Culto
“Me corría la lágrima de la emoción”: el relato de un fan que estuvo en el recital de Michael Jackson en Chile

“Me corría la lágrima de la emoción”: el relato de un fan que estuvo en el recital de Michael Jackson en Chile

Carlos Cerón, fan y doble del rey del Pop, dijo presente en el Estadio Nacional aquel 23 de octubre de 1993. Acá la historia -contada por el mismo protagonista- de cómo costeó su entrada, cómo vivió la jornada del recital y cómo marcó su vida para siempre.

Yo había salido del colegio recién, tenía 18 años y no estaba trabajando. Habíamos salido hace poco de la dictadura, entonces los artistas solo venían para el Festival de Viña y no era que estuvieran en el top de su carrera.

Con Michael fue todo lo contrario, porque ya había sacado un disco que fue número 1, Dangerous. Entonces, uno, con el pensamiento de la época, nunca se iba a imaginar que Michael Jackson iba a venir a Chile.

Al confirmarse la noticia de su visita, dije “tengo que sacar el dinero de alguna parte” y empecé a trabajar en una cancha de golf, como caddie. Con las propinas pude ir juntando el dinero para comprar la entrada.

En ese tiempo costaba $14 mil la cancha.

Era emocionante estar ahí. Todo el país se paralizó, pendientes de Michael Jackson, esperando a ver qué iba a hacer. No he visto que suceda lo mismo con otros artistas, que vienen a hacer el concierto y se van. Michael estuvo una semana.

Me acuerdo que había una tienda de arriendo de películas -en ese tiempo que se arrendaban películas en VHS-, llamada Errol’s, que fue a visitar y compró unas películas. Unos juguetes también.

Fue una semana que recuerdo en lo íntimo como una de las más felices de mi vida, aparte de estar en el concierto que fue lo máximo.

Ese día fui con un amigo que le gustaba un poco Michael Jackson, pero no era tan fanático como yo. Lo fui a buscar a las 8 de la mañana para que nos fuéramos al estadio y con tanta vuelta, al final llegamos a las 10 de la mañana al estadio.

Llegamos a la puerta de donde se entra a la parte de Andes-Cordillera y no había nadie, solo un carabinero, a quien le preguntamos dónde se hacía la fila para entrar, pensando que éramos los primeros en llegar. “No, en esa calle de allá”, apuntando al lado del colegio Insuco en Pedro de Valdivia. Miramos y vimos que estaba lleno de gente acampando y nosotros diciendo “oh, vamos a quedar atrás”.

Así que ahí estuvimos como hasta las 2 de la tarde. A las 2 de la tarde abrieron esa parte para hacer recién la fila. Debemos haber entrado al estadio como a las 4 de la tarde. Y ahí esperando, haciendo la hora, hasta las 9.

Había mucha gente de todo ámbito. Familia, niños, más adultos. Había fanáticos, gente vestida de Michael Jackson. Mujeres, jóvenes. Y gente que no era fan tampoco, pero como era Michael Jackson había que estar ahí. Es como lo que pasa con Lollapalooza: a veces la gente no conoce a todas las bandas pero van igual porque tienen que estar ahí.

Dos horas antes empezó a sonar música de los Beatles. Dos horas de los Beatles, los Beatles y los Beatles. Y de repente se apagan las luces. En ese lapso hicieron pruebas de sonido. Sonaba la batería y retumbaba el piso. Como era mi primera vez en un concierto, quedé impresionado.

A las 9 ya se apagan las luces y empieza a sonar el tema de Carmina Burana que era la apertura del show, con videos de Michael haciendo un mix de sus presentaciones. Termina eso, suenan como unas campanadas, un sonido de pantera, explota el escenario… y aparece Michael Jackson.

Cae una cascada de fuegos artificiales y él queda inmóvil, así más menos un minuto un minuto y medio, y toda la gente vuelta loca. En una mueve la cabeza hacia un lado y más griterío. Empieza a sacarse los lentes de a poco, los tira al suelo y empieza la música.

La primera canción fue “Jam”, que era con la que empezaba la gira, y claro, ahí yo pensando “esto es como lo máximo, no te desmayís, no te desmayís”. Me corría la lágrima de la emoción. Y cantaba y saltaba.

Veía los efectos, las explosiones, los rayos láser que atravesaban todo el estadio de sur a norte. La luz no se iba desgastando, sino que era un rayo continuo. Toda esta tecnología nunca se había visto en el país, entonces alucinante.

De todos los sentidos, visual, efectos, el baile, la emoción de ver a Michael, el sonido, era todo una mezcla sensorial que alucinabas. No necesitabas tener alguna droga metida para pasarlo bien. Aparte, tenías que ver cómo bailaba.

En el final cantó “Heal the World”, que era de las últimas canciones. Terminó esa canción y empezaron a encenderse las luces. Todos pedían otra. Algunos pensaron en que se fue y comenzaron a retirarse. En eso, vuelve Michael Jackson al escenario con las luces prendidas y comienza a cantar “Man in the Mirror”. Al instante todos volvieron. Esa fue la última canción.

Al final terminó con un espectáculo de fuegos artificiales.

Fue una mezcla de emociones. Es como ver a un héroe que uno tiene en frente. Uno pensó que nunca lo iba a poder ver o estar cerca de él.

A partir de esa noche fui mucho más fan. Empecé a comprar todos los discos. Las fotos que veía en revistas o diarios las recortaba y las pegaba en un cuaderno.

Mis amigos me felicitaban. Todos me preguntaban si había ido al concierto. La gente hasta ahora me pregunta “¿y tú fuiste a verlo?”. “Sí, si lo fui a ver”, les respondo. Como que no me creen.

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