Culto
Franz Ferdinand en el Teatro Caupolicán: lo importante es bailar

Franz Ferdinand en el Teatro Caupolicán: lo importante es bailar

Franz Ferdinand son maestros de su propio estilo fresco y necesario, donde rockean con todo cuando se necesita, pero a la vez no se lo toman tan en serio.

Primero fue Slipknot en el velódromo en 2005, hace un par de semanas Kasabian en el teatro Caupolicán, y la noche del martes Franz Ferdinand en el mismo lugar, la misma sugerencia con gestos y palabras para un público completamente dominado y prendido: agáchense, aguarden y saltemos juntos, el gesto final y colectivo de una noche inolvidable. Alex Kapranos, el líder de la banda escocesa, recurrió a ese impulso cuando quedaba poco concierto y la fiesta estaba desatada hacía rato con la sala repleta y la sensación de que el tiempo había retrocedido a la década pasada, cuando vinieron por primera vez y experimentaron algo parecido a la beatlemanía en Chile.

Esta visita no era cualquiera sino un test con los nuevos integrantes Julian Corrie en teclados, guitarra y coros, y el guitarrista Dino Bardot, convocados para reemplazar a Nick McCarty, el multi instrumentista y compositor retirado hace un par de años. Siempre hay cierto romanticismo en torno a las alineaciones originales pero sin desmerecer el carisma y talento de McCarty, Franz Ferdinand se las arregla de lo mejor. Trajeron su excelente último álbum de este año Always ascending (2018), un peldaño importante para ser consagrados como verdaderos clásicos del rock con señas nítidas de recuperación y superación tras la salida del miembro original, y montaron un show de una solidez absoluta.

Franz Ferdinand son maestros de su propio estilo fresco y necesario, donde rockean con todo cuando se necesita, pero a la vez no se lo toman tan en serio y hay espacio para el gesto dramático con cierto sarcasmo donde Kapranos canturrea y se mueve como crooner, luego es un tembloroso pionero del rock, en otros momentos salta con su guitarra a piernas abiertas como si fuera a salir en un afiche, o baila sumido en un trance electrónico porque -y esto es importantísimo en esta banda-, lo que les conmueve es bailar. Antes te cortejan a la antigua, las canciones presentan un preámbulo como pasa en “The dark of the matinée” con su intro de vodevil que después desemboca en pista con luces.

Franz Ferdinand se siente tan seguro de su presente y a la vez se resiste a una temprana nostalgia, que abrió con la nueva “Glimpse of love”, seguida del bajo disco y la ambientación siniestra de “Lazy boy”, también del último álbum. A continuación y en perfecto hilo rítmico, un clásico: “No you girls”. El sonido era perfecto, lo mismo la ejecución y la reacción de un público que se sentía rejuvenecido. “Do you want to” trajo a la memoria el demoledor show en la Quinta Vergara en 2006 y dio pie a Kapranos a juguetear con el público repitiendo “lucky lucky, you’re so lucky” de lado y lado hasta que el teatro y la banda se unieron en un estallido fiestero. “Walk away” bajó las pulsaciones con esas guitarras retro y el romanticismo asociado ligeramente al sonido twang. Más adelante “Lucid dreams”, una de sus canciones más ambiciosas y logradas, nos devolvió al trance de tonos electrónicos.

Hubo más títulos nuevos como “Finally” y Slow don’t kill me slow”, la primera de un bis que incluyó un tema fuera del set list programado, “Outsiders”, del segundo álbum You could have it so much better (2005), un cariñito seguido de “The Fallen” y “This Fire”, para cerrar una visita musical que siempre se quiere de vuelta.

 

Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras