Culto
Jaime Bayly: “Soy un coleccionista de enemigos”

Jaime Bayly: “Soy un coleccionista de enemigos”

El autor peruano presenta Pecho frío, novela sobre un tímido empleado bancario que se convierte en líder del Movimiento Homosexual, candidato al Congreso de la República y finalmente prófugo de la justicia. En la siguiente entrevista Bayly habla de eso, su vida en Miami, sus recuerdos de la generación McOndo y lo que Roberto Bolaño le aconsejaba.

Un tímido bancario, apodado Pecho Frío, asiste a un programa de TV. En medio del show, y animado por la audiencia, Pecho Frío besa en la boca al animador: aquel improvisado acto (y hasta transgresivo, por supuesto, tomando en cuenta la pacata televisión latinoamericana) lo convierte en una celebridad. Así, Pecho Frío pasa de ser un don nadie a un habitual en los noticieros, ya sea como líder del Movimiento Homosexual, candidato político y finalmente como prófugo de la justicia.

Pecho frío es la decimoséptima novela de Jaime Bayly. Una novela que, tal como dice la contraportada, juega con la idea de alguien que pierde y gana identidades:

Ya nadie sabe quién es en realidad el señor Pecho Frío. Ni su esposa ni su suegra lo reconocen. ¿Es gay, es bisexual, es heterosexual? ¿Es de izquierda, de derecha? ¿Ama el Perú o ama más a la Argentina? ¿Es un hombre serio o un payaso sin gracia?

Y claro: Pecho frío también se puede leer como parte de la careta de Jaime Bayly: ese escritor que, como el protagonista de esta novela, juega a polemizar con las identidades sexuales, políticas y hasta literarias.

Al igual que otras novelas que conforman la última etapa de este autor (esa que incluye la trilogía Morirás mañana, donde, de paso, se vengaba del mundillo periodístico y literario chileno), Pecho frío se lee rápido, saca una que otra carcajada y los diálogos están por sobre la media de la literatura latinoamericana. Porque la literatura de Bayly no es una literatura totalmente facilona; es decir, Bayly no está al lado de Carla Guelfenbein, Gioconda Belli, Roberto Ampuero o Luis Sepúlveda. Pero, también vale remarcar, Pecho frío está lejos del Bayly barroco de La noche es virgen, aquella novela con la que ganó el Premio Herralde 1997 y que le valió, entre otras cosas, el espaldarazo del fantasma hamletiano de las letras hispanoamericanas: Roberto Bolaño.

“Surgió hace muchos años, en 2002, durante una gira de promoción editorial que hice en España y duró un mes”, cuenta Bayly, desde Miami, sobre la idea que gatilló Pecho frío. “Vi un programa carnavalesco de medianoche, donde el anfitrión besaba a un concursante renuente a cambio de un premio, y en ese momento me quedé con la idea de una novela en la que un mero beso oportunista o mercenario en televisión le cambia la vida, para mal, claro, a una persona que hasta entonces era anónima y feliz”.

Nacido en 1965, a estas alturas Bayly ha escrito tantas novelas como las polémicas que ha causado. Para probarlo están sus columnas de opinión: por ejemplo, cuando reveló que había recibido una jugosa herencia de su madre y, al mismo tiempo, que le descubrieron un tumor canceroso inoperable al cerebro (lo cual finalmente era mentira). O cuando escribió feliz porque le han dado la ciudadanía estadounidense. O cuando dijo que él tenía conocimiento previo del atentado contra el presidente venezolano Nicolás Maduro (y que incluso apoyó esta “iniciativa”).

De ahí, claro, que a ratos leer la literatura de Bayly sea dialogar, también, con Bayly el personaje.

“Bueno, a estas alturas casi no tengo amigos, soy un coleccionista de enemigos”, asegura. “Todos los curas son mis enemigos, todos los obispos, los cardenales, el Papa, todos ellos, sin excepción, son mis enemigos preferidos, incluyendo a San José María Escrivá, que fue una suerte de Raphael con sotana”.


-¿Es Pecho frío una exploración de las identidades y de lo corta que, por lo general, estas se quedan a la hora de definir a una persona?

-A Pecho Frío, el personaje de la novela, le pasa que, cuando más famoso se hace, muy a su pesar, menos sabe quién es. Es decir que la notoriedad y la exposición pública lo van a confundir bastante sobre su identidad. Y termina simulando un montón de cosas (sus apetencias sexuales, sus ambiciones políticas, su lugar ideal en el mundo) para tratar de descubrir quién es o quién quiere ser o donde se encuentra escondida la felicidad. Acaso ya tarde va a descubrir que la felicidad se desprendía de aquellos días sosegados, predecibles, todos iguales, cuando no era famoso ni millonario, sino solo un hombre mediocre y anónimo.

