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El muralismo sigue haciendo de las suyas en el Río Mapocho

El muralismo sigue haciendo de las suyas en el Río Mapocho

Este domingo se termina el Festival de Arte Urbano La Puerta del Sur, en la que se entregarán 1.300 metros de obras pictóricas en el principal río capitalino en base a tres conceptos: sustentabilidad, integración e inmigración. Uno de sus organizadores, Alejandro "Mono" González, profundiza en el sentido del evento y recuerda los años mozos del muralismo en la época de la Brigada Ramona Parra.

Desde fines de septiembre que en la ribera del Río Mapocho, específicamente en el tramo que va desde el puente Pío Nono hasta la calle Huelén, pequeños grupos de artistas se encuentran haciendo una serie de murales que, con un sentido unitario, aprovechan el espacio como un lienzo de grandes proporciones.

Se trata del Festival de Arte Urbano Puerta del Sur que, en su tercera versión, vuelve a la ribera de aquel río que parte la ciudad en dos. Así, 13 muralistas, algunos invitados desde el extranjero, cubren 1.300 metros haciendo arte urbano en base a tres conceptos definidos previamente por un jurado que, entre otros, estuvo compuesto por el Premio Nacional de Arte Guillermo Núñez: sustentabilidad, integración e inmigración.

Uno de los organizadores del certamen es Alejandro “Mono” González, quien fuera fundador de la mítica Brigada Ramona Parra y que recibiera a Culto en el lugar mismo de trabajo; a metros del cauce fluvial en el sector de Puente Arzobispo.

“Hace unos seis años estaba pintando en Italia y me decía ‘estoy cansado de estar pintando en festivales. ¿Puedo hacer algo que vaya más allá de pintar? ¿Algo que una a los pueblos, por ejemplo? Recuerdo que estaba trabajando con otros artistas como Boa Mistura de España, Toño Cruz de Islas Canarias, Giuliana Conte de Italia y todos coincidimos en hacer un festival que se llame Puerta Sur o algo así”, rememora el artista.

Así, la primera versión fue en el año 2016 en el mismo río. Al año siguiente, el certamen se realizó en las comunas de La Reina, Huechuraba, San Joaquín y Lo Prado, donde el centenario de Violeta Parra fue el tema a desarrollar. Ahora, en tanto, el festival se propone combatir la segregación de la capital donde el principal afluente de la ciudad tiene un complejo protagonismo.

“Este festival tiene el sentido de darle al espacio una unidad territorial. Que el río no corte la ciudad entre norte y sur, entre el barrio alto y el barrio bajo. También tiene que ver con la defensa del arte urbano en el espacio público. Hacer cosas de calidad, de alto impacto e incorporarlo a la ciudad ganando los espacios públicos”, agrega.

-Pese a ser el Mapocho el principal río de Santiago, siempre ha estado condenado un poco al olvido. ¿Por qué, Alejandro?

-Creo que es algo de la cultura nuestra de lo desechable, de la cloaca, de los desperdicios, la tierra de nadie. El río ha visto la historia de este país, desde su fundación hasta el arrojo de cadáveres en dictadura. De hecho, cuando se hacían los murales en la primera versión fue todo un tema, porque justo encontraron en el río los restos de una mujer descuartizada. Son muchas las cosas que quisiéramos para este río, pero en lo inmediato, quisiéramos ver una continuidad. Es decir, si van a hacer el “Mapocho Pedaleable”, que no lo dejen abandonado porque cambian las autoridades.


La BRP y la camioneta de Roberto Matta

En noviembre de 1969 se registró uno de los tantos hitos políticos de aquella época: la marcha de las juventudes políticas de izquierda desde Valparaíso a Santiago en contra de la Guerra en Vietnam. En esa movilización, un grupo de las Juventudes Comunistas fueron haciendo intervenciones gráficas en la ruta hacia la capital. Nacía entonces la Brigada Ramona Parra, la que tomó el nombre de una joven obrera de 20 años, asesinada en 1946 en medio de un acto de solidaridad con los obreros del salitre.

