Culto
Killing Joke: llegan los  desconocidos reyes del rock británico

Killing Joke: llegan los desconocidos reyes del rock británico

El cantante dirige orquestas. El bajista es un productor famosísimo que hace dúo con Paul McCartney. Nirvana les robó. Jimmy Page y Metallica son fans. Killing Joke, entre las bandas más influyentes de Inglaterra, debuta en Santiago esta noche.

“¿Quieres ser miembro de Killing Joke? Publicidad total. Anonimato total. Explotación total”. El anzuelo publicado en 1978 en la revista Melody Maker por el cantante Jaz Coleman y el baterista Paul Ferguson, fue mordido por el guitarrista Geordie Walker y el bajista Martin Glover. 40 años después la alineación clásica arriba este jueves a las 22 horas en la discoteque Blondie, celebrando una biografía increíble que los instala entre los grupos más venerados en la élite del rock. Se les considera padres del género industrial y son citados como influencia directa por Faith No More, Soundgarden, Metallica y Nine Inch Nails, entre varios pesos pesados. Jimmy Page asistía a sus shows encantado por el poderoso sonido de Walker y el sentido tribal “realmente intenso” del conjunto. Killing Joke, el debut homónimo de 1980, aún es un mazazo insuperable de post punk con metal, electrónica y pulsaciones bailables.

La bitácora del cuarteto es novelesca. Jaz Coleman, el líder de registro único, melódico y gutural, podría ser banquero. Estudió finanzas durante tres años en Suiza, sin embargo es músico desde niño instruido primero en piano y violín, para más tarde integrar los conservatorios de Leipzig y El Cairo. Esa educación fue la semilla para convertirse en un reputado director de orquesta a nivel mundial, apuntado como ”el nuevo Mahler”.

Coleman separó ambos mundos tras una crisis que le hizo viajar a Islandia abandonando a Killing Joke en 1982. En su momento corrió el extravagante rumor de una huída motivada por una profecía apocalíptica nacida de su interés en el ocultismo. Según su versión, se marchó porque “estaba tan aburrido de la industria del rock and roll”.

Tras una década de estudios de música docta comenzó a alternar entre ”la mejor bestia desenchufada” como define a las orquestas, y su banda. “Mi música clásica es más romántica y se trata de crear una realidad más deseable, mientras que Killing Joke es realmente catarsis”.

La banda registró altibajos en los 80. Se movió hacia el gótico y después coqueteó con un pop que les valió el rechazo de los fans. Hubo cambios de integrantes pero el equipo entre Jaz Coleman y Geordie Walker continuó inquebrantable. Tras la muerte del bajista Paul Raven en 2007, miembro de Killing Joke durante largos periodos, Martin Glover volvió definitivamente. Al igual que Coleman, Glover también tiene una relevante carrera aparte. Bajo el seudónimo Youth, es uno de los productores más reconocidos de la escena británica. Entre decenas de colaboraciones figura en los créditos de Urban hymns (1997) de The Verve, con Paul McCartney saca de vez en cuando interesantes álbumes bajo el nombre The Fireman, y es uno de los cabecillas de la escena electrónica inglesa de inicios de los 90, forjada en parte por su afición al dub, el género que apasiona a los miembros de Killing Joke. La banda también se siente hermanada por la bebida. “No somos alcohólicos, somos borrachos”, aclara Coleman.

Tras una ausencia discográfica de seis años, en 2003 Killing Joke editó un título homónimo -uno de sus mejores álbumes- con Dave Grohl en batería. Su presencia cerró una vieja polémica: el robo a mano armada que Kurt Cobain había hecho del riff de “Eighties”, un antiguo hit de Killing Joke, para componer “Come as you are”. Hubo amenazas de demanda mientras la oficina de Nirvana negaba que el grupo conociera a Killing Joke. Curioso. El trío de Seattle les había enviado una postal de navidad.

A sus giros estilísticos con un sonido que se ha endurecido, se suma un historial de portadas controversiales, reflejo de una mirada crítica y alienante de la sociedad. Jaz Coleman no confía en la democracia -“una carrera de dos caballos (…) manejados por el mismo dueño del establo”, y tampoco en los manejos de la economía mundial. “Cualquiera que esté interesado debería estudiar Tragedy and Hope, del profesor Carroll Quigley. ¡Muestra quién pagó por cada guerra y por qué! (…) descubres al final cómo doce casas de familias -casas de bancos- manejan todo el maldito lote ¡Deberían ser colgadas!”.

Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras