Culto
Los días en penumbra del amante bandido

Los días en penumbra del amante bandido

Esta década es la más difícil en la vida de Miguel Bosé: problemas fiscales, ruptura con su mánager histórica, discos irregulares y ahora su expareja lo demanda. Así se derrumbó lo más preciado y hermético que le quedaba: un mundo privado que parecía inexpugnable.

Hasta el martes pasado Miguel Bosé (62) podía ser descrito como súper astro de la canción hispanoamericana por más de 40 años y padre soltero de cuatro niños.

Hoy, googlear su nombre arroja de inmediato que ha sido demandado por su ex pareja, el escultor valenciano Ignacio Palau, en defensa de “sus derechos y los de sus hijos menores”. Bosé, prácticamente criado con cámaras por ser hijo del famosísimo torero español Luis Miguel Dominguín y la actriz y Miss Italia Lucía Bosé, ha perdido por primera vez el control mediático que le había permitido ocultar su condición sexual por décadas.

Logró mantener a raya a la prensa sobre privacidad y finanzas a pesar de una histórica mala fama entre reporteros. Vía mail el reputado crítico musical del diario El País de España, Diego A. Manrique, se excusa con La Tercera de opinar sobre la separación del artista, pero advierte por experiencia personal que Bosé no tiene “cintura para encajar críticas y que era tan arrogante que se creía con permiso para ignorar al mundo. Si al menos en algún momento de su vida hubiera hecho música interesante”.

Creativamente esta es su década más floja. Con la excepción del álbum Amo (2014), sólo se ha dedicado al autohomenaje con Papitwo (2012) y MTV Unplugged (2016). La relación con la poderosa mánager nacida en Chile, Rosa Lagarrigue, terminó en 2014 después de 35 años bajo rumores de malos consejos financieros. El cantante ya arrastraba noticias al respecto sintetizadas en titulares como “A Miguel Bosé no le van los negocios”, el encabezado de Hoy.es en enero de 2013, cuando se supo que sus inversiones en alimentos y bebestibles habían sido un fiasco. Llegó a ser accionista mayoritario y presidente del consejo de administración de una firma de jamones, como se asoció sin éxito a ex cracks del Real Madrid como Emilio Butragueño y Míchel para producir vinos.

Hace cuatro años Bosé se radicó en Panamá, el país donde nació y del cual tiene nacionalidad. La información oficial suscribió el cambio por razones artísticas y operativas. Datos publicados por Yahoo dijeron otra cosa: considerables mermas en sus ahorros por malas decisiones en fondos de inversión y problemas tributarios. Corrían los días en que la hija del rey Juan Carlos, la infanta Cristina, era imputada por blanqueo y delito fiscal. La señal era nítida: ni la realeza se salvaba de investigaciones. Para Miguel Bosé fue el momento de partir.

En 2015 subastó por 450 mil euros dos obras que Andy Warhol le había regalado en un cumpleaños. No era la primera vez que recurría a su colección para solucionar problemas de liquidez. Un par de años antes obtuvo 370 mil euros por unas cerámicas de Pablo Picasso, entre varias leyendas que circulaban por su casa de infancia junto a Ernest Hemingway y Orson Welles.


Abrigo de piel

Bajo ese ambiente Bosé demostró desde niño afición por el arte, en particular el ballet, inclinación que irritaba a su padre. Luis Miguel Dominguín era el equivalente a Julio Iglesias en los 50, así de mujeriego. Le prohibió asistir a clases de baile pero no pudo lidiar contra los impulsos de Miguel, quien a los 15 años asistió al colegio con un abrigo de piel de su madre. Resultado: bullying y muchas lágrimas en el futuro intérprete de Los chicos no lloran. “Todo lo que era sensibilidad, todo lo que era artístico, más fino, más depurado (…) esas cosas mi padre nos las entendía”, declaró Bosé en televisión.

La sexualidad del cantante despertó rápidamente rumores. “¿En qué momento de tu vida tú te das cuenta de que eres bisexual?”, le preguntó un patilludo entrevistador en una ocasión. “Es que todavía no me doy cuenta”, replicó Bosé. Aunque a comienzos de los 80 Ana Obregón fue presentada como su novia, a lo largo de la década una y otra vez hizo desmentidos.

“No me gustan los hombres, no tengo nada que ver con ellos”, respondió a la consulta de una fan en un programa. “Llegar a ser andrógino es la alquimia sublime, más perfecta que puede tener una persona”, comentó en una entrevista. En otra reflexión pública sobre la ambigüedad que proyectaba se declaró afortunado. “Uno nace, de repente, con una genética que gusta a unos y turba a otros. Y es una suerte porque a mi me encanta ser deseado como me encanta desear”.

Para Bosé surgió un punto de inflexión en 1992 cuando una radio anunció en España su muerte a causa del VIH. Se tornó aún más hermético. Aquel año no solo es clave por ese incidente sino porque conoció a Ignacio Palau, su pareja desde entonces.

A fines de julio el cantante estaba con su madre en la plaza del Vaticano cuando se informó de una deuda por 1.8 millones de euros en Hacienda. Hace un par de semanas anunció mudanza al DF en México con sus dos hijos mayores, mientras los otros dos permanecen junto a Palau. En 2014 Ana Torroja también se fue a vivir a la capital mexicana cuando se reveló que mantenía una deuda de 1.5 millones de euros con Hacienda, el mismo año que Joan Manuel Serrat vendió sus bodegas de vino tras perder anualmente medio millón de euros. Todas figuras españolas antes intocables tropezando en una época de instantaneidad informativa y de juicio vía redes sociales, que han derribado los antiguos muros de la privacidad.

Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras