Culto
Bonnie Jo Campbell: la vida en el borde

Bonnie Jo Campbell: la vida en el borde

Indicada entre los mejores escritores de rural noir, la autora de Michigan fue finalista del National Book Award con los cuentos de Desguace americano.

Hace un tiempo, el diario británico The Guardian elaboró una lista con los 10 principales escritores del rural noir, término que identifica a aquella clase de narrativa que se adentra en el lado más sombrío de la vida lejos de los centros urbanos, y donde la marginalidad no es sólo un asunto geográfico. La norteamericana Bonnie Jo Campbell (1962) figuró en la nómina y muchos de los argumentos para incluirla estuvieron sustentados en su libro de cuentos American Salvage, aparecido en 2009, y que acaba de llegar a Chile a través de la editorial española Dirty Works como Desguace americano.

Los relatos de Campbell están poblados de personajes que dan pelea al paisaje y al clima, pero también a sus instintos, a sus vicios y, sobre todo, a sus miedos. Abundan los momentos tóxicos, pero también otros llenos coraje y dignidad. Entre todos dibujan con trazo firme la vida de la clase media en Michigan, en el centro de Estados Unidos, donde la autora creció y vive en la actualidad. Aunque podrían estar ambientados en cualquier sitio en que haya mujeres y hombres dispuestos a sobrevivir alejados del mundo.

Desguace americano estuvo entre los finalistas del National Book Award. Los medios destacaron las formas de belleza que la autora es capaz de hallar en historias ancladas en lugares fríos y solitarios que funcionan como una suerte de espejo para el lector. En contraste, hay otros en que el eco de la civilización adquiere una forma abyecta y asoma convertido en fervor religioso destemplado, programas de rehabilitación fallidos o en la paranoia del cambio de siglo. Esto sucede en Mundo de gas, cuento que tiene como personajes a una mujer que lidia con su hijo adolescente y a un transportista que guarda toda clase de provisiones a la espera del Apocalipsis que traerá el año 2000.

“El asunto del milenio era solo una distracción más para que los hombres se abstuvieran de hacer cosas útiles de verdad”, dice la protagonista. “En lugar de montar todo este lío y gastarse tanto dinero, Mack debería contratar a alguien que cuidara de los niños una vez a la semana y sacar a Holly a cenar, o quizá limpiar el terreno alrededor de la casa rodante que, la última vez que lo vio, estaba lleno de cachureos, bidones de aceite lubricante, maderas podridas y motores de automóviles cubiertos con lona. Y ahora que le daba por alistarse para el efecto 2000, Mack se había hecho con un depósito de gasolina de dos mil litros que enterró como un gran mojón amarillo bajo el tendedero de ropa de Holly. Su idea era llenar el depósito de combustible para su camión”.

Aunque estudió filosofía, tiene un master en matemáticas y hace talleres de narrativa en cursos de posgrado, Bonnie Jo Campbell prefiere vivir en su granja junto a su familia, cultivar verduras y criar animales, incluidos dos burros de nombres Jack y Don Quixote. Esta forma de vida es clave para su escritura. De hecho, sus dos novelas y tres libros de cuentos publicados hasta ahora tienen los mismos referentes. “Allí donde las descripciones muestran cómo las formas de trabajo en pueblos pequeños y áreas rurales han cambiado en la era post industrial”, como destacó la revista Belt.

Pero las 14 historias que componen Desguace americano están lejos de ser un conjunto conectado nada más que por el entorno. Hay otra clase de elementos comunes, como los excesos con el alcohol y las drogas, los cuales suelen amplificarse cuando asoman entre la quietud del horizonte. Hay historias de amor de parejas vapuleadas por la escasez, la traición o las promesas incumplidas, y otras en que las diversas formas de abandono configuran el mundo. Así ocurre con La intrusa, el relato que abre el libro. Articulado a partir de los rastros que un grupo de adictos dejó en la casa de campo de una familia, necesita apenas cuatro páginas para ofrecer una historia brutal.

“Una rubia de pelo rizado se marcha, desapercibida, por la puerta trasera, desciende las escaleras y se dirige al río. Hace unos días fue uno de los cuatro intrusos que estuvieron cocinando metanfetamina en la casa, pero cuando el domingo pasado se largaron los tres hombres, con la idea de descansar en sus casas antes de volver al trabajo el lunes, la chica se quedó escondida en un armario empotrado en la habitación de la hija. Los tres hombres no se habían dado cuenta de que esa chica flaca de cara destrozada sólo tenía dieciséis años, ni que se había guardado suficiente meta durante la preparación para seguir metiéndose durante más de una semana”.

Tal como Donald Ray Pollock en las historias de Knockemstiff, Bonnie Jo Campbell da un nuevo matiz al cuento realista norteamericano. Pone en duda lo que hay detrás de conceptos tan iluminadores como progreso y civilización, al tiempo que se hace cargo de aquello que la crítica ha descrito como “los extremos de la existencia americana”.

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