Culto
Mudcrutch: el principio y el final de Tom Petty

Mudcrutch: el principio y el final de Tom Petty

El cantautor norteamericano rescató su olvidada primera banda en el tramo final de su carrera. Terminó siendo su último legado musical.

“Solíamos bailar Lynyrd Skynyrd”, es un verso muy Tom Petty. Uno que hace referencia a su orgullo y nostalgia sureña, de las muchas veces olvidadas realidades del sur de Estados Unidos. La línea es parte de “Trailer”, la canción que abre su álbum Mudcrutch 2 (2016), junto a Mudcrutch. Un tema que encapsula el mundo y la idiosincrasia a la que Petty le cantó toda su vida: la dicotomía entre el optimismo por el sueño americano, y la melancolía de saber que es un ideal imposible. Una canción que evoca humedad, desamores, rednecks, cuellos azules y la añoranza de una vida distinta.

Mudcrutch 2, una verdadera oda a la música tradicional norteamericana (saltando del country al blues y al rockabilly) es también la involuntaria carta de despedida de Petty. Fue el último álbum que grabaría en vida antes de morir un año después. La azarosa historia provocó que el cantautor cerrara su carrera de la misma forma que la empezó: junto a Mudcrutch.

Pocas biografías en la música norteamericana son tan particulares como las de ese grupo. Y probablemente no se pueda encontrar a otra banda que haya tardado tanto en tener su debut discográfico. Petty formó Mudcrutch junto al guitarrista Tom Leadon (hermano del fundador de los Eagles, Bernie Leadon) en 1970, y su historia podría haber sido sólo de frustraciones; poco más que la banda de amigos del colegio que, a pesar del empeño, nunca termina de despegar. Con Petty en el bajo y las voces, Leadon en guitarra (hasta 1973), y sumando al baterista Randall Marsh, el tecladista Benmont Tench y el guitarrista Mike Campbell, Mudcrutch nunca alcanzó la popularidad fuera del circuito de su natal Gainesville, Florida, y el mudarse a Los Angeles con tal de explotar en la industria discográfica resultó ser una decisión fatal: un sencillo de bajas ventas publicado bajo el sello Shelter (mismo que editaría posteriormente los primeros discos de The Heartbreakers), terminó haciendo que la discográfica despidiera a la mayoría del grupo, dejando sólo a Petty bajo su alero. El cantautor (que por entonces había saltado del bajo a la guitarra como instrumento predilecto), rescató a Tench y Campbell para formar The Heartbreakers, y el resto es historia.

El resto de los miembros de la banda se retiró hacia una vida distinta: Leadon intentó navegar la industria de los años 70, pero terminó dedicándose a enseñar guitarra, mientras que Marsh también tuvo una breve carrera que también decantó en lo académico y el trabajo ocasional de sesión.

Probablemente nunca nadie más hubiera mencionado a Mudcrutch más que un breve apéndice en la biografía de Petty; un dato sólo para conocedores, no muy distinto a The Hype en el caso de U2 o Indian Style en la vida de Eddie Vedder. Pero, para suerte de sus compañeros, si hubo alguien quien no olvidó a Mudcrutch fue el mismísimo Petty. En 2007, el músico contactó a Leadon y Marsh, y junto a Tench y Campbell decidieron grabar el postergado álbum debut del grupo. El resultado fue el disco homónimo que nunca se escuchó, el que podría haber sido el verdadero debut de Petty en la industria discográfica. Mudcrutch (2008), que incluye algunos de los temas compuestos por la banda en los años 70, se escucha como la libertad de un grupo de cincuentones sin la presión de triunfar (principalmente porque Petty por sí mismo ya no lo necesitaba), simplemente disfrutando de saldar su deuda pendiente. Petty honra el espíritu original de la banda, tocando sólo el bajo, lo que permite destacar a Leadon, un verdadero as perdido de las seis cuerdas: su trabajo en el cover de la canción tradicional “Shady grove” que abre el disco, intercambiando notas con Campbell, es simplemente sublime.

Si el debut fue una versión más desnuda de la música que Petty haría con los Heartbreakers, más afianzada en las raíces, Mudcrutch 2, publicado ocho años más tarde, resulta un testamento distinto: una visión a cómo habría sido la carrera de Tom Petty si es que Mudcrutch y no The Heartbreakers hubiera sido su historia de triunfo. Se mantiene la búsqueda de explorar sus raíces musicales de su trabajo anterior, pero a diferencia del disco debut, Mudcrutch 2 está evidentemente más producido, y resulta más contemoráneo en sus melodías.

Hay más elaboración, desde los tintes sicodélicos de “Beautiful blue” hasta el cierre épico con la extensa “Hungry no more”, que de paso, es la conclusión de la carrera de Petty. “Este pueblo rompió mi corazón, y siguió adelante como si nada hubiera pasado”, canta el estadounidense, para asegurar en una declaración de principios: “pero ya no voy a estar hambriento”. Su deuda estaba saldada, su carrera terminaba como empezó: un último canto a ese sur que evoca tanta añoranza como frustración. Su último verso en la canción resulta casi profético: “Que nadie llore por mí. El mundo seguirá girando de alguna manera”.

Sobre el autor:

Matías de la Maza |
Periodista de La Tercera.