Culto
Pablo Braun, presidente de FILBA: “En un momento pensamos en cambiarle el nombre”

Pablo Braun, presidente de FILBA: “En un momento pensamos en cambiarle el nombre”

Hoy comienza la décima edición del Festival Internacional de Buenos Aires, FILBA, bajo el tema La Fiesta. Destacados escritores de diversas partes del mundo estarán en Chile, Argentina y Uruguay: Catherine Millet, Irvine Welsh, Horacio Castellanos Moya, Anne Carson, David Leavitt, Fabio Morabito, Rodrigo Fresán, Martín Kohan, Mercedes Cebrián y Raúl Zurita, entre otros.

Es el festival de literatura más importante del cono sur. Pero FILBA es más que un festival, es una fundación que hoy promueve la lectura y funciona a lo largo del año capacitando a docentes y organizando otras actividades. Pablo Braun es el presidente de esta fundación y propietario de la librería y editorial Eterna Cadencia. Es de mañana y en el bar de la librería se encuentra reunido con Hernán Rossi, el ex gerente de Random House Chile, con quien echará a andar en noviembre Big Sur, una distribuidora pero también una ayuda para las editoriales, que planea poner una aplicación de primer mundo para ver los libros que se están viendo, casi en tiempo real. Es todo un desafío, pero que no dista mucho de otro emprendimiento del mismo Braun en Uruguay, la distribuidora y librería Escaramuza.


-Este año FILBA cumple diez años. Cuando comenzaste junto a Soledad Constantini (cuya familia es la dueña del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, Malba), que es la vicepresidenta de la fundación. ¿Alguna de las expectativas que tuviste se cumplió o fueron sobrepasadas por el tiempo y la gestión?

-Si vos me decís a mí el primer día qué pensaba, sinceramente yo me tiré a organizar un festival, del que Sole Constantini me dijo “che, me ayudás con este festival”, y lo terminé organizando. La idea era que entraba a ayudar un año y después me copé y le dije a Sole: Vamos a hacerlo todos los años. Y ella no quería, y ahí armé la fundación con la idea de perdurar. Si vos me decías que íbamos a llegar a diez ediciones y qué sé yo, no estaba muy seguro, de hecho todos los años digo: Si no conseguimos mecenazgo, que en este caso es nuestro sponsor más importante, tenemos garantizado siempre un año más, pero después si no hay mecenazgo… Ahora después de diez años, con Gabriela Adamo [ex directora de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires] en la fundación nos profesionalizamos más, porque al principio era todo muy hippie, o no hippie, porque siempre laburamos bien, pero más desorganizados. Cuando logro hacer entender que somos una fundación y que necesitamos de fondos –privados y del Estado– como cualquier fundación, empezamos a hacer un trabajo donde hoy si bien no está garantizado que la fundación pueda cubrir todo su presupuesto con los donantes privados, estamos más tranquilos, y en dos o tres años vamos a tener un apoyo suficientemente grande para no depender de milagros, como es este mecenazgo, que yo creo que va a desaparecer el año que viene.

-Hay algo que quizá no se sabe tanto en Chile y es que el FILBA está todo el año, y no es solamente el festival.

-El FILBA tiene dos patas: la promoción de la literatura que tiene que ver con los festivales, ya sean el FILBA nacional, el internacional y los FILBITAS dedicados a la literatura infantil, y que se hacen más de una vez al año. Y después está la promoción de la lectura, generar lectores que es una de las cosas que yo le discuto al estado argentino a lo largo de su existencia, porque nunca se preocupó de crear lectores. Hubo planes nacionales de lectura, pero no se sostuvieron en el tiempo. Nosotros, en cambio, vamos a las escuelas todo el año, capacitamos maestros para darles herramientas para que puedan dentro del aula acercar a los chicos a los libros.

-En 2015 se cumplió el décimo aniversario de Eterna Cadencia. ¿Qué tan importante ha sido esa experiencia en FILBA?

-El FILBA no es Eterna Cadencia, a veces me toca aclararlo. Eterna es una empresa y el FILBA es una fundación, obviamente yo soy el dueño de una y el presidente de la otra; en su momento las oficinas de la fundación tenía sus oficinas adentro de Eterna Cadencia, y siempre hubo un apoyo de una a la otra. Lo otro es que Eterna nunca financió a FILBA, y éste nunca favoreció a autores de la editorial. De hecho tratamos de no hacerlo para que no digan: “Ah, estos tipos se están aprovechando”. Por eso tratamos de ser lo más justos posibles. FILBA entiende a Eterna Cadencia como uno de los actores del mundo editorial, pero no trabaja para ni depende de, son dos entidades distintas. Ahora eso no quita que si hay que hacer un desayuno de prensa rápido, se haga acá y se le cobre más barato, pero no hay mucho más que eso.

-¿Y tu experiencia en Eterna ha sido de utilidad en la fundación y en el festival?

-Yo era librero, la editorial cumplió diez años ahora en agosto. Yo tenía experiencia vendiendo libros. Recién empezaba y no me creía un ser con mucha experiencia. Entonces en FILBA me tuve que hacer la experiencia solo. Cuando me dijeron “che, festival de literatura”, sinceramente no sabía lo que era un festival de literatura, podía imaginar, y me lo contaron, pero la verdad es que me tocó aprender rápido.

-El FILBA es un festival del cono sur: Chile, Argentina, Uruguay. Es decir es un festival de una parte de Latinoamérica, al menos en sus sedes. ¿Esta idea de ir ampliando las sedes responde a una concepción latinoamericana entendida como cono sur?

-Primó la cercanía. Una de las obsesiones que tengo es la circulación de los libros y de la literatura, entonces yo pensaba si traigo a Buenos Aires a veinte o treinta autores, tengo que encontrar a alguien en Chile que por dos mangos quiera compartir algunos gastos (cinco pasajes, diez o quince noches de hotel, depende de lo grande que lo quieras hacer). Viene un autor de España, bueno hay que conseguir un socio estratégico, que ha sido la Universidad Diego Portales, con la que este año renovamos un vínculo después de tres años. Creo que fue fundamental haber conocido a Catalina Labarca en la Feria Internacional de Guadalajara en 2012, ella estaba a cargo de los autores chilenos que ese año eran los invitados de honor. Y le propuse hacer FILBA juntos en Chile; ella me respondió que tenía una empresa con Carola Roa, y así empezó allá. Pero después se hizo cuesta arriba, porque al igual que en Argentina se hizo imposible conseguir sponsor, y concluimos en un momento: Ya está, no lo podemos hacer, nos vamos.

-Fue una noticia en Chile que no se hiciera el FILBA, no una noticia como la renuncia de un ministro, pero sí causó ruido en las secciones de Cultura. ¿Agotaste todas las posibilidades para evitar suspender la sede?

-Sí. Yo viajé con Gabi Adamo, estuvimos tres días; no podíamos pasarnos tres meses en Chile para ver si encontrábamos un sponsor. Nos juntamos con varias personas, privadas y de gobierno, y volvimos con muchas ilusiones, pero las respuestas fueron todas negativas y decidimos bajarlo. El festival en Chile no es caro, pero tampoco lo íbamos a hacer nosotros. Tenemos un montón de problemas en Argentina. Si Chile no ponía la plata –privada o pública–, no podíamos seguir sosteniéndolo. Probablemente no hayamos encontrado al interlocutor que cabía.

-¿Cuál es el impacto del FILBA Chile y en Uruguay y cuál es la diferencia que tienen con Argentina?

-El FILBA en Uruguay tiene un peso muy importante debido a que la plata destinada en cultura es mucho menor que en Chile y en Argentina. La Feria Internacional del Libro de Montevideo creo que el único autor invitado era Mario Bellatín y alguno más. Y nosotros vamos con cinco autores de renombre, y para Uruguay eso es muy pesado y muy importante. No pasa lo mismo en Chile, a la Filsa van un montón de autores. Y que se caiga FILBA le significa algo al mundo del libro chileno pero no le significa tanto como puede significar que se caiga en Uruguay, así como tampoco significa tanto que se caiga en Argentina. Me parece que FILBA se ha ganado un lugar muy importante acá, pero si no existiera no pasaría tanto, porque siempre vienen autores durante todo el año.

-¿Cuál es la diferencia con la Feria del Libro?

-FILBA organiza a los autores de una manera en la que vienen todos juntos: se les da luz, lo combina con otras artes, se anima a jugar. Y en la Feria del Libro, por contraste y por cosas lógicas, esto no se da, porque el centro está en los libros, en los stands. Yo siempre digo que el corazón de la Feria del Libro son los libros y al costado están los autores, y en el FILBA es al revés, el corazón son los autores y al costado están los libros.

-¿Instalar el FILBA en Buenos Aires fue más difícil que en Santiago o en Montevideo?

-No. El FILBA acá se instaló bastante rápido, de hecho el primer año creo que por desconocimiento de algunos sponsors nos apoyaron un montón, e hicimos unas carpas en la Plaza de Mayo. Además vinieron Lemebel, Gianni Vattimo, Castellanos Moya, Claire Keegan, Villoro, era como un desfile de autores buenos, sólidos, con toda esta estructura y con toda la potencia comunicativa de Malba. La gente pasó a decir: “Epa, qué pasó acá”. Después el 2009 no estuvo, entre 2010 y 2012 sufrimos un poco porque teníamos poca plata, mecenazgo funcionaba a medias y qué sé yo, pero más o menos la gente ya sabía que existía. Hace cuatro o cinco años dejé de explicar qué era FILBA.

-Sin embargo, todavía hay gente que todavía confunde FILBA con la Feria del Libro.

-Total. Y en eso asumo mi error que fue totalmente involuntario, que cuando estábamos pensando el nombre para el festival, pedí que me dijeran cuáles eran y por descarte optamos por FILBA. En todo caso, acá siempre se le dijo a la Feria así, la Feria. Yo en ese momento no tenía la editorial, con lo cual ni siquiera viajaba afuera, entonces la FIL de Guadalajara tampoco estaba en mi radar, y puse FILBA pero después durante cinco años nadie me dijo nada, ni siquiera la gente de la Feria porque tampoco ellos se dieron cuenta. Y de repente en Twitter encontrábamos en abril menciones: “Fui a FILBA y está buenísima”. Y yo decía: ¿Y esto? En un momento pensamos en cambiarle el nombre, pero laburamos tanto para instalarlo que ahí, respondiendo a tu pregunta anterior, costó un poco instalarlo de lo que yo creo. Por ahí a los diez años digo no, pero si me remonto a esos años obviamente sí, costó.

-¿Cuál es la particularidad de esta décima edición?

-Hablando para un medio chileno, la primera particularidad es que vuelve a Chile. Y después en lo que se ha avanzado mucho y que ya pasa a ser una marca es lo armado que está el programa, lo pensado que está. Antes era un poco más improvisado, lo que no quiere decir que no haya estado pensado, pero ahora el tema es la fiesta, y vos ves el programa y todo se cruza, sabemos en qué parte hablan de la fiesta, si lo hablan en negativo o en positivo, entonces me parece que la calidad y solidez del programa pasa a ser algo distintivo.

-Por último, en tres años de caída de la industria editorial argentina, tú has invertido fuera de Argentina. En Uruguay junto a Alejandro Lagazeta instalaste Escaramuza y ahora en Chile estás instalando con Hernán Rossi Big Sur. ¿Estos emprendimientos responden a diversificar para que no afecte tanto la crisis local?

-No, no lo hago por diversificar, después obviamente siempre eso suma y tener los huevos en distintas canastas, claramente si uno depende del riesgo de Argentina está bastante complicado, pero estas cosas también son un riesgo, implica un movimiento de plata, de capital, las cosas no se hacen gratis, pero tiene mucho más que ver con mi idea de hacer y de intentar expandir, que egoístamente esto a Eterna Cadencia le sirve un montón: tener una distribuidora de primera calidad en Chile y otra en Uruguay. Por ejemplo en Uruguay yo pasé a vender de 30 libros por mes a 250. ¿Entendés? Con estos emprendimientos Eterna Cadencia podría empezar a ganar plata por primera vez en su vida.

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