Una labor que se intensificaría con la victoria del ex Presidente Salvador Allende en 1970. Entonces, pasaron del rayado y la consigna a la pintura mural. La brigada creció hasta lograr un alcance nacional. A veces hacían murales a plena luz del día, defendiendo al “Gobierno Popular”. Sus obras eran firmadas con la sigla “BRP”.

Su trabajo logró el respeto de la academia y artistas consagrados. En mayo de 1971 la BRP expone en el Museo de Arte Contemporáneo y, a los meses, un consagrado Roberto Matta regresa a Chile para ser testigo del proceso de la Unidad Popular, pero particularmente para interiorizarse del trabajo de los brigadistas. Así, Matta se suma al trabajo de unos sorprendidos muralistas, aporta con su experiencia e incluso con ayuda material. Muestra de ello es un escena que el propio González cuenta en el libro “Puño y Letra. Movimiento Social y Comunicación Gráfica en Chile”:

“Lo fuimos a buscar al (Hotel) Crillón, que era donde se quedaba cada vez que venía a Chile; le abrí la puerta (de un destartalado camión de la brigada llamado “La Tetera”) para que se subiera y me preguntó dónde nos íbamos nosotros; atrás, le respondí, y se fue con nosotros en la parte posterior de “La Tetera”. Andábamos con mucho miedo de que se nos fuera a resfriar el artista o que se nos cayera, porque las tablas que hacían de piso estaban rotas y no era extraño que pasara un pie de largo de repente”, dice el libro de Eduardo Castillo. “Ahí nos preguntó qué era lo que más nos hacía falta, y nos fuimos al chancho al tro así que le pedimos una camioneta y nos compró una tres cuartos amarilla que usamos hasta el Golpe”, agrega el texto.

“Matta fue muy generoso con nosotros”, recuerda González, 46 años después. “Es decir, vino a pintar con estos cabros chicos, que pintaban con tierra de colores, con los colores que los obreros y campesinos pintan sus casas, según nos decía: el azul y rojo”, añade. Por esos días, la BRP y Roberto Matta pintarpian el mural El Primer Gol del Pueblo Chileno en la piscina comunal de La Granja.

-Alejandro, mirado desde aquella época: ¿Qué cambios en la sociedad le llama la atención?

-El egoísmo actual es feroz, la gente sólo vive para su metro cuadrado y por eso que hay tanto miedo a la inmigración, por ejemplo. Mira, te voy a poner un ejemplo. En el 72 nosotros pintamos un mural en este río a la altura de Purísima. En esos días, se estaba construyendo el edificio de la Unctad -actual GAM- y los obreros nos construyeron y regalaron las escaleras de palo. También nos convidaban leña, que los desechaban de los moldes de la estructura de cemento y hacíamos fogatas. No teníamos generadores ni electricidad. Con las fogatas nos iluminábamos en la noche para seguir pintando. Mucha gente participaba sin pedir nada a cambio.

El reloj señala que son las 13:30, por lo que no sorprende que una de las muralistas, vestida de overol blanco con manchas de pintura, se acerque a González con un envoltorio de papel kraft. “Es el almuerzo”, le dice al maestro, en medio del sonido del tímido caudal de uno de los ríos más vilipendiados del país.

El trabajo final será entregado este domingo. Participaron en su elaboración los siguiente artistas: Jennifer Díaz (Shetu Kiltra), Iván Miranda (Saile), Evelyn Latorre (La Loica), Rodrigo Estay (Estoy), Colectivo Causa, Piero Maturana, Daniel Vargas, Estefanía Leighton (Stfi), Olfer (Perú), Rezine (Francia), además de 3 invitados: Bastardilla (Colombia), Kalaka (Venezuela) y Cix (México).

La idea a futuro es que el Festival Puerta del Sur vaya itinerando en otras regiones del país.

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