Culto
Colonia Dignidad: la película que no termina

Colonia Dignidad: la película que no termina

Llega a salas la cinta animada La casa lobo, que propone una nueva mirada a la secta que fundó y lideró Paul Schäfer. A tres décadas de La colonia, de Orlando Lübbert, se anuncia también el rodaje de A la sombra de los árboles, de Matías Rojas.

Esta es una historia inventada que, desgraciadamente, se basa en hechos reales”. A partir del 18 de octubre de 1987, las audiencias del Filmbühne am Steinplatz (Berlín) y del Abaton-Kino (Hamburgo) se encontraron con esta leyenda en los créditos finales de La colonia (Die kolonie). El filme de Orlando Lübbert se había rodado en la RFA y España, en 1985, y había contado con el respaldo de la televisora pública WDR.

Era la primera película acerca de la Sociedad Benefactora y Educacional Dignidad, denunciada desde mediados de los 60 por actividades criminales ejecutadas o dirigidas por su líder, Paul Schäfer (e implicada en torturas y desapariciones tras el Golpe de 1973). Sin embargo, en todo el filme no se escucha una sola vez la expresión “Colonia Dignidad”. Uno de los grandes de Europa en su rubro, WDR quiso librarse de toda responsabilidad en caso de que la sociedad de Schäfer, que contaba con aliados poderosos, presentara querellas. Así las cosas, en el filme se habló solo de “la colonia” (y el protagonista dice que no pudieron privarlo de su “dignidad”). Pero con eso bastó.

Para refrendar eso de que las películas inciden en la historia, la sala de Hamburgo fue el lugar donde germinó la asociación de familiares de los colonos (azuzados por el primer fugado: Wolfgang Müller). Y la película de Lübbert daría la partida a la exploración audiovisual del tema: el sitio IMDB consigna ocho títulos, repartidos entre documentales/periodísticos y argumentales. El último es una animación chilena stop motion.

El jueves llegó a las salas La casa lobo, de Cristóbal León y Joaquín Cociña: sostenida por lo que semeja un plano continuo, cuenta la historia de María, una joven que “escapó de la colonia mientras todos dormían”, y fue a dar a un inmueble habitado por dos cerdos. El tono de fantasía pesadillesca distingue a este filme, que encontró reconocimiento en la Berlinale y San Sebastián. Una producción arrojada y sui generis, que tributa el arte de varios (entre otros, Jan Svankmajer, David Lynch, Violeta Parra y el Tata Colores de Vivienne Barry), pero que tiene su propia mirada.

Con lo que hay

Cuenta Orlando Lübbert que todo comenzó cuando WDR le rechazó un proyecto “bien alemán” que había presentado. Luego fue invitado a conversar con el jefe de dramaturgos de la emisora con sede en Colonia. Allí, le preguntaron si tenía algo “que involucrara a Chile con Alemania”. Les contó, entonces, de Colonia Dignidad y salió de la reunión “con un contrato bajo el brazo para escribir el guión”.

“Había conocido los extraordinarios reportajes que hizo revista Ercilla en 1966, que aún hoy se leen como una novela de misterio”, cuenta el director de Taxi para 3, cuya investigación contó también con el aporte del mencionado Müller: hoy apellidado Kneese, escapó con 17 años y entregó a Lübbert material invaluable. Así, el exiliado chileno fue construyendo la historia ficcional de Karl Brünner, vendedor de seguros cuya hija, Nicole, vive en “la colonia”, desde donde le escribe una carta que lo alarma y lo empuja a cuestionar a los miembros de “La misión”, grupo conectado al enclave. Tanta es su insistencia, que acepta una oferta para cruzar el Atlántico y verificar por sí mismo el presunto entusiasmo de la hija con su nueva vida. Allí se encontrará con ella, pero también con la policía política chilena, estrechamente vinculada a la comunidad de Schäfer.

La sección chilena del filme, que arranca en la mitad, fue rodada en Madrid y otras locaciones españolas. Había recursos, pero no sobraban, y cuando hizo falta, por ejemplo, mostrar carabineros, se reciclaron trajes de carabinieri italianos de otra película. Si bien la cinta habla desde el presente, no teme recoger, con otro nombre, el testimonio judicial de la ex presa política Adriana Bórquez en los años 70.

Aunque no cambió el curso de los acontecimientos, Die Kolonie tuvo “un impacto fuerte”, al decir de Lübbert. Faltaba aún para que, en 2005, Schäfer fuera detenido en Mendoza y la colonia, rebautizada como Villa Baviera, pasara a ser controlada por el Gobierno chileno. Y faltó otra década para que el enclave fuese retratado a la manera de Hollywood: en inglés y con estrellas.

El Festival de Toronto fue la ventana que dio a conocer al mundo, el 13 de septiembre de 2015, Colonia Dignidad o, sencillamente, Colonia. Protagonizado por Emma Watson (Harry Potter) y Daniel Brühl (Goodbye, Lenin), el filme del muniqués Florian Gallenberger arranca en los últimos días de la Unidad Popular, cuando Lena, una azafata alemana, coincide en Santiago con su pareja, Daniel, fotógrafo que lleva unos meses conociendo la “revolución chilena”. Tras el Golpe, Daniel va a parar a Colonia Dignidad (con nombre y apellido) y Lena no encuentra nada mejor que ir a su rescate, disfrazada de religiosa. Allí conoce el sadismo y la violencia encarnados en la figura de Schäfer (Michael Nyqvist).

La casa lobo, en tanto, describe otra trayectoria. “El tema de la Colonia se fue colando lentamente en la película”, cuenta Cociña. “En general nuestros trabajos audiovisuales terminan siendo un tanto escabrosos y vinculados al miedo. Sabiendo esto, cada vez parecía mejor darle un asidero en la realidad a ese miedo”. Para León, en tanto, el carácter único de Colonia Dignidad “es que esta secta de fanáticos religiosos tuvo un papel protagónico en nuestra historia política reciente”. Por ello, es “un tema del cual es importante hablar”, en la lógica de “buscar nuevas formas y perspectivas para abordar nuestros traumas nacionales”.

De ahí que esta cinta animada ocupara el método de juego de roles, imaginando una película que el propio Schäfer habría dirigido si hubiese sido un Walt Disney latinoamericano. Y de ahí, también, que lugares y objetos reales -una cama, una lámpara- se mezclen con materiales como masking tape, papel de diario, cartón, cinta plástica, carbón, pintura látex y acrílica. Con todo ello al frente, se fragua una cinta de difícil etiquetado, capaz de transmitir el horror y el vacío con recursos nada convencionales.

Y hay más. Diluida de momento la posibilidad de que Lübbert cuente la historia de Wolfgang Müller, en el primer semestre de 2019 comenzaría el rodaje de A la sombra de los árboles. El filme está a cargo de Matías Rojas (Raíz), quien ha afirmado que “este proyecto no propone realizar una biografía de nadie en particular”. Lo suyo, agrega, es “una adaptación libre, en ficción, de la perspectiva de los niños que vivieron en Colonia Dignidad, manteniendo una cercanía de perspectiva histórica en cuanto a la verosimilitud de los hechos”.

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