Culto
Migrantes y huachos: la nueva muestra de Juan Castillo

Migrantes y huachos: la nueva muestra de Juan Castillo

El artista inaugura hoy Huacherías /ni otro /ni na, exposición que se extenderá hasta el 4 de noviembre en la Galería Aninat.

Su primera migración fue dentro de Chile, cuando dejó su natal desierto de Atacama y llegó a Santiago. “Ahí me sentí como de otro planeta”, dice el artista visual Juan Castillo (1952). Más tarde, en 1982, viajó a Europa y se instaló a vivir en Suecia en 1986. “Las posteriores migraciones han alimentado mi vida, el encuentro con los otros es fundamental en mi trabajo”, añade Castillo sobre su propia experiencia.

Esas vivencias personales, así como el escenario migratorio actual en el mundo, lo motivaron a reflexionar sobre la migración, la identidad y el término “huacho”. En la muestra Huacherías /ni otro /ni na, curada por Carlos Javier Núñez, que se inaugura hoy en la Galería Aninat, presenta trabajos recientes que proponen n recorrido reflexivo en torno a estos temas.

La exposición, que se extenderá hasta el 4 de noviembre, reúne esquemas de sus trabajos investigativos, videos, y dibujos hechos con té y tinta sobre algodón. “Es un proceso que duró como un año y que fue creado especialmente para este espacio. Son reflexiones con respecto a la identidad”, cuenta el autor. Sin embargo, la muestra no solo es una invitación a reflexionar, sino que también “es una crítica a toda esta proliferación de trabajos en relación a los otros y la otredad, que me parece que más bien se ha transformado en una moda y no da cuenta del problema”, señala Castillo.

Con estudios de arquitectura en la Universidad Católica de Valparaíso, y grabado en la Escuela de Arte de la Universidad Católica de Chile, Castillo se transformó en uno de los nombres de la Escena de Avanzada de inicios de los 80, de la que también formaron parte artistas como Raúl Zurita, Diamela Eltit y Lotty Rosenfeld. Fue precisamente con ellos, y junto al sociólogo Fernando Balcells, con quienes integró el Colectivo de Acciones de Arte (C.A.D.A), que entre 1979 y 1985 realizó intervenciones públicas de disidencia política del régimen de Pinochet..

Desde sus inicios, Castillo ha trabajado con ideas-fuerza que retoma una y otra vez desde diferentes perspectivas. “Mi trabajo es una sola obra abierta que se va alimentando en los conceptos con los que trabajo”, dice. Por lo mismo, no es primera vez que aborda el tema de la identidad. En los años 90 realizó el proyecto Frankenstein, una proyección de un rostro formado por fragmentos de etnias de distintos lugares del mundo. “Un crítico en Suecia decía, ‘lo impresionante de este rostro es que puede ser el rostro de mi vecino’. No resultó un monstruo”, recuerda Castillo. Esa reflexión en torno al otro sigue presente en su obra. “Juan apunta a que no hay una verdad absoluta sobre quienes somos. Él habla desde una verdad incómoda para mucha gente, porque finalmente todos somos un poco Frankenstein”, explica Núñez.

Arte colectivo

Durante los últimos días, Juan Castillo visitó el desierto de Antofagasta para participar del Festival de Arte Contemporáneo SACO. Allí realizó una residencia con ocho artistas jóvenes, con los que trabajó durante 12 días. “Fue increíble. Volví a tener la vitalidad y las relaciones que de alguna manera yo sentía al interior del CADA”, dice.

A casi 30 años de la disolución del colectivo, Castillo valora el trabajo del grupo como una forma de apertura en los modos de hacer arte. “Una vez nos preguntaron si estábamos en contra de la pintura, en contra de los museos o de las galerías, y decíamos que no. Incluso que nosotros podíamos ocupar temporalmente una galería o un museo, pero que también pensábamos en Chile entero como un museo”, recuerda. Esos lugares fuera de los circuitos tradicionales del arte, piensa, son hoy un lugar para las prácticas de los jóvenes.

Así como trabajó con artistas emergentes durante la última semana, también lo hizo durante años con compañeros de generación de distintas disciplinas. Dos de ellas, la escritora y Premio Nacional de Literatura 2018 Diamela Eltit, y la artista visual Lotty Rosenfeld. Según Castillo, Eltit “tenía el premio largamente merecido. Ahora deberían darle el Premio Nacional de Artes a Lotty Rosenfeld”.

 

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