Culto
Niños del Cerro: el siguiente nivel

Niños del Cerro: el siguiente nivel

Hacer música de guitarras cuando las guitarras van en retirada y sacar un segundo disco que deja apenas como enunciado el alabado debut. Lance es el regreso de Niños del Cerro y no solo supera la difícil prueba del segundo álbum donde muchos caen sino que -apostemos-, corre fijo entre los mejores del año.

Con el tiempo y como acto reflejo tomo cierta distancia de los entusiasmos efervescentes de especialistas, las calenturas súbitas, los twitteos destemplados, las proclamas en Instagram. También me ha pasado, todas esas veces que crees descubrir la próxima gran novedad musical y luego nada, exageraste. Para mi Niños del Cerro (Santiago 2012) calzaba perfecto en esa categoría. El disco debut Nonato coo (2015) conquistó elogios que me parecieron demasiado y les permitió ganar un premio Pulsar como artista revelación en 2016. Por supuesto, el problema no es de la banda, sino de una fase en que la crítica musical a nivel planetario tiene debilidad por las buenas calificaciones y los palmoteos, en insana coincidencia con una industria pendiente de resultados inmediatos, y desentendida de los procesos de maduración artística.

No es la mejor manera de iniciar un diálogo con Simón Campusano (25), voz, guitarra y compositor del grupo, y el batero José Mazurett (24), pero ambos músicos coinciden. “Nos pasaba lo mismo. Se hablaba mucho de algo que era más simple”, reflexiona José. Simón recuerda la impresión que causaba el hecho de armar shows en casas. “Decían ‘ohh, bacán, hacen tocatas en el patio, los hueones locos, no les importa nada’. Pero igual era una tocata en un patio con una banda que estaba aprendiendo su oficio. Después hemos tenido experiencias más pro, teloneos y cosas así, pero en ese tiempo estábamos aprendiendo, y seguimos aprendiendo”.

JM: Ahora viene otro tipo de maduración, dinámicas en festivales más grandes, cosas de las que estábamos muy lejos a los 21 años y que ahora hemos ido manejando de mejor manera, comprendiendo que el público no te va a ver solamente sino que espera algo de calidad.

Stop. Ese es el término que domina Lance.

Ca-li-dad.

Si el primer título en la discografía de Niños del Cerro destapó tanto entusiasmo, este disco debería desatar una pequeña reacción en cadena en el indie chileno. Ese debut era un enunciado, el esbozo del guión. En cambio estas nueve canciones son la película en 3D. La composición inquieta, la profundidad impresa en el sonido, la vitalidad de los arreglos, la preocupación por los detalles, la ejecución más diestra y pensada, los links que pueden ir de Los Jaivas a Wilco, entre distintas inspiraciones personalizadas.

Simón y José sonríen.

-¿Cómo llegaron a este sonido más macizo?

JM: Es una ambición nuestra y de Víctor Muñoz, el ingeniero que grabó todo. El primer disco lo grabamos en la casa, con equipos prestados, en la iglesia a la cual yo asistía, todo medio a la que te criaste.

SC: Con los pocos recursos del momento tratando de sacarle el mejor provecho.

JM: Juntamos plata para meternos a un buen estudio y ahí está la mano del ingeniero igual.


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Niños del Cerro es una banda de guitarras en una época difícil para el instrumento: marcas clásicas en serios problemas, escasez de ídolos y, como consecuencia, menos chicos y adolescentes interesados por aprender. Aún más. En la música urbana las seis cuerdas prácticamente no existen. Debe ser extraño tener una banda de guitarras en este contexto.

“Para mí tiene sentido la guitarra por la música que he escuchado siempre porque toco desde muy chico”, dice Simón, “pero no se si eso tiene que ver con lo que está pasando en el mundo. Igual escuchamos tipos como Frank Ocean, pero me parece muy lógico y pertinente hacer música de guitarras”.

JM: Hay harta tradición. O sea, no es que la tradición sea buena por sí misma, sino lo que se va transmitiendo con lo que se escucha. Yo crecí con recitarios de Quelentaro a pura guitarra y poesías encima.

-Súper alegre Quelentaro (risas).

JM: Mi padre lo escuchaba.

SC: Tiene que ver con darle valor a ciertos referentes. Siento que uno pone inconscientemente en otra categoría a la música local: “estas son mis bandas favoritas del mundo y estas son mis bandas favoritas de Chile”. Para nosotros eso no existe. Ponemos al mismo nivel a Los Jaivas y para mi, no se, Pavement, que me gusta mucho. Y eso se traduce en la forma en que tocamos también.

-¿Cambió la mecánica de composición en este disco?

SC: Sí, mucho más colaborativo, mucho más banda. El Nonato Coo lo hice más solo por las circunstancias en las que estábamos, nosotros (con José) saliendo de la universidad, algunos estudiando todavía. Había menos estímulos también para los chicos a participar y después empezamos a tocar mucho, todos se empezaron a involucrar cada vez más en el proyecto. Al momento de grabar el disco fue muy natural que se metieran mucho más. Llegué con canciones resueltas y otras poco avanzadas que se terminaron en la sala de ensayo.

-¿Cómo ha sido el cambio a Quemasucabeza?

SC: Llegamos en un buen momento. Teníamos muchos proyectos andando, este segundo disco casi listo y llegamos con buena energía y ellos supieron responder.

JM: Hay un apoyo importante de cosas que antes teníamos que hacer solos y que uno no cacha, pelear un porcentaje, negociar con una entidad. Uno no sabe cuánto cobrar por su trabajo.


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Hay algo que aún no descifro en Lance: las letras. Simón explica un concepto que describe como una concatenación de trilogías. “Hay tres temáticas que al principio sentía que estaban más definidas y ahora que el disco está terminado siento que se mezclan entre sí. Están los temas que hablan más de cansancio, dolores físicos y de poder curar esas cosas. Están los temas que son como superficialmente más felices pero tratando de decir otra cosa, y finalmente tres canciones más tristes.

-Dijiste en una entrevista que “Flores, labios, dedos” habla de drogas y en particular de la marihuana, que te incomoda.

SC: Me da mucha ansiedad. Escribí pensando en eso y en una relación amorosa para hablar de mi relación con los pitos.

-Lo último ¿Qué significó ganar el Pulsar?

Simón remata.

“Más exposición y que nuestras familias nos compraran más por vernos en la tele recibiendo un premio”.

Descarga Lance (por tiempo limitado), el nuevo disco de Niños del Cerro, desde este link.

Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras