Culto
Raúl Zurita: “Con Gabriela Mistral, he sido el poeta más atacado de Chile”

Raúl Zurita: “Con Gabriela Mistral, he sido el poeta más atacado de Chile”

En 1983 comenzó a escribir La vida nueva. Hoy, a los 68 años, publica una versión final de 600 páginas. Además, su libro INRI aparece por el sello New York Review Books.

Han pasado más de tres décadas desde que Raúl Zurita (68) comenzó a registrar los sueños de algunos pobladores del campamento Raúl Silva Henríquez, en el paradero 37 de Santa Rosa. En la mañana del 17 de agosto pasado puso punto final a la versión definitiva de su libro La vida nueva. El poemario, que cierra la trilogía comenzada tras Purgatorio (1979) y Anteparaíso (1982), había aparecido en una primera versión en editorial Universitaria, en 1994.

“Dos años después de que salió, comencé a trabajar su versión final. En realidad, en este libro he estado casi la mitad de mi vida. La primera versión no se publicó como yo pensé, pero no fue culpa de los editores, porque ellos me propusieron sacarla en tres tomos o reducirla y eso fue lo que hice”, comenta Zurita, sentado en su casa con el brazo derecho inmovilizado tras una caída. “Después perdí el original, que tenía el coleccionista Carlos Alberto Cruz, y cuando vi otra vez ese material decidí concluirlo. No era llegar y reproducirla, también tenía que incorporar mi presente”, agrega sobre el ejemplar, que ahora distribuye editorial Lumen, y que incluye una imagen de la frase “Ni pena ni miedo”, escrita en el desierto de Atacama con excavadoras y que tiene una longitud de 3.140 m.

“La vida nueva es una culminación de lo que había partido con mi mejilla quemada y el verso: ‘Mis amigos creen que/ estoy muy mal/ porque quemé mi mejilla”, de Purgatorio, y termina con esta cicatriz en el desierto, que dice ‘Ni pena ni miedo’”, señala Zurita.


El libro parte con testimonios del campamento. ¿Cómo recuerda esa experiencia?

-El campamento era una toma inmensa en el año 83. Yo iba porque estaba la amenaza que los podían desalojar. Y de repente se me ocurrió apuntar los sueños que me contaban, y me impresionaron, y esos son los 9 o 10 que inician el libro. Pero el primero es increíble, de una mujer que pare, pare, pare. El libro dice: “Iba a parir, y mi terror era qué hacer para cortarle el/ cordón a la guagua cuando ella saliera”. Después imaginé todo lo que se ha escrito sobre los ríos, en la historia de la literatura y las cosmovisiones.

Ha dicho que La vida nueva y su libro Zurita “son las dos caras de lo mismo”.

-Al final La vida nueva se transforma en el Zurita (2011), son dos libros, el blanco y el negro, ambas caras de un mismo espejo con estructuras similares. Pero el Zurita es tal vez una visión más devastada. Quería dejar estos libros terminados, sin cabos sueltos. Incluso me metí de frentón en la cosmovisión mapuche, y también en el mundo contemporáneo a través de la música. Por eso coloco los links de YouTube. Quien tenga la curiosidad de oír la música se puede encontrar con Beethoven, zambas argentinas y con Miss Sarajevo, una versión de U2 con Pavarotti, que dice “como el río, el amor vendrá”, que habla de un concurso de belleza que se hacía en Sarajevo en plena guerra.

Cuando presentó el libro en 1994 “hubo artistas, diplomáticos, gente del gobierno”, apuntó La Época. Estaba el ministro Sergio Molina y el secretario de Gobierno, José Joaquín Brunner. ¿Por qué tan oficial?

