interior de una cueva-embudo. Depende todo de su percepción y es lo que ofrece a la lectura. Es un relato sinestésico, relacional. Pasa de la sensación a la proyección sin que medie el juicio individual. Son mundos composibles en base a intuiciones al voleo. Es delicioso de leer: sonidos que se sienten como flores creciendo en las orejas, literal.


Alberto Fuguet, autor de Cuentos reunidos (Literatura Random House)
-Es el mejor cuento publicado en castellano, durante los 90, es un cuento mexicano inalcanzable, es el mejor cuento de surf en quizás cualquier idioma y, por lo tanto, está muy arriba entre los cuentos chilenos. No creo en competencias: si no es el mejor cuento chileno, está bien arriba, codeándose con “El papá de la Bernardita” de Mauricio Wacquez o “El Charleston” de Donoso o “El ciclista del San Cristóbal” de Skármeta o “El desorden de las familias” de Edwards. Es un cuento tan misterioso como perfecto, tan cercano como distante, tan despojado como emocionalmente cargado y que bien puede ser considerado una obra maestra. Es una road story desde el DF al Pacífico y la más tensa y triste de las vacaciones descritas entre un padre y un hijo. Los dos son chilenos, saben que no volverán, pero también está claro que no son de ahí y que no se tienen realmente. Hay aventuras, mariscos, mezcal, playa; ingresan a sitios tenebrosos como las cantinas de Bajo el volcán, pero es la voz, esa sensación de que un mundo se está acabando lo que te atrapa, embriaga y te deja habitando en ese cuento para siempre. “Últimos atardeceres en la tierra”, de Roberto Bolaño, es pura contención y pura sangre llena de tequila y rencor que logra derramarse; es un cortometraje donde lo que importa es la geografía, el clima intolerable, la acción, y donde no hay voz en off, no todo se explicita, lo que importa –lo que nos deja tristes y confusos– queda fuera de cuadro, no se muestra, es decir, no se escribe. Y una frase que es como un mantra que se repite: “Hay cosas que no se pueden contar”. Bolaño cuenta lo incontable, narra lo inenarrable.

Sobre el autor:

Antonio Díaz Oliva |
Es periodista y escritor. Ha publicado la novela La soga de los muertos, la investigación Piedra Roja: el mito del Woodstock chileno y el volumen de relatos La experiencia formativa. En Twitter es @TheAntonioAdo