Culto
Alex Aillón, escritor y poeta boliviano, y el fallo de La Haya: “Pienso que es imposible para la conciencia de nuestros pueblos negar que aquí se cometió una injusticia”

Alex Aillón, escritor y poeta boliviano, y el fallo de La Haya: “Pienso que es imposible para la conciencia de nuestros pueblos negar que aquí se cometió una injusticia”

El poeta sucrense Alex Aillón no esperaba un resultado tan lapidario. Recién viene despertando de este “baldazo” que tiene a Bolivia, a su juicio, echa un tsunami. El editor del suplemento cultural Puño y Letra, ácido columnista y ahora poeta estandapero –está incursionando exitosamente en Sucre con un show llamado Ser negro en una ciudad blanca-, plantea como única salida que les va quedando una “justicia poética” que le devuelva este mar tan esquivo.

Autor de los libros Para leer al Pato Donald desde la diferencia, Pop y otros escritos y 4000, Alex Aillón Valverde (Sucre, 1969) en sus columnas que hablan sobre el conflicto marítimo entre su país y Chile, siempre ha intentado establecer una mirada conciliadora y más emotiva entre ambos pueblos, aunque no por eso no es firme respecto a su postura: “Sabemos que pedimos lo justo, lo mínimo, lo fraterno: un acceso soberano al Pacífico”, dice en uno de sus escritos que quedó seleccionado en el Premio Periodismo de Excelencia 2015 que entrega la UAH.

-¿Te sorprendió el fallo de La Haya?

-Sí, como creo que a la mayoría de los bolivianos, comenzando por sus élites políticas. En los últimos tiempos, gracias al primer fallo de La Haya y a la dilatada campaña desplegada en todos los frentes por el estado boliviano, pensamos que la decisión final sería a favor de Bolivia, aunque siempre estuve seguro que si bien este era un escenario posible, las negociaciones bajo este tipo de presión no hubieran llegado jamás a buen puerto.

Bolivia está echa un tsunami, me decías en un mail.

-Sí, el fallo de la Corte tuvo un efecto tsunami cuyo impulso hizo que sus aguas se elevaran a más de 4 mil metros sobre el nivel de nuestro encantamiento. Este tsunami, sin duda, vino a aguarle un poco la fiesta a Evo Morales (cuyo barco político, como dije en uno de mis artículos, hasta este momento, navegaba viento en coca), aunque no sé si de manera definitiva, tenemos los bolivianos maneras de sentir muy encontradas; y vino a despertarnos, de paso y con el mismo baldazo, a todos. ¿12 contra 3? ¡Pero qué carajos estábamos pensando!, pero aún más: qué carajos estaban pensando y haciendo nuestros representantes, nuestro equipo jurídico, para quedar así de mal parados. Indignante. Por supuesto, ahora que las aguas se han retirado un poco, comenzamos a ver y a digerir tímidamente qué es lo que ha sucedido en torno a este fallo histórico: qué se hizo bien, qué se hizo mal, qué se hizo peor.

-También hay bolivianos más desencantados que creen que el anhelo de recuperar el mar se perdió mucho antes.

-El problema es que como dice un escritor del oriente boliviano, Homero Carvalho, el mar es la verdadera religión de los bolivianos y los sumos sacerdotes son los gobernantes de turno, la reivindicación marítima es un dogma de fe y el que no cree en ella es un hereje. Más aún, este gobierno ha constitucionalizado este sentimiento: el Artículo 268 de nuestra Constitución dice que el Estado boliviano declara su derecho irrenunciable e imprescriptible sobre el territorio que le dé acceso al océano Pacífico y su espacio marítimo. Así que, como podrás ver, lo nuestro es una condena a largo plazo. Pero como dije en un artículo, estamos acostumbrados a esperar. Los bolivianos esperamos siglos y siglos para que las cosas cambien.

-¿Qué crees que pase ahora con Evo Morales luego de esta derrota? ¿Es el gran responsable de este resultado?

-Decir que Evo es el único responsable de esta derrota sería una simplificación en la que por supuesto muchos de mis compatriotas están dispuestos a caer con gusto. Sobre todo la oposición política que encuentra ahora un nuevo impulso para tratar de evitar que Morales vuelva a ser reelecto y que le pide que respete los resultados del 21F, cuando la mayoría de los bolivianos votamos no a su re postulación. Evo es uno de los responsables, por supuesto, pero también lo es todo el equipo que encaró la demanda, los ex presidentes, lo somos todos de alguna manera, todos los que caminamos encantados, como fieles creyentes, rumbo a este precipicio, a esta crónica de una derrota no anunciada. Ahora, hay mucha gente que ve a Evo también con admiración por lo que hizo, por plantar la cara, así se hayamos perdido.

-En una columna que escribiste a principios de este año, dabas a entender que la única justicia sería poética. ¿Tan poco esperanzado estabas?

