Culto
Somos campeones: todos iguales

Somos campeones: todos iguales

Edulcorada y bastante obvia, Somos campeones no transgrede ninguna regla y su mensaje de quién es más normal y qué es normal, es tan claro que a ratos da vergüenza ajena, lo mismo pasa con su épica de equipo y con sus montajes tipo video-clip en que el grupo se supera y gana y todos son felices.

Somos campeones, la película representante de España para los premios Oscar, es una cuidada mezcla de buenas intenciones, corrección política y corazón bien puesto, que nos relata una historia que bien podría haber caído en el peor de los paternalismos, pero que sortea con éxito aquel escollo.

Marcos (Javier Gutiérrez) es el segundo entrenador de un equipo profesional de básquetbol. Arrebatado y mal educado, después de un accidente de tránsito, es condenado a 3 meses de servicios comunitarios entrenando a un equipo de discapacitados mentales – no subnormales, como discute con su madre, quien apunta que hasta no hace mucho se celebraba con total tranquilidad el día del subnormal en España. Y es que los tiempos cambian, la corrección política se moviliza y Marcos entrará en un mundo que no esperaba ni le interesaba conocer, pero que cuando lo hace le roba el corazón.

No es fácil tratar estos temas, en especial porque es muy sencillo tropezar con la condescendencia. Con un elenco compuesto por actores no profesionales con deficiencia mental, su director Javier Fesser, quien también oficia de guionista, sabe llevar su historia por un camino que colinda con el mal gusto y la corrección política con tintes de historia aleccionadora, emotiva e inclusiva. Sorprendentemente da en el clavo en la mayor parte de su metraje y entrega lo que promete. Toda escena en que el equipo está funcionando como tal, posee un timing de comedia perfecto. Las rápidas conversaciones demuestran inteligencia y gran sentido del humor, llevando el absurdo de los momentos a cotas casi hilarantes. Cada personaje, con su lógica arrebatadora y su propia visión de mundo, entrega momentos divertidísimos y sobrecogedores. Todo cambia cuando Fesser inserta con fórceps la historia del matrimonio de Marcos, los problemas con su mujer y su retrasada maternidad, una narración que cada vez que aparece estanca la narrativa y no tiene absolutamente nada que ver con el corazón de la historia.

Edulcorada y bastante obvia, Somos campeones no transgrede ninguna regla y su mensaje de quién es más normal y qué es normal, es tan claro que a ratos da vergüenza ajena, lo mismo pasa con su épica de equipo y con sus montajes tipo video-clip en que el grupo se supera y gana y todos son felices. Pero son errores menores en una cinta que bien podría haber sido nefasta y que se las arregla para encontrar su dignidad y humor. A veces no sabe bien si se está riendo de ellos o con ellos, pero por cada pifia en su estructura, existen al menos dos buenos momentos que la redimen.

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