-¿Por qué “pecho frío”?, ¿qué le llamó la atención de esa expresión, tan latinoamericana por lo demás, para titular esta novela?

-Porque me encanta. Se usa mucho en el fútbol para aludir a un jugador que el aficionado juzga como insuficientemente apasionado o demasiado apático. Los argentinos más locos dicen, por ejemplo, que Messi es pecho frío.


De McOndo a Bolaño

Jaime Bayly estuvo presente en varios de los hitos claves de la literatura latinoamericana de los noventa. Su primera novela, No se lo digas a nadie, se publicó gracias a la ayuda de Mario Vargas Llosa y fue una de las primeras que tocaba temáticas gay. Gracias a eso, dos años más tarde, en 1996, Bayly fue incluido en la antología McOndo, editada por Sergio Gómez y Alberto Fuguet.

“Fuguet me mandó un fax muy bonito, decía que éramos hermanos cósmicos. Lo malo de los faxes es que el tiempo los ha borrado, ¿no? Bueno, todos los autores siguiendo siendo grandes escritores, algunos ya consagrados como Juan Gabriel Vásquez o Fresán, y la literatura de Fuguet me sigue pareciendo original y deslumbrante”.

Un año más tarde de McOndo vendría La noche es virgen, publicada por Anagrama. Era su cuarta novela y al leerla, o releerla, cuesta creer que actualmente el autor es un señor de 53 años que conduce un late night show en Miami. Algo así como un Don Francisco paródico que entrevista desde Joan Manuel Serrat, a María Kodama, pasando por lo mejor y peor del reciclaje cultural latinoamericano made in Miami.

Pero claro: en ese entonces, en medio de los noventa, Bayly se leía desde otra parte. Así, por ejemplo, lo puso Bolaño: “El oído más portentoso de la nueva narrativa en español, una mirada a menudo conmovedora que se mira a sí misma si autocomplacencia y que mira a los otros con humor e ironía y también con ternura, una ternura de superviviente”.

“Fue un gran amigo”, recuerda Bayly sobre Bolaño. “Me animaba a mudarme a Barcelona. Él venía en tren desde Blanes y solíamos caminar sin prisas por Barcelona, deternos en las chocolaterías que más nos gustaban y comer chocolates con espíritu suicida, pues su hígado ya estaba malo. Me escribía postales a la antigua. Me recomendaba libros. Me invitó un arroz negro memorable”.


-¿Siempre lo sintió cercano?

-A diferencia de otros escritores, nunca fue mezquino conmigo ni sentí que fuésemos competidores, pues éramos colegas y hermanos, una fraternidad que ambos habíamos elegido. Bolaño eligió vivir así y, sobre todo, morir así. Me dieron la noticia de su muerte cuando estaba en Santiago de Chile precisamente. Fue un día muy triste.

-¿Es verdad que su primera novela, No se lo digas a nadie, se publicó gracias a Mario Vargas Llosa, pero a cambio de algo? Tengo entendido que había un personaje inspirado en Álvaro Vargas Llosa, y por lo tanto el Nobel lo ayudaría a publicarla solo si sacaba ese personaje.

-No, no es verdad. Álvaro, o su sombra, nunca estuvo en aquella novela, ni en ninguna de mis novelas. Pero, además, Mario no hubiese intervenido de esa manera, no lo imagino censurando nada o condicionando su padrinazgo literario a cambio de nada. Mario fue inmensamente generoso con esa novela y me cambió la vida. Y no fue fácil encontrarle editor, porque tanto Alfaguara con Juan Cruz como Tusquets con Beatriz de Moura declinaron publicarla, hasta que Seix Barral se animó a darle vida.

-¿En qué está ese libro sobre Vargas Llosa y García Márquez que asegura venir investigando hace años? De esos autores se sabe bastante, ¿qué nuevo se puede contar?

-No he escrito una línea. Pero he reunido bastante información de fuentes confiables. Lo voy a escribir pronto.

-¿Y cómo es su vida en Miami?

-Muy feliz. Obscenamente feliz. Me he vuelto a casar, soy padre de una niña de siete años, tenemos un perrito en la casa, sigo escribiendo todas las tardes. No puedo quejarme, la vida ha sido buena conmigo.

Sobre el autor:

Antonio Díaz Oliva |
Es periodista y escritor. Ha publicado la novela La soga de los muertos, la investigación Piedra Roja: el mito del Woodstock chileno y el volumen de relatos La experiencia formativa. En Twitter es @TheAntonioAdo