Culto
Una campaña en 35 milímetros: los cineastas que dijeron No

Una campaña en 35 milímetros: los cineastas que dijeron No

Cinco meses antes de que en septiembre de 1988 comenzara la franja del No, la Concertación le encargó los clips de la campaña a una quincena de cineastas. Se ganaban la vida en la publicidad, soñaban con hacer un largometraje y trabajaban con o sin guión. No cobraron, pero ganaron por paliza.

Todo partió con una noche sin dormir. Fue la de Francisco Vargas, uno de los socios de Filmocentro, la compañía productora donde se concibió buena parte de los segmentos de la franja del No. Vargas tenía en sus manos la canción Chile, la alegría ya viene y había que ponerle cara. Debía hacer un clip que legitimara el contagioso potencial del jingle con música de Jaime de Aguirre y letra de Sergio Bravo. Ese video de dos minutos y 20 segundos debía tener el visto bueno de los políticos del No y, además, se transformaría en el sello audiovisual de los que buscaban derrotar a Pinochet con un lápiz y un papel.

El hombre de Filmocentro ideó una maqueta del clip tomando ejemplos de la publicidad de todo el mundo, desde propaganda institucional hasta avisos de marcas de gaseosas ni siquiera conocidas en Chile como Dr. Pepper. A la mañana siguiente se los entregó a un grupo de cineastas que no hacía películas, sino que publicidad en televisión. Eran, al menos, quince: Ignacio Agüero, Silvio Caiozzi, Ricardo Larraín, Carlos Flores, Cristián Lorca, Tatiana Gaviola, Pablo Perelman, Juan Carlos Bustamante, Patricio Bustamante, Joaquín Eyzaguirre, Arnaldo Valsecchi, Rodrigo Sepúlveda, Rodrigo Moreno, Fernando Acuña y Andrés Racz, entre otros.

“Las películas brillaban por su ausencia en Chile. ¿Con qué las íbamos a hacer? No había plata, a menos que uno juntara lo que se ganaba en publicidad”, recuerda Joaquín Eyzaguirre (1950), uno de los realizadores que trabajó en la franja. A él, que además le tocó rodar el famoso clip del Teatro Huemul con todas las celebridades por el No, también le resuena en la memoria algo que hoy le parece tragicómico: “Como uno no hacía cine, se decía ‘hice la última película de Rosen’ o ‘el nuevo filme de Coca-Cola’. Era un poco triste”.

El director, hijo de la actriz Delfina Guzmán y hermano del ex ministro Joaquín Eyzaguirre, había estudiado en la Escuela de Artes de la Comunicación de la Universidad Católica, por dónde pasó una cantidad no menor de los realizadores que estuvo en la franja. Y, como todos, hacía publicidad. “Trabajaba para McCann Erickson, haciendo comerciales de Coca-Cola”, recuerda el realizador de Tres noches de un sábado y El inquisidor.

“Muchos veníamos de la izquierda o, incluso de la ultraizquierda, y trabajábamos para publicistas, que en gran parte eran gente progresista. Nos entendíamos”, comenta también Carlos Flores del Pino (1944), conocido por sus cintas Descomedidos y chascones (1973) y El Charles Bronson chileno (1976).

El centro audiovisual de operaciones de la Franja del No era Filmocentro, la compañía de Plaza Ñuñoa que había grabado todos los discos del sello Alerce y que manejaban el mencionado Vargas, Jaime de Aguirre y Eduardo Tironi. Como Eyzaguirre, Flores del Pino también recibió la famosa maqueta de Francisco Vargas, pero además aportó con ideas propias. Esas creaciones no irían a parar al emblemático clip musical, sino que a otros segmentos de la campaña televisiva.

Recuerda en particular uno: “Estaba en el Café del Mulato Gil. Apareció Luis Gnecco y me dijo ‘¿Por qué no inventamos algo para la franja del No?’. Fuimos a un set medio ‘piñufla’ donde yo trabajaba y junto a Carlos Leppe (el reconocido artista visual fallecido en 2015) le pusimos a Gnecco un traje de bombero de un comercial en que yo había trabajado. En un momento Gnecco se pone a hacer payasadas y a gritar ‘nooooooooo’. Nos pareció re bueno y se lo llevamos a Ignacio Agüero, que era de los que dirigía la franja. Quedó”.