-Tengo poca esperanza de que esto se arregle en los sistemas de justicia regulares o por nuestras clases gobernantes (siempre hay muchos intereses y nacionalismos en juego), tengo mucho más esperanza (aunque parezca tan vana e inútil) en que con el tiempo nuestros hermanos chilenos se den cuenta de la dimensión milenaria de nuestra cicatriz. Como dije en la columna que refieres, pienso en la gente sencilla, en todos los que, a través de su solidaridad, comparten con nosotros desde diferentes escenarios y rincones de Chile; la certeza de que hay una justicia más allá de esta justicia, y sufren ataques y persecuciones por quienes no pueden entender que existe, que debe existir, que es necesario que exista, un espacio donde la vida, pura y simple, nos acerque y no nos divida. La justicia poética ya está dada. Puede ser que el fallo de La Haya no favorezca a Bolivia, pero ha quedado claro que hay algo irresuelto. Pienso que es imposible para la conciencia de nuestros pueblos –por más esfuerzo que las narrativas históricas verticales y nacionalistas lo hayan intentado–, negar que aquí se cometió una injusticia y que hay que repararla de alguna forma.

-La Guerra del Pacífico es un trauma para la mayoría de los bolivianos. Pese a eso, decía hace poco Edmundo Paz Soldán, no es un tema que se haya colado en la literatura boliviana.

-Edmundo tiene razón, ya el escritor Adolfo Cáceres en un estudio al respecto había escrito que la imaginación y la creatividad bolivianas no se inspiran en las gaviotas, ni en las olas del mar, la arena o las embarcaciones y sus marineros, como parte de su ser; más bien las sienten desterradas, ausentes, cortando su acceso a esa y otras latitudes. Por eso existen ensayos, estudios abundantes sobre esta guerra, pero en mucho menor medida, novelas, poemas, cuentos. La ausencia de mar es una de las constantes en la literatura boliviana. Quizás una de las pocas novelas al respecto sea Guano maldito (1976) de Joaquín Aguirre Lavayen. En cambio, en poesía Oscar Cerruto grafica muy bien esta ausencia en los siguientes versos: “Mi patria tiene montañas, no mar/ Olas de trigo y trigales, no mar/ Espuma azul los pinares, no mar/ Cielos de esmalte fundido, no mar. Y el coro del ronco viento sin mar”. En teatro la obra Mar del Teatro de Los Andes, es otra importante pieza que da cuenta de lo dicho y, tengo entendido, que ha sido muy aplaudida en Chile en varias ocasiones.

-En otra columna, publicada en 2014 en The Clinic, decías: “Quizás los chilenos deberían preocuparse más por su situación. Nosotros lo estamos. Nos dicen que su mar en realidad no les pertenece. Que qué nos van a devolver si no lo tienen, si está privatizado”.

-Sí, esta es la historia. Un día llegó a Sucre el escritor chileno Marcelo Mellado, a quien no conocía. Nos hicimos amigos durante el tiempo que estuvo en mi ciudad. Allí, una de esas noches de bohemia, para variar, hablamos del mar. Y fue él quien me dijo que qué mar nos iban a devolver si ellos mismos no tenían mar porque este le pertenecía a unas cuantas familias chilenas y a unas cuantas transnacionales. Le dije: ¿En serio no tienen mar los chilenos? Qué pena, ni lo sabíamos. Uno pensaría lo contrario. Deberíamos disculparnos. Deberías llevarte un manual de nacionalización de esos que tanto nos gustan por aquí, a ver si lo recuperan. Y nos reímos. Y bueno, sabemos que algo hay de cierto en todo eso también.

-¿Quién ganó, al final, con este fallo?

-Ganaron los abogados (los abogados siempre ganan aunque pierdan), las delegaciones inútiles de funcionarios del Estado, los expertos y asesores, y todos los que hicieron millones a costa de este prolongado, triste, escabroso, proceso. Ganaron en Chile sus gobernantes, su clase dirigente tantas veces descaradamente racista, ganaron los que odian a Evo y no precisamente por las razones correctas, de un lado y del otro lado de las fronteras. Perdimos todos. Perdieron los pueblos.

-En Sucre, estás incursionando en el stand up poético con un show llamado “Ser negro en una ciudad blanca”. Uno pensaría que los poetas son más serios, sin mucho humor.

-La poesía generalmente tiene un modo de presentarse y ser tratada de manera muy seria, porque se trabaja con el lenguaje en su forma más intensa. Pero como hay poesía que trata el lenguaje y la realidad de manera “seria” también la hay, quizás en su forma menos frecuente, la que lo hace desde el humor. Gente como Leonard Cohen o James Tate son un gran ejemplo de ello. No es fácil lograr el humor en la poesía; es un arte mayor, en realidad. En la narrativa tenemos muchos más casos; uno de ellos, no te olvides, es el del gran Roberto Fontanarrosa, que decía que a él no le interesaba el Premio Nobel de Literatura y que tampoco le interesaban las definiciones que hicieran de él, que se conformaba con que alguien viniera y le dijera: “Me cagué de risa con tu libro”. El humor es lo único que ha salvado siempre al mundo. Un mundo que no ríe y no ve las cosas con humor, es un mundo que cae fácilmente en el fascismo. No existe un mundo tolerante, ni una sociedad democrática posible, si se ha perdido el humor. Además, no sé si estás de acuerdo, pero las lecturas de poesía son muy aburridas. Entonces, este es un intento por demostrar que la poesía puede llegar a un público mucho mayor arriesgando formatos diferentes. Me ha ido muy bien, por cierto.

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