Culto
Alberto Fuguet: “Tengo memoria de la gente que me odió, atacó y desechó”

Alberto Fuguet: “Tengo memoria de la gente que me odió, atacó y desechó”

El autor de Mala onda publica Cuentos reunidos, volumen que agrupa sus relatos de Sobredosis y Cortos con textos inéditos. Anuncia un nuevo libro sobre el género y una autobiografía literaria.

Cuando terminó la lectura, Alberto Fuguet (1964) se derrumbó. Era un jueves de 1990 y el escritor se encontraba en la redacción de la revista Wikén, donde trabajaba. Alguien del equipo leyó en voz alta la crítica de Ignacio Valente que saldría ese fin de semana en El Mercurio y que estaba dedicada a su primer libro, Sobredosis. El volumen de cuentos era la novedad literaria de la fecha y notoriamente encontraba respuesta en los lectores. Pero Valente, seudónimo del sacerdote Opus Dei José Miguel Ibáñez, no tuvo misericordia.

El crítico condenó el libro con vehemencia, así como el ambiente de jóvenes, violencia y excesos que retrataba. Y redujo el contenido a un aluvión de “garabatos, de obscenidades, de giros coprolálicos y adjetivaciones y metáforas de orden sexual” nunca antes visto en Chile. “Estoy de acuerdo”, dijo una de las colegas de Fuguet.

“Se me cayó la cara”, recuerda hoy el autor. La crítica fue como la peor resaca después del lanzamiento mediático de Sobredosis, en una disco del barrio Suecia. “Al principio me dolió el alma, lloré”, dice Fuguet. “Después me llamó (José) Donoso y me dijo ‘yo sé que estás mal, pero esto es lo mejor que te puede pasar, sobre todo porque escribieron bien tu apellido’”.

Donoso tenía razón: la crítica moralizante de Valente jugó a favor del libro y Sobredosis (que originalmente se titulaba Deambulando por la orilla oscura) se convirtió en un éxito de taquilla que empujó incluso a a la primera novela de Fuguet, Mala onda. Catorce años y varias novelas después, el autor publicó Cortos, libro que fue precedido de dos controversias: la primera se originó por la antología McOndo, o más bien por el prólogo donde Fuguet decretaba provocativamente la muerte del realismo mágico y proclamaba una Latinoamérica conectada, pop y global. La segunda tuvo que ver con su foto en la portada de revista Newsweek como líder de la narrativa latinoamericana.

Respetado hoy por la crítica, con una obra literaria y cinematográfica de perfil propio, Fuguet rescata sus dos volúmenes de relatos más un conjunto de textos dispersos e inéditos en Cuentos reunidos. En ellos pueden leerse los temas, obsesiones y el mundo íntimo que luego aparecería en sus novelas.


Sobredosis fue un éxito, pero a Ud. no le gustó el título ni el éxito…

– Me asustó, me aterró, me dañó y no pude procesar el bullying. Y el título no era mío y la portada no me gustó pero bueno: era un autor nuevo. No sabía nada de nada. Yo pensé que iba a ser bien recibido por la crítica y nadie lo iba a leer. Era el plan perfecto. Fue al revés. Pero Sobredosis fue un debut con el que me he reconciliado. Mucho. Es un libro raro. Es jugado. Hay de todo, desde cuentos políticos hasta fantásticos. Mi editor es fan de Sobredosis y gracias a él lo leí y me reconcilié. Luego sufrió el dejar de ser literario para pasar a ser un libro escolar. Se transformó en un libro teen, para chicos. Yo creo que lo es pero también es otra cosa. Es un libro que capta su época y que los cuentos funcionan. Al formar parte de este conjunto mayor, con otra portada incluso, se leen de manera más literaria. Es como si nacieran de nuevo. Cuentos que ojalá abran ojos y toquen corazones y te hagan pensar y ojalá tengan personajes. Y creo que en todos ellos hay hartos personajes: Rocío y la amiga peladora, Miguelo, el Macana. En Cortos los cuentos son más novelados y pensados y procesados y creo que conversan muy bien con los demás. Antes de reunirlos quisimos ver si podían estar todos juntos en una misma fiesta o barco o avión y la verdad es que sí.

– El primer cuento, Deambulando por la orilla oscura, fue premiado en un concurso que tenía de jurado a Diamela Eltit. ¿La conocía? ¿La conoce?

