Culto
Vicente Bianchi: “Soy un viejo que quiere que los jóvenes se interesen por la música chilena”

Vicente Bianchi: “Soy un viejo que quiere que los jóvenes se interesen por la música chilena”

El 17 de julio de 2011, el pianista, intérprete y compositor de entonces 91 años acababa de publicar el disco 'Con su piano a los 90'. En la entrevista publicada originalmente en La Tercera, el músico recordó su trabajo con Violeta Parra y se refirió al Premio Nacional de Artes Musicales que aún no recibía.

No le hizo caso. Porque estaba preocupado de otras cosas y pensó que había tiempo suficiente. Pero cuando Hely Murúa falleció en febrero de 2010, sólo cuatro días antes del terremoto, Vicente Bianchi (91) entendió de golpe y a sus entonces 90 años de edad, que había llegado la hora de pagar una inesperada deuda con la que todavía llama “la mujer de su vida”. Con su piano a los 90 (2011, edición independiente) no sólo debe ser el álbum del músico más longevo publicado alguna vez en el país, también es el tributo con que el pianista, intérprete, compositor, arreglador y director de coros y orquestas celebra la memoria de la que fue su mujer durante 63 años.

“Hely me insistió durante años que grabara un disco de piano, que hacía falta, que era necesario y que sería un lindo desafío para mí. Ahora que le hice caso, ella no está para escucharlo”, se lamenta este ñuñoíno de bastón y bufanda beige cuyo nombre podría resumir un capítulo entero de la mejor historia de la música popular chilena.


“Nunca fui político”

Sentado en el living de su vieja casa en La Reina, con estufa prendida y tecito en la mesa de centro, Bianchi ejercita la memoria con una eficacia impactante para su edad y declara con una conmovedora convicción que “este es el disco que, a última hora, le está dando la fórmula a los más jóvenes para que se interesen por la música chilena. Soy un viejo que quiere que los jóvenes se interesen en esa música”.

Lo que podría sonar como una oportunista proclama senil, en boca de Bianchi es pura verdad. Según sus cálculos, este álbum que grabó “en la pieza con mejor acústica” de su propia casa y para el que tuvo que pedir “plata prestada a la SCD” para producirlo, es el número 200 de los títulos que viene editando desde fines de la década del 30. Entre muchas cosas, Bianchi fue el hombre que puso música a los versos de Pablo Neruda en “Tonadas de Manuel Rodríguez” (1955), su composición más conocida, y también fue el que escribió los arreglos para el himno de la Universidad Católica (1943) y las obras religiosas “Misa a la chilena” (1965), “Te deum” (1970) y “Misa de la Cruz del Sur” (1970).

Además, fue clave en el desarrollo de la radiofonía local cuando ejerció como director de orquestas de Cooperativa, Agricultura y Minería, y también cruzó hacia el mundo de lo popular grabando con insignes boleristas locales como Lucho Gatica y el dúo Sonia y Myriam, además de incursionar en la composición de música para películas como lo hizo en Ayúdeme usted, compadre (1968), de Germán Becker. El hombre es una enciclopedia viviente y relata encuentros con Claudio Arrau, Pedro Vargas y Violeta Parra como quien estuviera revisando la lista del supermercado.

Sin embargo, y pese a los sobrados merecimientos, Vicente Bianchi nunca ha recibido el Premio Nacional de Música, aunque fue nominado en catorce oportunidades. “Si tomamos en cuenta que las nominaciones son cada dos años, eso significa que yo llevo postulando casi 30”, comenta con amargura un hombre que cree que se le ha negado la distinción por haber trabajado para el gobierno militar de Pinochet (participó en EE.UU. en un acto por la “reconstrucción”, después del golpe, y fue director del Centro Cultural de La Reina entre 1980 y 1985).

“Yo nunca fui político”, se defiende. “He trabajado con todos los gobiernos desde Pedro Aguirre Cerda en adelante. Me da pena y rabia y me pregunto si para la próxima entrega estaré vivo. No quiero hablar del pago de Chile, porque he recibido muchos reconocimientos en mi carrera, pero creo haber hecho por la música chilena más que muchos de los que han recibido ese premio”.

Bianchi nació el 27 de enero de 1920 y ya a los seis años empezó a pelusear con el piano que su padre (Germán Bianchi) le había regalado a su madre (Blanca Alarcón) cuando se casaron. A los nueve empezó a estudiar y un año después debutó en “El abuelito Luis”, un programa infantil de la desaparecida radio Otto Beckers, donde formó una orquesta con niños de su edad y giró dos veces por Chile antes de cumplir 13 años.

Poco después entró al Conservatorio de la Universidad de Chile y a los veinte decidió dedicarse a la orquestación y dirección. “Ahí me metí en la música chilena de frentón”, dice un hombre que entre sus muchas alianzas con chilenos universales como Neruda, estuvo a punto de grabar junto a Violeta Parra. “Lo veníamos conversando antes que esta chiquilla hiciera la tontera que hizo”, dice sobre el suicidio, en 1967, de la cantautora.

“Nos topamos un día en la costa y me los traje en mi auto. La Isabel y el Angel estaban chicos. Ahí me dijo que tenía ganas de grabar algo con orquesta y yo le dije que encantado, pero que iba a tener que empezar a respetar los tiempos. Porque la Violeta tenía una métrica muy rara para cantar y tocar la guitarra. Muy difícil de seguir. Nos pusimos de acuerdo y de repente me entero que se mató. Fue una gran pérdida”. Sin orquesta, pero al piano, Bianchi incluye en su último disco una bella versión de Gracias a la vida. La joya de una vieja amiga y también la canción que hoy habla por su propia vida.

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