Culto
El día negro de un “superstar”: la crítica de Yolanda Montecinos

El día negro de un “superstar”: la crítica de Yolanda Montecinos

La periodista y crítica de espectáculos repasó a Jackson tras cancelar su visita a los niños con leucemia y suspender el primer show en Santiago. Esta es la columna que escribió en octubre de 1993.

Es uno de aquellos títulos que tienen un alto porcentaje de marketing y, a veces, es la calificación de algún comentarista o relacionador público, amigo de los excesos fáciles y lugares comunes rimbombantes.

Sustentado por Michael Jackson, en su caso preciso, su carrera y su aporte al espectáculo de este final de siglo, poseen sólidos ingredientes que justificarían semejante título de excelencia.

Pero el aún joven astro norteamericano ilustra también aquella otra parte, la sombría y casi tenebrosa, que socava y tritura al personaje. Nos referimos a su conducta fuera del escenario, lejos de las luces y de la parafernalia de los megaeventos. Ante estas realidades, cabe preguntarse: ¿qué hay tras semejantes acciones? ¿Es Michael Jackson, en su infantilismo, una víctima del sistema o un tipo de “divo” inclasificable?

Marketing o inmadurez

El público chileno que consume este tipo de arte le amaba sin condiciones y tanto que viajó desde diversos puntos del país para vivir el glorioso encuentro, convertido en realidad por una empresa nacional. Nadie recordó el extenso historial del cantante y su multitudinaria comitiva en diversos puntos del mundo, como África y Australia. Menos sus conciertos cancelados.

Por fin tendríamos al Rey de la música “pop” en nuestro Estadio Nacional y se nos fue entregando cada detalle, cada paso de la construcción impuesta por el artista. También la interminable lista de exigencias para este soberano que ama a los niños, que anunció su visita a los pequeños enfermos y que, dentro de la ambigüedad que rodea su tránsito internacional, hasta se pensó que visitaría nuestro zoológico.

Llegó y se encerró en su hotel, luego de una publicitada visita a lugares comerciales del barrio alto. Y no salió más de su suite presidencial. Ni para ruedas de prensa ni para sus citas con los niños enfermos… ni para el Estadio Nacional. La empresa se quedó con todo el aparataje exigido, debió dar explicaciones a la prensa especializada y soportar la ira de los “fans” apostados desde tempranas horas en cualquier sitio próximo a su ídolo.

El jueves 21 de octubre quedará en la memoria de los chilenos como día negro. No por el debilitado cantante encerrado en su suite presidencial, sino por los hechos desarrollados en Las Condes. Las fuerzas de Carabineros de Chile -en alto porcentaje- debieron, en esa misma fecha, atender las exigencias de un megaevento para garantizar la seguridad física del astro y su séquito y, en lo posible, evitar el consumo de drogas.

Es probable que el artista tenga ya debilitada su voz. Total es un joven viejo, que busca desesperadamente mantenerse en la infancia. A lo mejor, por eso se apoya en un marco de efectos especiales distractivos y, a la vez, notables. Su biografía es densa y sus millones y excentricidades de millonario ayudan a mantener -con criterio de arte “pop”- su status. Pero un Plácido Domingo no pierde su vida en desplantes de divo, porque lo es por calidad artística y profesional.

Creemos que ahora, a muchos chilenos no les importa demasiado si el artista está o no enfermo o depresivo en su suite presidencial.

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