– No la conozco, no de verdad. La he leído, por supuesto, y la vi una vez en un aeropuerto, algo raro. Esperábamos un avión en JFK en NY y esa fue, nunca lo he dicho, la inspiración del comienzo de mi novela Aeropuertos, aunque todos son adolescentes y parte en Cancún. Me hubiera gustado ser su alumno. Para mí fue muy importante y creo que influyente un libro de ella llamado Puño y Letra. Y Mano de obra lo subrayé entero. Generalmente las personas muy inteligentes no son capaces de crear mundos; creo que la Sontag falla en la ficción. Diamela, en cambio, no.

– “Soy claramente un autor McOndo”, dice en el prólogo del libro. ¿Qué quiere decir? ¿Cómo lo afectó la discusión que instaló?

– Y es que sí, lo soy. Sería penca negarlo. Creo que soy más que eso. Pero es cierto. Es más: casi todo el mundo lo es. Sin que lo sepan o quieran aceptar, incluso me atrevo a insinuar. Dicho de otra manera: hay pocos criollistas, poco realistas mágicos. Casi nadie menor de 55 anda en proyectos tipo Boom ni le tienen pánico a lo pop o al cine o la tele. Quiero decir: soy hijo de Manuel Puig. Hijo de un desliz de Puig. Vengo de esa estirpe. Y si: me afectó la discusión. A mi me afecta todo pero se me pasa. Me afectó que me odiaran o pelaran, que me leyeran, que me ningunearan, que hueviaran con mis orígenes o sexualidad o por supuestamente ser cuico. Sí creo que escribo de un mundo burgués. Siempre lo digo y siempre me lo recuerdo: lo importante es conectar. El ruido de McOndo el 96 me desconectó, se leyó mal a propósito, quisieron verlo como un grito neoliberal y no lo era. Me quedé callado siete años. Así que sí: me afectó. Tengo memoria de la gente que me atacó, odió, desechó. Tengo buena memoria. No olvido y debería ser capaz de perdonar pero me cuesta. No recuerdo lo que escribo pero me acuerdo de los ataques. ¿Eso lo cuento en el prólogo? Ni me acuerdo lo que escribí ahí pero lo del prólogo fue una experiencia. Fue alucinante. Ahora sí deseo escribir una suerte de autobiografía literaria (más que cinéfila).

– Salió en la portada de Newsweek y gracias a ello firmó un contrato importante en EEUU. Parece que hoy lo lamentara.

– La literatura funciona en el velador. En la cama. Ahí es donde se lee: en buses, en el metro, en hamacas, en plazas. No importan portadas, fotos, contratos, premios. Eso pasa. Es algo que yo no busqué y todo decían que sí. Hoy el mundo es de nichos y yo soy de nicho. Ni para todos ni el único. Me represento a mí y quizás a algunos que enganchan o conectan con lo que hago. No me siento cercano a los super agentes ni al Boom y a esa vaina, como dicen los colombianos. De ahí salió Sudor… El rollo de Newsweek es que intentaron que quedara como símbolo: este huevón o este huea es el niño símbolo; este autor representa a todos los demás. Así se escribe hoy en América Latina. Mentira. Así escribo yo. Un periodista local me preguntó: cómo lo conseguiste. Eso dolió, fue un combo duro. Supe de todo: que fue por sexo, que la CIA, que le servía a los intereses de Bush hijo. Bolaño debió ser portada pero aún no estallaba en el panorama internacional. Igual tengo la portada en mi casa, enmarcada. Es cool y me veo bien. Pero es mejor no aparecer en portadas y es mejor -capaz- no ganar premios. Sí es bueno ganar almas, lectores, tener obra, como decía Caicedo. Yo espero ser recordado por mis portadas, por mi libros, por mi prosa. Pero aún el partido se sigue jugando.

– Cuando mira el conjunto de sus cuentos, ¿qué ve?

– Me veo yo. De manera transparente. Expuesto. Más que en aquellos libros que dicen donde muestro más de lo necesario, veo una obra. Veo un mundo. Capaz que un planeta: mi planeta. Veo coherencia, tics, obsesiones. Soy yo, es lo que escribo. Están las semillas de todos los libros posteriores y las películas.

– ¿Segurirá escribiendo cuentos?

– Ahora sí. Me dieron muchas ganas. A diferencia de Sobredosis y Cortos, ahora ando en un libro que está concebido desde el principio como un libro de cuentos Esa una apuesta. Veremos.

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