Culto
Diamela Eltit: “Hay que pensar de manera mucho más igualitaria”

Diamela Eltit: “Hay que pensar de manera mucho más igualitaria”

Ayer la autora de Lumpérica se convirtió en la quinta mujer en recibir el Premio Nacional de Literatura, frente a 49 autores hombres. Distinguida por unanimidad, se impuso a Hernán Rivera Letelier en la deliberación final.

Era primera vez que el Premio Nacional de Literatura lo otorgaba el nuevo Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Ayer, pasadas las 11.30, el jurado se reunió en la sala Ercilla, en el segundo piso de la Biblioteca Nacional. Y la deliberación se extendió por casi 90 minutos.

Había expectación en el ambiente. Oficialmente se presentaron 11 candidaturas al galardón. No llegó el rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi, quien está fuera del país. Lo reemplazó Rafael Epstein, quien se sumó al jurado que integraron María Eugenia Góngora, en representación de la Academia Chilena de la Lengua; Jaime Espinosa, rector de la UMCE, por el Consejo de Rectores; el poeta Manuel Silva Acevedo, último ganador, y la ministra Consuelo Valdés.

“Estamos muy contentos y orgullosos, se revisaron los méritos de tu trabajo, eres una generadora de lenguaje, con temáticas muy coherentes, constante y creativa”, le comentó al teléfono la ministra a Diamela Eltit (69) para contarle por qué la eligieron por unanimidad como Premio Nacional de Literatura 2018.

“Le dedico el premio a mi madre y a mi abuela”, dijo más tarde la autora de novelas, relatos y ensayos, quien se encuentra en EEUU. Eltit es académica de la UTEM en Chile, y hace una década de la U. de Nueva York, donde reside entre septiembre y diciembre.

“También hemos apreciado tu labor docente y el reconocimiento que has tenido de tus pares tanto en el país como en la comunidad internacional. Eres la quinta mujer que recibe este galardón”, señaló la ministra Valdés. “Te antecede Gabriela Mistral (1951), Marta Brunet (1961), Marcela Paz (1982) e Isabel Allende (2010)”.

“Es una noticia emocionante e importante”, comentó Eltit al teléfono, en una llamada entrecortada. “Las mujeres escritoras debemos considerar y mantener una mirada muy atenta a estas asimetrías de género que acechan a la mujer en todos sus ámbitos”, agregó la autora de Mano de obra sobre un galardón que desde su creación, en 1942, ha premiado a 49 hombres y a 5 mujeres. Eltit recibirá una mensualidad equivalente a 20 UTM ($ 940 mil) y $ 20 millones.

Hasta 2016 el premio lo entregaba en agosto el Ministerio de Educación. El actual jurado se reunió en dos ocasiones: cuando se constituyó el mes pasado y la mañana de ayer.

“Hernán Rivera Letelier y Eltit fueron los finalistas”, comentó el poeta Silva Acevedo, quien destacó la obra de Eltit: “Es atrevida, valiente, ella debe ser la más brillante de su generación. Eso sí no escribe fácil, es difícil de penetrar su narrativa”. Y sobre Rivera Letelier (68), observó: “Reconocimos el inmenso aporte de un escritor que pone en el imaginario internacional a la pampa salitrera. Pero su obra y él son jóvenes”.

Ayer la ministra Consuelo Valdés fue clara al hablar de los criterios que se establecieron para otorgar el premio: “Calidad, constancia, trayectoria y la entrega de un lenguaje nuevo”.

“Estoy contenta con la noticia. No sabía qué iba a pasar, pero cuando sonó el teléfono desde Chile ahí pensé que me lo había ganado. Es sin duda algo positivo porque el Premio Nacional tiene una historia poderosa”, señaló más tarde Eltit.

Reclamo popular

Estudió Pedagogía en Castellano en la UC a fines de los 60. En la década siguiente, Diamela Eltit hizo un posgrado en el Departamento de Estudios Humanísticos de la U. de Chile. Por entonces pareja del poeta Raúl Zurita, ambos formaron el grupo CADA junto a los artistas Lotty Rosenfeld y Juan Castillo.

En paralelo a las acciones urbanas, Eltit trabajó en su primera novela Lumpérica, publicada en 1983. El título se rebelaba contra el régimen militar y logró superar la censura con un permiso del Ministerio del Interior. Esa información forma parte de los documentos, manuscritos y fotografías de la autora adquiridos por la U. de Princeton, en 2013.

En los 80, Eltit hizo clases de Castellano en colegios, enseñaba la antipoesía de Nicanor Parra y la prosa de Manuel Rojas, y mantenía una labor narrativa marginal. Mientras colaboraba en revistas, participaba en protestas, y en la organización del primer Congreso de Literatura Femenina de Santiago (1987).

“Lo más complejo que me sucedió en los 80 fue publicar mi primera novela. Yo sabía que la escritura no era inocente”, recuerda Eltit. “Con el CADA lo más desafiante creo fue la construcción e inscripción del NO +. Un signo que hasta hoy tiene resonancia, por ejemplo, con el NO + AFP”, agrega.

Con la llegada de la democracia en los 90, Eltit ejerció como agregada cultural en México y más tarde se casó con el político Jorge Arrate. También por esos años hizo trabajos en conjunto con la fotógrafa Paz Errázuriz, como el libro El infarto del alma (1994).

En su obra de los 90, Eltit abordó el cuerpo femenino como un territorio político y comenzó a describir la violencia de la sociedad de consumo, el mercado y el poder político, desde la perspectiva de los menos favorecidos, en títulos como Los vigilantes (1994), Fuerzas especiales (2013) y Sumar (2018). En esta última novela narra una gran marcha de vendedores ambulantes.

-¿Qué opina cuando dicen que su narrativa es compleja?

No lo sé. No tengo idea, los libros son misteriosos, hacen sus propios viajes y bueno, yo he hecho la literatura que he hecho. Mis libros han viajado por su cuenta y eso es interesante.

-¿Y sobre el tema de género en la elección?

Hay que pensar de manera mucho más igualitaria. Lo importante es reconocer que escribir es un trabajo no solo intelectual, sino físico incluso. La superficie literaria no debe hacer diferencias entre hombres y mujeres, debe ver una escritura.

-Recibirá el premio de Sebastián Piñera. Ud. llamó a no votar por él…

Lo recibiré desde el lugar que él representa, es el Presidente de la República. El sabe mi posición clara como el agua. Cada uno sabe lo que representa el otro.

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