Culto
Prohibido enamorarse: el lado oscuro de la industria musical coreana

Prohibido enamorarse: el lado oscuro de la industria musical coreana

Luego de que Hyuna, una de las artistas más cotizadas del K-pop hace años, reconociera tener una relación amorosa con otro músico de su misma empresa, ambos fueron expulsados sin derecho a reclamos. Eso reabrió el debate sobre las prácticas de las compañías, las estrictas reglas que deben seguir los Idols y su incapacidad para tener una vida normal.

Hyuna siempre ha sido controversial para su país. La cantante de 26 años pasó de estar en el grupo de K-pop Wonder Girls al grupo 4Minute, para luego armar su carrera solista cargada por la sexualidad, un tema tabú para las mujeres de la música en Corea del Sur.

Aún así, es una de las artistas más famosas, más rentable y vigente de la industria, con más de una década de trayectoria, lo que es mucho para el pop coreano.

Siendo la más popular dentro de la empresa que la contrató en 2009, Cube Entertaintment, por varios años también fue parte importante de las ganancias de la misma, por lo que todo permanecía estable entre amabas partes.

Eso acabó cuando, de un día para otro, Hyuna confesó que estaba en una relación amorosa hace casi dos años con E’Dawn, rapero de Pentagon, uno de los únicos grupos de la misma empresa que tenía gran nivel de popularidad. Desde entonces, las cosas comenzaron a ir mal.

Incluso con fans internacionales felices por la noticia-se imaginaban que estaban juntos, después de su proyecto conjunto Triple H-, y a pesar de la rentabilidad, los rankings, la popularidad y la normalidad de una mujer de 26 años en tener pareja, Cube Entertaintment decidió expulsar a ambos.

“No podemos volver a confiar en ellos”, se leía en la carta oficial, arriesgando casi todo lo que tienen como firma en el rubro del entretenimiento. La noticia volvió a abrir un debate que lleva años en el mundo del K-pop: la prohibición del amor romántico.

Las reglas

Si bien la industria de la música en Corea del Sur se ha expandido al resto del mundo con mucho éxito, hay ciertas prácticas dentro de ese rubro específico que aún su público occidental no logra entender. Entre ellos, las duras reglas de las empresas que se dedican a crear grupos de K-pop.

Hasta el año 2009, uno de los mayores problemas eran los exigentes horarios de entrenamiento. La cantidad de horas de esfuerzo físico, bajas pagas, prohibición de salidas y hasta hacinamiento, hacían dudar a cualquiera de la integridad de los jóvenes que perseguían el sueño de triunfar en la música. Pero luego eso cambió.

Debido a los reclamos y la mala fama que eso significaba, sobre todo después de que el grupo JYJ demandara a su propia empresa SM Entertaintment por “contratos que rozaban la esclavitud” (trece años de contrato bajo horarios con solo cuatro horas de sueño), el tema salió a la luz e hizo cambiar el pensamiento general que se tenía de la industria. Eso los obligó a hacer algo al respecto.

Ser humano o ser Idol

El objetivo principal de regular los contratos y los horarios de trabajo era, después de todo, devolverles un poco de humanidad a los artistas. Chicos que hasta ese minuto eran parte de un género que, lamentablemente, se había ganado el prejuicio de ser una máquina hacedora de hits manufacturados.

Después del destape en 2009, eso se logró revertir. La decisión modificó no solo los horarios sino que, abrió el camino para una nueva generación de grupos de K-pop que sí se les permitía participar de su proceso creativo, occidentalizando la industria, pero hasta cierto punto. Porque, después de todo, había una imagen que era muy difícil de erradicar: la del Idol.

Como su nombre lo anuncia, el concepto de “Idol” en Corea está un paso más allá de solo ser un artista o un músico. Ser Idol es ser modelo a seguir, pero a la vez inalcanzable. Es tener una imagen impecable y perfecta, que nunca se equivoca. Y sobre todo, es un personaje que se debe a sus fans, quienes lo idolatran a niveles extremos.

Esta parte siempre es cierta, pero el nivel de entrega no tiene solo que ver con los shows, o el cariño a su público, también tiene que ver con crear una imagen donde el músico está tan concentrado en sus seguidores que no tiene vida privada, y mucho menos una relación de pareja. “Mis fans son mis novias”, es una frase común en el K-pop.

El gran escándalo

Antes, casi todo en la industria del entretenimiento coreano podía ser considerado escándalo. A diferencia de la industria americana, los tabloides no solo cubrían o difundían rumores con el fin de entretener. Para el público local, los fans coreanos, las noticias de la vida privada de sus artistas favoritos se percibían siempre casi como una tragedia.

Así pasó con grupos famosos como EXO y BIGBANG, que entre rumores de relaciones, de fiestas y alcohol, bajaron su rentabilidad de inmediato y el público comenzó a pedir que ciertos miembros definitivamente abandonaran el grupo o al menos no se presentaran en los shows en vivo si estaban saliendo con alguien o se habían visto involucrados en situaciones de baja reputación.

Por esto mismo, la mayoría de las empresas, siendo las más reconocidas SM Entertaintment, JYP Entertaintment y YG, solían tener reglas muy estrictas de comportamiento, prohibiendo bajo contrato las relaciones de pareja, las juntas y hasta cambios de imagen. Todo esto bajo el contexto de un sentimiento de honor y vergüenza arraigado en la cultura moderna pero muy conservadora de Corea del Sur.

Esta práctica que era habitual de a poco se ha ido desvaneciendo, sobre todo por la expansión del género al resto del mundo y el avance natural en temas de libertad de expresión . O eso era lo que se pensaba hasta ahora, que el escándalo de Hyuna y E’Dawn volvió a prender las alarmas.

Aunque el futuro de los artistas involucrados es incierto, el panorama general en el pop coreano y el apoyo que han recibido-tanto que hasta Cube Entertaintment se retractó y dice estar reconsiderando la expulsión- muestra que la postura sobre este tema que ha dado que hablar por años posiblemente termine sonando anticuada y finalmente se erradique por completo.

 

Sobre el autor:

Magdalena Bordalí |
Periodista. En Twitter es @emebordali