Culto
¿Quién mató a Peter Ivers?

¿Quién mató a Peter Ivers?

Estuvo a milímetros de la fama, pero encontró un final espantoso antes de poder tocarla. Aunque fue ignorado en su época, hoy el solista estadounidense es uno de los personajes más apasionantes del universo expandido de la música pop.

Demasiado raro para el mainstream de los setenta, Peter Ivers nunca saboreó el éxito destinado a prácticamente todo su círculo, un quién es quién del entretenimiento gringo de antaño. Sus primeros vínculos célebres los establece en Harvard, donde estudió lenguas muertas y se hizo amigo de actores como Tommy Lee Jones y John Lithgow, además de la tropa fundadora de la revista National Lampoon, un semillero para el cine y la televisión con comediantes como Chevy Chase y John Belushi, futuros miembros de SNL que se volverían íntimos suyos. El segundo en especial, dadas sus tendencias melómanas. Al igual que Ivers, Belushi notaba el parecido entre el incipiente punk y el blues de sus amores.

A propósito de blues, Peter Ivers fue alumno del legendario Muddy Waters. Su maestro lo describió como “el mejor armonicista vivo” tras la muerte del virtuoso Little Walter. Como vocalista, llamó la atención desafiando los modelos de masculinidad del género. Fue descrito como “un Howlin’ Wolf que aspiró helio” por los primeros que lo escucharon cantar. Su debut, Knight of the Blue Communion (1969), es comparado por el portal AllMusic con monarcas freak de la época como Captain Beefheart y Frank Zappa. Para hacerse una idea de la oscuridad de su catálogo: en el mismo sitio, usualmente una infalible base de datos, ni siquiera hay una ficha para Terminal Love, su obra maestra, una excéntrica mutación del blues, marciana, andrógina y con tintes de new wave aparecida en 1974.

Pese a la apatía de la gran masa, el medio artístico lo valoró. Su talento sedujo a un debutante David Lynch en busca de ayuda para Eraserhead. Con su asistencia, el director pudo darle forma a la idea que le rondaba por la cabeza, una canción al estilo del viejo blusero Fats Waller, del que Ivers justo era muy fan, titulada “In Heaven (lady in the Radiator song)” y crucial en la película. Se trata del mayor aporte del músico a la cultura popular, un tema cubierto por bandas del calibre de Bauhaus, Devo y Pixies, así como por neoclásicos como Jay Reatard o Zola Jesus. También jugueteó con las fórmulas radiales de comienzos de los ochenta: en un despliegue de versatilidad, escribió para Diana Ross y las Pointer Sisters.

Un libro acerca de Peter Ivers, In heaven everything is fine, firmado por Josh Frank, biógrafo de los Pixies y colaborador de Black Francis, asegura que su personalidad fue el motivo por el que nunca logró cultivar una audiencia. Cuando lo invitaron a telonear a Fleetwood Mac y a los New York Dolls, salió al escenario vestido de bebé, en pañales, indiferente a la impresión que pudiese causar, enfrascado en su propia visión. Frank cuenta que Ivers fue un niño superdotado con un padre muy duro que siempre le exigió más de la cuenta, y asegura que su comportamiento extravagante era un escudo anti realidad.

Las peculiaridades que lo caracterizaban se volvieron mercancía televisiva en 1982, cuando se transformó en el conductor de New Wave Theatre, espacio a medio camino entre el videoarte y un show de variedades, emitido en el bloque nocturno de un canal de cable de Los Ángeles. En el programa, descrito en el libro de Frank como “Ed Sullivan en ácido mezclado con American Idol en cocaína”, Ivers era la marioneta de David Jove, un guionista al que los mismísimos Rolling Stones molestaban por drogo con el sobrenombre “Acid King Dave”. Pese a llevar un estilo de vida sano y practicar yoga, algo en su mera presencia lo hacía creíble en el papel de maestro de ceremonias chiflado. Por el espacio pasaron bandas punk ahora clásicas como Bad Religion o Dead Kennedys, y siempre quedaban atónitas ante la pregunta favorita del anfitrión: “¿Cuál es el significado de la vida?”.

El 3 de marzo de 1983, Peter Ivers apareció muerto en su departamento, molido a martillazos. Por la contaminación en la escena del crimen, fue imposible determinar la identidad de su asesino. La lista de sospechosos iba desde el actor Harold Ramis hasta el mentado David Jove. Hasta hoy sigue siendo un misterio lo que pasó. El año 2008 hubo un intento de reabrir el caso que falló debido a la falta de evidencias. La investigación, por cierto, siempre estuvo sesgada por la naturaleza bohemia de la víctima. En el registro oficial, el brutal homicidio solamente fue otro de los actos aleatorios de violencia que ocurren a diario en Estados Unidos. Con su humor retorcido, Jove convirtió la atrocidad en chiste. Por un rato, el saludo de su contestadora telefónica decía “Hola, ¿tú mataste a Peter Ivers?”.

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