-Cuando ganó el No yo fui muy feliz, el desencanto me vino después. Brunner era un tipo que nos acompañaba en las acciones de arte del CADA y se portó muy bien conmigo. El mundo antidictatorial era bastante unido. Ahora muchos de ellos me son irreconocibles. Hubo en Chile una ola de soberbia provinciana muy fuerte cuando salimos de la dictadura. Y en esos primeros años yo me sentía con ganas de agradecerles a todos, porque estaba feliz. Lo que a mí me empezó a alejar de la Concertación fue el desprecio con que se miraba a la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, como gente que venía a molestar en un país pujante y con futuro.

¿Y cómo ve el presente?

-Estamos pasando por una época regresiva, una época que se viene muy dura, incluso para los fascistas. Aunque creo que, a pesar de todo, somos una raza asesina que está condenados a pelear por la felicidad. Pero cuando uno ve la caravana de migrantes que viaja a Estados Unidos, lo mal que están los que están mal, dan ganas de pensar que lo mejor sería que ocurriera el calentamiento global de verdad y vinieran olas de 400 metros y nos barriera de la faz de la tierra. No hemos sido dignos de apreciar los instantes, de mirar las estrellas, y no somos más que unas pelusas en el cosmos. Cada vez leo más los Evangelios y el Manifiesto comunista.

La Biblia siempre está muy presente en su obra…

-La Biblia es el libro que hubiesen deseado escribir García Márquez, Roberto Bolaño, Thomas Mann, James Joyce… Es un libro que se construye en 1.500 años, que tiene múltiples autores y entradas. Allí están todos los sentimientos humanos: el odio, el amor, el rencor, la bondad, lo sublime, lo atroz y hasta el paraíso.

Ha sido un año protagónico para Ud., con la manifestación social en el Museo de la Memoria tras la salida del ministro de Cultura.

-Yo lamento esta cosa física (padece Parkinson), porque no puedo caminar entre mucha gente, porque yo soy de la cultura de la marcha. Lo del Museo de la Memoria fue muy emocionante, y la gente puede creerlo o no, pero yo no calculo nada. Hago lo que siento necesario y así también me he equivocado profundamente. Yo me volví a acercar al Partido Comunista. A mis 68 años no comparto todo, tengo discrepancias con sus opiniones sobre lo que ocurre, por ejemplo, en Nicaragua, pero son un núcleo de resistencia.

¿Cómo ve la poesía hoy?

-Hay cosas estupendas. La Anne Carson, que estuvo en Chile, es buenísima. Yo creo que la poesía se está jugando mucho oralmente, pero sigue habiendo una gran intensidad en producir libros. El libro es algo que no pasa. No existe la poesía experimental o la antipoesía, solo existe la poesía extraordinaria. Una obra es extraordinaria o no lo es. Soy fanático de lo que hace Leonel Lienlaf, Elicura Chihuailaf, José Ángel Cuevas, Soledad Fariña, Elvira Hernández, Milagros Abalo. Y es fascinante porque en otras partes, la poesía es un arte casi muerto.

¿Qué opina de la disputa por la herencia de Nicanor Parra?

-Lo encuentro terrible. Sobre todo porque a la Colombina y a Barraco los conocí de guaguas y les tengo mucho cariño. Y a la Catalina también. ¡¿Cómo no hacen un esfuerzo mínimo y se ponen de acuerdo?! En cambio, están enconados en una pelea brutal. Yo no sé quién tiene la razón, pero me parte el alma, y sé que ninguno de ellos es una mala persona. ¿Si Parra estaba lúcido o no? ¿Quién puede decirlo?

Ahora publica INRI en inglés.

-Es una gran traducción de William Rowe. Ese poema fue tan mal entendido, que creo que fue intencional. Publicado en 2003, los norteamericanos lo definen como uno de los grandes poemas del nuevo siglo. Mira, yo las he visto todas. Creo que he sido el poeta, con la Gabriela Mistral, más atacado de Chile. Pero las razones para tirarme a partir no son tan distintas a las razones que tienen ahora para decirme que mis cosas están buenas. Es raro todo esto, pero es más raro envejecer y esto no lo sentí hasta que me caí. Entonces me dije: “Esta es la famosa vejez”.

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