Libreteados e improvisados

El realizador Ignacio Agüero (1952), uno de los más importantes documentalistas chilenos y responsable de El diario de Agustín, era mandamás y obrero en la Franja del No: estaba entre los que coordinaba a todo el equipo creativo junto a Juan Enrique Forch y Eduardo Tironi, pero también hacía sus propios spots. Fue uno de los primeros cineastas en llegar a trabajar a la franja: antes de él sólo estaba el fallecido Ricardo Larraín (La frontera), quien a la larga supervisaría todo el videoclip de Chile, la alegría ya viene.

“Me llamaron más o menos 5 meses antes de la primera emisión. Creo que fue porque en ese tiempo yo era muy bien considerado como realizador de spots publicitarios”, recuerda Agüero. Y agrega: “Como cineasta había hecho No olvidar y Como me da la gana, pero aún no se conocía Cien niños esperando un tren, que se estrenó el 22 de septiembre de 1988”.

La franja del No era una mezcla virtuosa de publicistas y cineastas, de planificación e improvisación. Si el videoclip maqueteado por Francisco Vargas y supervisado por Larraín era una prueba de lo primero, el bombero de Gnecco era un ejemplo de lo segundo. “El spot de Carlos Flores con Luis Gnecco no se discutió en ninguna parte. Ellos lo inventaron, lo grabaron y lo enviaron a la franja”, recuerda Agüero, a quien le tocó desarrollar dos segmentos: el de las mujeres de la Agrupación de Detenidos Desaparecidos que bailan una cueca sola y el del lápiz que marca No en el voto.

Al mismo Carlos Flores le asignaron otro pasaje audiovisual por encargo: el de las manos en la corbata. Era una burla al look de Pinochet, que en esa época lucía un renovado aspecto de civil con una perla en la corbata roja. “Teníamos que encontrar unas manos grandes que trataran de ponerse ridículamente la perla. Finalmente el que tenía esas manos era el actor Tennyson Ferrada. Él es el del spot”, cuenta Flores.

Otro de los episodios que ya estaba escrito fue el famoso pasaje de la “señora de la taza de té”. En él, la “señora Yolita” entraba a un almacén de barrio y compraba dos marraquetas. Cuando el vendedor, “don Aníbal”, le preguntaba si iba a llevar además una o dos bolsitas de té, ella abría la chauchera, comprobaba que no tenía un centavo y respondía “sólo una”.

Fue dirigido por Pablo Perelman (1947), que un año antes había hecho la celebrada cinta Imagen latente. “Nos demoramos un día y la historia ya venía hecha. Igual que el casting”, dice Perelman. “Una de las cosas más notables de ese episodio es la fotografía, de Patricio Bustamante. El y su hermano Juan Carlos dirigieron bastante en la campaña”, recuerda.

Los hermanos Bustamante, nacidos en Talca y responsables de filmes como El maule (1983) e Historias de lagartos (1989), realizaron todas las escenas rurales del clip de La alegría ya viene y el spot del último día de la franja, cuando varios jinetes se pasan la bandera chilena. “Ese quedó particularmente bueno. Lo hicimos en el Cajón del Maipo. Pero también filmamos en Melipilla, en Talca, dónde hubiera árboles o campos floridos”, recuerda Patricio Bustamante, que junto a su hermano registró además en los terrenos de su propia familia.

Sin odio, sin violencia

El cineasta Silvio Caiozzi, quien prefirió no hablar en este artículo, afirmaba en una entrevista del año 2003 que nunca los cineastas chilenos habían estado tan unidos por un objetivo en común como en el período de la franja del No. Además, en la gran mayoría de los casos, no hubo remuneración, a diferencia de los profesionales de la publicidad de la franja del Sí.

El clip musical de Chile, la alegría ya viene coordinado por Ricardo Larraín, es el ejemplo perfecto de varios directores aportando sus miradas, sus recursos y sus convicciones. Qué después aquel pasaje audiovisual pareciera hecho de un sólo plumazo y por un solo director habla del talento de Larraín, pero también de la relación entre los propios cineastas. Todos se conocían. Pero más importante: todos creían en lo que hacían.

