Culto
Francesca Zambello: “Callas cantó en 1960, hay que darle paso a los nuevos intérpretes”

Francesca Zambello: “Callas cantó en 1960, hay que darle paso a los nuevos intérpretes”

La directora artística de la Washington National Opera se refiere a la obra de Bellini que se presenta en el Municipal y a la búsqueda de audiencias para la lírica.

Puede que la sombra de la soprano greco-estadounidense Maria Callas (1923-1977) se extienda sobre las cantantes de hoy de la misma manera que los logros de Steve Jobs tienden a empequeñecer cada nuevo invento en el mundo de la tecnología digital. Es difícil superarlos: cada soprano que se atreve con un personaje de Verdi, Puccini o Bellini deberá ser comparada con lo que antes hizo Callas y casi siempre saldrá mal parada. Es una analogía dura, pero es casi imposible dejar de hacerla.

Entre todos los roles que la intérprete representó es probable que los protagónicos de Norma, Tosca y La traviata sean los invencibles. Sin embargo, el primero de ellos casi le pertenece: semiolvidado a fines del siglo XIX y la primera mitad del XX, Callas lo revivió y cantó 89 veces, desde La Fenice de Venecia al Metropolitan de Nueva York.

Hoy, interpretar Norma significa compararse automáticamente con Callas. A Chile vuelve tras 18 años de ausencia en el Teatro Municipal. Estrenada en La Scala de Milán en 1831, la obra cumbre de Vincenzo Bellini es además una de las más difíciles composiciones del estilo belcantista, demandando agilidad, dinámica y control vocal fuera de cualquier comparación.

Ya lo decía la soprano alemana Lilli Lehmann en pleno siglo XIX : “Cantar tres óperas de El anillo de los Nibelungos de Wagner durante una sola noche es menos exigente que hacer Norma de Bellini”.

La trama combina política y amor en la mejor tradición dramática y sigue el destino de una mujer condenada a sacrificarse por su patria. En el año 50 antes de Cristo y durante la ocupación romana de la Galia, la sacerdotisa celta Norma se liga afectivamente al procónsul romano Pollione. Tienen un hijo, pero él le es infiel con la también druida Adalgisa, gatillando los celos y el afán de venganza de Norma.

La régisseur en el teatro Municipal de Norma es la estadounidense Francesca Zambello (1956), actual directora artística de la Washington National Opera, la compañía del Kennedy Center. El conductor del elenco internacional es Konstantin Chudovsky, mientras el local está a cargo de Pedro-Pablo Prudencio. Se presenta hasta el sábado 17 de noviembre y el rol de Norma se lo reparten entre la rusa Irina Churilova y la estadounidense Elizabeth Baldwin.


– ¿De qué manera cambió la manera de abordar esta ópera desde Maria Callas?

– Maria Callas fue una gran artista, pero han existido muchos grandes a través de la historia de la ópera. Hoy, ya no pienso en Maria Callas. Ella cantó el rol en 1960 (lo grabó por segunda vez ese año, pero lo venía interpretando desde 1948). Estoy segura que es tiempo de darle paso y bienvenida a los intérpretes más nuevos. Si sólo nos dedicamos a pensar en cómo los viejos actores hacían Hamlet, no podríamos aprender nada nuevo. En el mundo de hoy, se trata de que los intérpretes sean totalmente creíbles como cantantes y actores. Tenemos dos elencos que responden bastante a mi idea de lo que debe ser un cantante total para este tipo de personajes, extremadamente exigentes. De hecho, creo que estoy un poco cansada de escuchar a la gente decir: “¡Oh, dónde están los grandes cantantes hoy!”

– ¿Cuáles son las principales dificultades de Norma?

– Desde el punto de vista del director de escena, el mayor desafío es darle vida al enemigo. En este caso, son los opresores romanos quienes tienen bajo el yugo a los druidas. Los druidas son en parte un culto y su comportamiento religioso amenaza la lógica y la empírica de los romanos, su forma de pensar. Eso sí, decidimos adaptarlo al siglo XIX, pero con un enfoque muy clásico. Ese es el principal desafío para un director de escena, pero a nivel general la prueba más grande de Norma es para los cantantes.

– ¿Cómo es su aproximación a la obra?

– He decidido tomar un enfoque muy elegante y formal para las escenas grandes, mientras que lo que sucede íntimamente tendrá un look del estilo “detrás del escenario” o, en este caso, “detrás del palacio”. Ahí observas las vidas comunes y corrientes que también pueden tener los líderes. He tratado de dejar muy clara la lucha entre deber y deseo, que por lo demás me parece que está en el centro del movimiento de la Ilustración.

– ¿Como directora de la Opera Nacional de Washington, cómo cree que se puede llevar la ópera a más público?

– Somos una gran compañía, que pertenece a su vez al Kennedy Center de Washington. Estamos comprometidos con los ideales de John F. Kennedy y presentamos una gran variedad de repertorio en nuestros tres teatros diferentes. Nos enfocamos en los clásicos, pero también hacemos obras modernas. Presentamos creaciones de artistas americanos e internacionales. Hemos invertido mucho en un programa para jóvenes músicos, quienes tienen un papel muy importante en toda la temporada. Todo esto tiene eco en nuestro público, que creo haber ayudado a construir desde que llegué (en 2011). Tenemos una audiencia vibrante que sabe apreciar nuestras apuestas.

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