Culto
El último baile de los setenta: cincuenta años de “Last dance” de Donna Summer

El último baile de los setenta: cincuenta años de “Last dance” de Donna Summer

La canción, ganadora de un premio Oscar, se estrenó en 1978, en medio del auge del porno. Es una época que también la serie The Deuce —en HBO— explora.

Un año antes de que Donna Summer cantara “Last Dance”, tema que se convertiría en su tercer top 10, la fiesta, por decirlo de alguna manera, pasaba por su mejor momento. Era 1977 y, como se puede ver en The Deuce, serie de HBO que por estos días finaliza su segunda temporada, mucho sucedía en Nueva York. El punk y el rap germinaban, la prostitución y el porno se mezclaban, la mafia italiana iba en retirada y la población homosexual —justo en los años previos al SIDA— pasaba por un momento acalorado.

“¿Qué pasa con los estándares de esta ciudad?”, pregunta la prostituta devenida en directora de porno Candy (interpretada por Maggie Gyllenhaal). Y Harvey, un también incipiente director de porno, le responde así: “Al parecer, Nueva York no tiene ninguno”.

Si la primera temporada de la serie de David Simon (The Wire) sucede entre 1971 y 1972, la segunda lo hace en 1977. Por razones obvias: ese fue el año en que la música disco ya parecía groseramente ubicua. Nueva York era la ciudad del pecado. Y la música disco puede que su banda sonora ideal: ni muy violenta (como el punk), ni demasiado marginal (como el rap), así como igualmente ultra-bailable, producida, tarareable, sexy y (al igual que el rock en sus inicios) de raíces afro.

En medio de esto, Donna Summer, nacida en 1948 en Boston, alcanzaba la fama. Y puede que a Summer sea asociada con bandas como Chic, The Bee Gees, KC & The Sunshine Band y Kool & The Gang, pero —y con el perdón de Nile Rodgers— hoy el legado de Summer supera la música disco. En parte gracias a I remember yesterday, de 1977 y uno de sus álbumes más famosos por la canción “I feel love”. Este tema, lleno de sintetizadores y sonidos más oscuros que los bronces y cuerdas clásicos de la música disco, sería clave para que Summer sobrepasara los límites de las discotecas. “I feel love” es una canción que cierra I remember yesterday y que podía ser bailada tanto en la legendaria discoteca neoyorquina Studio 54, así como por los fanáticos de Kraftwerk y/o New Order, o incluso por los supuestamente rivales de la música disco: los punks (Blondie la versionó entonces en uno de sus conciertos).

De esa forma, un año más tarde, y ya arriba de la ola de la fama, Summer afrontaba cómo continuar su carrera.

Y la respuesta sería una película.

Una que ya en su título evidencia el zeitgeist, un poco ingenuo, de esos años: Gracias a Dios que es viernes.


Ciencia ficción + música disco

Donna Summer fue mucho más que la música disco: ahí, claro, está la sombra de Giorgo Moroder, productor italiano quien la ayudó a desviarse de lo que podría haber sido una carrera más convencional. Por ejemplo, hasta el lanzamiento de “I feel love”, en la música disco se usaban orquestas. Pero para esta canción Giorgio Moroder creó una pista de acompañamiento completamente electrónica. La idea era mezclar el futuro y la ciencia ficción, con las bolas discos y pistas de baile (¿Daft Punk, alguien?).

Así lo puso Brian Eno, quien le dijo lo siguiente a David Bowie luego de escuchar “I feel love”: “Es el sonido del futuro. Esta canción va a cambiar la música de club durante los próximos quince años”.

“I feel love” sería un éxito total. Y un año más adelante, en 1978, Donna Summer se mantendría en la cima gracias a una película de temática disco Thank god it’s Friday (titulada en Latinoamérica como Gracias a Dios que es viernes). En esta Summer es una aspirante a cantante, Nicole Sims. Gracias a Dios que es viernes es una cinta más bien simplona sobre una noche, una película coral sin demasiado brillo ni corazón en su guión. El papel de Summer es la clásica historia gringa de camino al éxito: Nicole Sims vive con la esperanza de que el DJ le preste atención y le permita cantar en vivo una canción. Y esa canción, claro, es “Last dance”, la cual, de alguna forma, fue la continuación de “I feel love”.

Para esta, el productor Giorgio Moroder buscó innovar por otra parte: comenzó el tema como una balada suave antes de caer en la música disco más pura y bailable. Y por eso funciona: “Last dance” es una canción tan simple como efectiva: su letra no va más allá del deseo de disfrutar lo que queda de la noche. Y de ojalá no irse de la discoteca sin alguien. ¿Acaso eres tú el Señor Correcto?, canta Summer en un momento. Y luego susurra lo siguiente: Oh te necesito para mí/ A mi lado, para guiarme/ Abrazarme, regañarme/ Porque cuando soy mala/ Soy mala de verdad.

“Last dance” fue la primera de una serie de canciones que pasaban de un comienzo suave a un tempo bailable (otras conocidas: “MacArthur park” y “Dim all the light”). Se convirtió en el tercer top 10 de éxitos de Donna Summer y ganó el Oscar a la mejor canción, por Gracias a Dios que es viernes.

“Summer no hizo mucho cine”, apunta Alberto Fuguet en su obituario a Donna Summer, quien murió en 2012, “pero a diferencia de, por ejemplo, Whitney Houston, que hizo un par de atrocidades, sí marcó una época no sólo en la moda y en lo pop, sino que se volvió un sinónimo de un estilo de vida y, lo que quizás es más impresionante, su música potenció una serie de películas tanto de los ’70 como posteriores”.


Pulsiones musicales

The Deuce es claramente un efecto de esto: porque si la música disco contiene pulsiones eróticas musicales, el porno significó el siguiente paso: llevar esas mismas pulsiones a la pantalla. Por eso David Simon, quien desde The Wire que está obsesionado con el poder (drogas; la ley; los tribunales; la prensa; la educación), se centró en este periodo, el cual puede que sea clave para entender nuestra actualidad.

Porque hace tiempo que la industria del porno permea otras áreas de la sociedad; sin ir más lejos, hoy no se puede pensar en la publicidad sin la influencia de la pornografía (hamburguesas filmadas como si fueran objetos de placer; comerciales de máquinas para hacer ejercicio; Britney Spears y muchos otros artistas pop; Mötley Crüe y todo el rock glam; lo mismo con el hip-hop y su relación con la figura del pimp o chulo).

No es azaroso, además, que Donald Trump provenga de esta época (frecuentaba el Studio 54); y que hoy, de esa forma, el presidente de los Estados Unidos se esfuerce en desmentir que tuvo sexo con una actriz porno.

“En Estados Unidos no se vende una lata de cerveza o un Lincoln Continental sin connotaciones sexuales e imágenes sexuales que abarquen el mundo del porno”, dijo Simon. “El mismo mundo porno que hemos heredado de los años setenta”.

Puede que “Last dance” (y la película que acompaña, Gracias a Dios que es viernes) peque de naif. O que hoy parezca un registro hedonista y aséptico de esos años. La canción de Summer, claro, no tienen el subtexto violento de The Deuce, en la cual queda claro que placer y poder van de la mano. Que el porno, la música disco y el dinero sucio, claro, se cruzan todos los días en the deuce, esa intersección de calles en Times Square, en el corazón de Nueva York.

Sobre el autor:

Antonio Díaz Oliva |
Es periodista y escritor. Ha publicado la novela La soga de los muertos, la investigación Piedra Roja: el mito del Woodstock chileno y el volumen de relatos La experiencia formativa. En Twitter es @TheAntonioAdo