“Yo había sido asistente de Ricardo Larraín y estaba empezando a hacer publicidad”, comenta Rodrigo Sepúlveda (1959), director de Padre nuestro (2006), entre otras películas. “Filmé el segmento del puente Racamalac, que cruza el río Mapocho, donde está el muchacho que baila. Pero así como yo hice eso, a mí también me filmaron. Por ejemplo, Silvio Caiozzi me grabó mientras yo representaba a un rey al que se la cae la corona”, dice Sepúlveda.

El director también estuvo a cargo de pasajes hechos en Valparaíso y de las grabaciones de Florcita Motuda en La Moneda. Antes que nada, dice, se filmaba con ciertos mandamientos bajo el brazo: “Habíamos quedado de acuerdo en registrar emociones o gestos nobles como el reencuentro, el abrazo o la sonrisa. Había que evitar los ataques. Muchas de estas herramientas las habíamos aprendido en la misma publicidad”.

En estricto rigor eran los métodos de cierta escuela en el avisaje, pero también había un concepto fraternal previo. “Teníamos varios estudios y focus group desde al menos 1987 que avalaban hacer una campaña integradora y positiva, evitando la confrontación”, recuerda Eugenio Tironi (1951), jefe de contenidos en la franja del No. “Los publicistas y los cineastas entendieron eso perfectamente. El único brote en contra vino en un principio de los políticos: no todos estaban de acuerdo en que la campaña fuera en ese tono amable”, agrega el director de la consultora Tironi.

A fin de cuentas el esfuerzo de cineastas y publicistas (entre estos últimos, además, Eugenio García) tuvo que luchar siempre contra la obvia connotación nefasta de la palabra “no”. Fue todo lo contrario a lo que hizo la competencia: los responsables del Sí, liderados por el publicista argentino Marcelo López, apostaron a la campaña beligerante.

Los errores del Sí en la televisión no se acababan ahí. “Tenían relatos testimoniales llenos de cortes, picoteados por todos lados. Y una regla básica de publicidad es que los testimonios deben ser en un sólo plano para lograr convencer”, recuerda Arnaldo Valsecchi (1950), otro de los cineastas que trabajó en el No a través de su productora Valcine. “Además eran spots agresivos. Se dedicaban a atacar al No, dándole importancia. Es una actitud de secundones. Es como Pepsi agrediendo a Coca-Cola”, agrega el realizador nacido en Italia. Para rematar, mientras los directores del No privilegiaban el celuloide (es decir el cine, los gloriosos 35 milímetros), los responsables de la franja del Sí recurrían mucho al video y a formatos televisivos de mala calidad visual, como el u-matic.

El tono inclusivo de la franja del No también es resaltado por Jaime de Aguirre (1952), actual director de TVN y ex socio de Filmocentro: “Para empezar, nos jugaba en contra la palabra ‘no’. Había que convencer que se debía votar por un concepto intrínsecamente negativo. Por eso nuestra franja debía ser inclusiva y optimista, tenía que ser transversal y transmitir alegría”. Y además, subraya: “No nos podemos olvidar tampoco que el slogan de ‘la alegría ya viene’ vino de la idea publicitaria original de Eugenio García”.

Jaime de Aguirre, responsable musical de la franja, fue también quien sugirió que no se usaran instrumentos como charangos, quenas y zampoñas. “Sabíamos que la campaña debía ser inclusiva y abierta y por eso decidimos, en forma muy consciente, hacer una música más cercana al pop”, comenta De Aguirre.

La franja de “la alegría ya viene”, eliminó para siempre de su reparto al sospechoso charango, pero le dio la gloria al lápiz, al papel y al voto. Eso era lo que presentaba el clip de Ignacio Agüero. Fue también la hora del trabajo en equipo, sin líderes absolutos. “La frase de ‘sin odio, sin miedo, sin violencia, vote no’ es de un señor llamado Jorge Olalla. Carlos Flores la encontró buena y la andaba contando. Así se me ocurrió ese spot: fue un texto que no fue pensado por los publicistas de la franja y que terminó siendo muy importante”, cuenta Agüero. Pero antes que nada y después de todo, fue la creación de un grupo de personas que no trabajaba para un cliente con dinero, sino que por el futuro de su país.

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