Culto
Shakira deja certezas y dudas  en su regreso al Estadio Nacional

Shakira deja certezas y dudas en su regreso al Estadio Nacional

La súper estrella del pop colombiano ofreció anoche un concierto irregular en el Estadio Nacional. Gran despliegue físico y escénico versus problemas de audio y dudas sobre su voz.

La gente se saca fotos con una chica de cabello rubio teñido y ensortijado ataviada como la estrella de la cita. Muchas jóvenes llevan cintillos dorados, otros bordados con coquetas flores. Definitivamente las mujeres mandan esta noche de martes en el Estadio Nacional en el regreso de Shakira tras siete años sin tours y una partida en falso de la gira de El Dorado por problemas vocales, el motivo de esta visita cuyo periplo mundial culmina el sábado en Bogotá. Las luces se apagan a las 21:03 e irrumpen cinco músicos. Shakira aparece con ropa ajustada, físico y energía impresionantes. Cuesta mucho creer que tiene 41 años. Se mueve y luce como si apenas contara la mitad de esa edad.

El video introductorio muestra distintas etapas de su carrera, desde que era morena -nuestra versión latina de Alanis Morisette-, hasta su look rubio cuando empezó a cantar en inglés para dominar al mundo. El show se divide en cinco actos que dan cuenta de la manera en que la colombiana ha logrado encantar a audiencias desde los años 90 hasta ahora. Aquí hay madres con sus hijas y ambas generaciones cantan con igual energía. La noche arranca con “Estoy aquí” y “¿Dónde estás corazón?”, dos viejos éxitos. Rayos láser acribillan el cielo del Nacional, el confeti vuela y Shakira salta y agita su cabellera como si su vida dependiera de ello. Sin embargo la voz se escucha poco y nada entre bajos saturados y los desbarajustes propios del arranque de un concierto.

Pausa. Shakira se instala al medio del escenario, sentada y sujeta a cadenas mientras se escucha la intro de “Loba”. Repite con exactitud los movimientos del video, los aullidos y luego se vuelca al teclado para un corte de condimentos electrónicos. Pero, vaya, la voz sigue en deuda. Sigue un video y llega el turno de “Si te vas”, que todo el Estadio Nacional canta por su categoría de clásico. Cuando llega el momento de “Nada”, antecedida de saludos y agradecimientos por la larga relación de la colombiana con el público chileno, la gente se impacienta, en particular desde las aposentadurías más lejanas porque si en las primeras filas ya era difícil distinguir su registro, atrás debió ser imposible.

Recién en “Perro fiel”, uno de sus éxitos recientes que dan cuenta de sus alianzas con los reggaetoneros más cotizados -en este caso Nicky Jam para renovar público-, la voz se escucha con más cuerpo. Se instala la duda entonces: ¿es problema del ingeniero a cargo o son las secuelas de la hemorragia a las cuerdas vocales que le afectó el año pasado? Los fuegos de artificio hacen olvidar por un rato las dificultades.

El show avanza en una combinación de clásicos como “Underneath your clothes” y” Me enamoré”, la infantil declaración de amor a su actual pareja, el futbolista Gerard Piqué, contenida en El Dorado (2017). En una pausa el público más inmediato le grita “¡Viña, Viña!” en referencia al festival. Shakira prosigue y se larga con “Inevitable”, aquel éxito de hace 20 años que se apoyaba sin disimulo en los tiempos y acordes de “High & dry” de Radiohead.

Más tarde la imagen de Maluma apareció en la pantalla gigante para “Chantaje”, seguido de un cambio de vestuario y un número de danza árabe donde Shakira se movió con la espectacularidad de siempre. A esas alturas la gente de la cancha exigía a gritos que el público de las zonas más exclusivas se bajara de las butacas, un reclamo habitual en estos eventos.

Fue en “La Tortura”, el hit junto a Alejandro Sanz, donde se sembraron más dudas sobre su voz, porque la diferencia de volumen entre ella y el tecladista que asumió las partes del astro hispano, fue notoria. Más tarde hubo otros éxitos como “La Bicicleta” y” Hips don’t lie”, ejemplos de su versatilidad para mantener el dominio latino y la supremacía planetaria. Pero asoman interrogantes sobre cuál es su verdadera condición tras rasgar su voz.

Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras