Culto
La marihuana y sus dos historias

La marihuana y sus dos historias

La crónica de la cannabis en Chile y el mundo, el libro Un Viaje Fantástico del periodista Marcelo Ibáñez, no se va en la volada activista sino que basado en rigurosos datos y reporteo, cuenta la intensa relación que por milenios la Humanidad sostiene con esta planta.

La cita es de Carl Sagan, el afamado científico de la serie Cosmos y reconocido consumidor. “La ilegalidad del cannabis es escandalosa, un impedimento para la plena utilización de una droga que ayuda a producir la serenidad y la perspicacia, la sensibilidad y la camaradería tan desesperantemente necesaria en este mundo cada vez más loco y peligroso”. Marcelo Ibáñez (1978), periodista con largo carrete, escogió también comentarios de William S. Burroughs y Paracelso entre varios notables, como antesala de la lectura de Un Viaje Fantástico, su primer libro. En más de 200 páginas plagadas de anécdotas y también información dura, aborda la historia de la planta más famosa de todos los tiempos, cuyos diversos usos se remontan por siglos tras surgir en la superficie de la Tierra hace 110 mil años. “Los ejércitos y las marinas lo han usado para hacer la guerra, hombres y mujeres para hacer el amor”, es otra de las citas que retratan la extraordinaria versatilidad de esta planta que impulsó plantaciones para fines industriales a nivel mundial, y que en su variable recreativa encarna un debate dada la prohibición en gran parte del orbe, y que además colisiona con importantes estamentos de la medicina.

Con ágil narrativa, Marcelo Ibáñez concilia abundante información científica y estadística sobre la cannabis. En la primera parte detalla la increíble historia de la planta en este país, “medio milenio en que Chile pasó de ser uno de los mayores productores de cáñamo en el mundo a ser uno de los países que más fuma marihuana en el planeta”, explica en el prólogo. Luego, la historia global desde los cultivos que partieron hace 10 mil años, su expansión, la increíble versatilidad de la planta y la escalada prohibicionista originada en Estados Unidos.

“Lo único que no se incluirá en este libro”, advierte el autor, “es la historia de una persona que haya muerto por consumo (…) no ha existido ningún caso concluyente y validado por la comunidad científica de alguien que haya fallecido por sobredosis de cannabis”.



-Hacia el final de Un Viaje Fantástico preguntas qué influye en la empecinada prohibición que afecta a la marihuana. ¿Cuál es tu conclusión?

Es difícil responder porque tratamos de interpretar cierta voluntad. En todas partes tiene que ver con distintos aspectos porque en Filipinas por ejemplo, hay gente que se le ajusticia por consumir marihuana u otras drogas ilegales, y hay países donde se puede comprar de manera regulada. Entonces es muy variable pero existen brotes legislativos y de alguna manera ese empecinamiento se ha quebrado, aunque la prohibición persiste. En Chile, el poder que crea las leyes es conservador y no busca regular comportamientos que la sociedad civil adulta ya resolvió, aún cuando somos el tercer país de mayor consumo. Cuando caminé para esta entrevista, en los paraderos había gente fumando. No toda, por supuesto, pero eran aromas de marihuana de calidad, bien cultivada. Y quienes no fuman, nadie hace escándalo. El consumo se naturalizó, por eso hay un movimiento que busca una regulación. Creo que en el congreso no se legisla basado en la voluntad de las personas o del pueblo, sino por creencias particulares de los parlamentarios. Es lo mismo que pasa con el aborto y el divorcio, cuántos años se demoró la elite conservadora en asumir que había gente que había decidido separarse como lo mostraban año a año las cifras de las encuestas.

-Mi impresión es que desde el progresismo chileno tampoco hay mayor interés por acelerar una agenda pro cannabis.

Nunca ha sido una bandera de lucha. Siempre ha sido un movimiento de la sociedad civil. Y sucede porque la sustancia no genera problemas aunque un 15% de la población la usa.

-¿Por qué tenemos este alto consumo a nivel mundial?

Por una historia de cultivo de 500 años de la planta. Por otro lado, tienes las condiciones sociales del país con mucha población estresada y no todos acceden a los ansiolíticos. Hay mucha gente que cultiva con fines medicinales. En el fondo es un automedicamento.

-De todas las cualidades que detalla el libro sobre la cannabis ¿Cuál es la que más te sorprendió?

Que es una de las plantas con mayor capacidad fitorremediadora del mundo, o sea, que es una de las mejores plantas para absorber la radioactividad y los metales pesados. De hecho la plantaron años después del desastre de Chernobyl en las zonas agrícolas para acelerar la recuperación de los suelos.

-¿Qué futuro le ves a la legalización de la marihuana en Chile?

No veo a nadie hablando del tema y no creo que haya interés porque tampoco genera problemas y ahí la intención es mantener el status quo. Mientras la gente que está en el poder ejecutivo no le importe, no va a pasar mucho porque no genera problemas sanitarios.

-¿Cómo fue el proceso en el mercado interno, el tránsito del “paraguayo” a esta etapa de marihuana gourmet?

Era mucho más fácil conseguirlo, pero hubo gente que se dio cuenta de lo tóxico del “paragua”. Llegué a tener en mis manos un petrolero, porque venían pasados a petróleo, y eso era un mazazo. Entonces la gente se empezó a informar.

-Por otro lado dejas en claro que la marihuana no es una panacea para todo.

No soy un activista canábico y soy un consumidor ocasional. He tenido periodos de consumo más crónico que han sido esporádicos, más de veinteañero y por meses y también he pasado etapas en que me he fumado uno o dos al año. El libro también dice cosas que parte importante del movimiento de activistas no suelen decir, o no le ponen acento. Hay muchas organizaciones que son etnocéntricas y hablan de la Santa María, de que todo es beneficioso, pero hay un debate científico sobre las consecuencias del consumo en menores de edad.

-Porque el rendimiento intelectual y académico se vería afectado.

También hay estudios que dicen lo contrario. Eso no suele ser un acento pero no por una cosa conspirativa, sino porque había otros temas en un comienzo, como normalizar el consumo en mayores de edad. Lo único que tienen en común los prohibicionistas con la gente que pide regulación tiene que ver con los menores. Y la idea de falsa panacea, yo vi gente que la abrazaba como última esperanza porque hay relatos impactantes de cómo ha cambiado la situación de ciertas personas. No entro mucho en eso en el libro, pero el principal problema que tuvo largo tiempo para establecerse como medicina fue la falta de estandarización en los procesos para que siempre tenga más o menos el mismo efecto, tal como sucede en las pastillas.

-¿Por que le cuesta tanto a la medicina aceptar los beneficios de la cannabis?

No lo puedo asegurar, no tengo una explicación. Especulo -y hablo de este país-, que es porque no se enseña en las universidades, y los médicos se quedan con lo que ahí aprenden. En términos de ciencia, los beneficios de la cannabis se reportan desde los años 90, que tampoco es mucho tiempo. Yo no he escuchado a nadie decir que el sistema endocanabinoide no existe, ni siquiera las sociedades médicas se atreven a eso, porque es tan evidente y las investigaciones están validadas.


Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras