Culto
La distancia que nos separa: Richard Ford y su libro más personal

La distancia que nos separa: Richard Ford y su libro más personal

El autor habla de su último libro Entre ellos (Anagrama), disponible en librerías chilenas, y también revela que revivirá a Frank Bascombe, el protagonista de su famosa y premiada trilogía de novelas: "Estoy contemplando un nuevo ‘conjunto de episodios’ para Frank y para mí".

Son apenas 168 páginas, pero puede que en esas 168 páginas se condense lo mejor de la obra del autor estadounidense Richard Ford (1944, Jackson, Mississippi).

El libro se llama Entre ellos (Anagrama, traducción de Jesús Zulaika Goicoechea) y hace un tiempo que está en librerías chilenas. Y al lado de sus seis novelas –incluyendo la trilogía protagonizada por Frank Bascombe: El periodista deportivo, El Día de la Independencia (premios Pulitzer y PEN/Faulkner) y Acción de Gracias– este es un libro breve.

Uno que contiene dos textos memorísticos y un puñado de fotos.

Y muchas frases como esta: “Nuestros padres nos unen a algo que nosotros no somos pero que ellos sí son; una distancia que nos separa, quizás un misterio, de forma que incluso cuando estamos juntos estamos solos”.

Podría decirse que Entre ellos parte con dos jóvenes de Arkansas, en el corazón del Estados Unidos profundo: Parker y Edna, en 1928, se casan. Viven en la carretera. Duermen en hoteles. Van a fiestas. Bailan jazz. Y así, pese a algunas penurias económicas, disfrutan de su juventud. Hasta que tienen un hijo –Richard Ford– en 1944 y necesitan un poco más de estabilidad. El padre trabaja como viajante de comercio, pasa mucho tiempo en la carretera, fuera de casa, y una noche, una noche terrible y retratada en este libro, muere de un ataque al corazón. Sucede cuando Richard Ford tiene solo dieciséis años. Y ahí, entonces, comienza un nuevo capítulo en la vida familiar de Ford: la de un inexperto adolescente que debe acompañar a su madre.



-Mucha gente contempla a sus padres como figuras totémicas, lo cual más adelante en la vida dificulta una interacción, digamos, de tú a tú con ellos. Pero al leer la segunda parte de Entre ellos sentí que Richard y Edna eran buenos amigos. ¿Describiría su relación con su madre como de amistad?

-Sí, me gusta pensarlo así. Mis padres nunca fueron totémicos. En parte eso se debía a que no se presentaban de esa manera, o tampoco se comportaban de una manera tan reverente; y en parte fue que yo mismo soy completamente incapaz de presentar a alguien de esa manera.

-Leer esta memoria me hizo pensar en lo fácil que es recordar las peleas y momentos agridulces que vivimos con nuestros padres, así como lo difícil que es anclar la felicidad (ya que la felicidad, me parece, es más bien etérea y fugaz). ¿Reflexionó, al escribir Entre ellos, sobre cómo ecualizar los momentos felices e infelices?

-Basé mis evaluaciones en el hecho de que toda mi vida he juzgado mis años de crecimiento como años felices. Nada ha mitigado realmente esta idea, ni tampoco ha sido nublada por algo más que unas pocas sombras temporales. Mi credo es que si puedo, con la conciencia tranquila, decir que yo era feliz durante un periodo de mi vida, entonces así sucedió. Lo cual no quiere decir que todos los días fueran dichosos. Mis padres, y también yo, éramos personas volátiles. Gritaban, de vez en cuando me daban un manotazo, yo también les grité; presencié sus vidas complejas frente a mí. En cierto sentido, cuando digo “feliz”, esto debe ser imaginado dentro de esa maraña de eventos que llamamos vida.


Todo sobre nuestros padres y madres

El año era 1986 y las cosas habían cambiado. Tras el éxito de El periodista deportivo, novela que lo consagró internacionalmente y protagonizada por Frank Bascombe, Richard Ford recibió un llamado de la revista Harper’s. Le pedían un ensayo de largo aliento sobre su madre. Así que Ford desempolvó varias memorias. Y se dio cuenta de la importancia de Edna en su carrera de escritor. Como, por ejemplo, que su vida perfectamente podría haber tomado un camino diferente. Bastante diferente. A saber: a los 16 años Ford tuvo un par de problemas con la ley. Y hasta estuvo a punto de irse a la cárcel. “Lo bueno es que entendí el mensaje al instante”, recuerda el autor estadounidense. El mensaje, por supuesto, fue un reto que le dio su madre. Ella fue clara: Ford tenía que cambiar. Sí o sí. De otra manera, la próxima vez iba a terminar en la cárcel. O hasta muerto. “Además, entendí que mi madre, que era viuda, lo último que necesitaba era que su único hijo se comportara así”, dice. “Digo, era joven, pero algo de astuto tenía a esa edad. Menos mal”.


-¿Escribió el primero de estos textos, en 1987, como una forma de decirle adiós a su madre?

-No. No diría que es un “adiós”. Afortunadamente mi madre y yo teníamos la idea de que si necesitábamos decirnos algo, lo hacíamos. Y siempre lo hicimos así. Y, por eso, creo que alcanzamos a decirnos adiós cuando ella murió. Y asimismo siempre nos dijimos lo mucho que nos queríamos. Siempre nos dijimos todo lo que teníamos que decirnos. Ninguno de los dos se guardó mucho, si es que nos guardamos algo.

-Entre un ensayo y el otro hay treinta años de diferencia. ¿Por qué decidió escribir el otro texto, aquel sobre su padre?

-Probablemente “decidí” escribir sobre mi padre tan pronto como terminé de escribir sobre mi madre. Pero no lo hice, claro. Simplemente me di cuenta de lo siguiente: “Bueno, tuviste un padre a quien amabas, eres un escritor y tu padre se perderá si no escribes sobre él”. El resto fue simplemente una cuestión de acumular el material, los recuerdos y los pensamientos que le pertenecían. Aunque esto, por supuesto, tomó más de tres décadas.

-¿Revisó registros, archivos e imágenes para escribir sobre él?, ¿habló con personas que lo conocieron?

-No hablé con nadie que lo conociera porque no había nadie vivo que pudiera haberme ayudado. No soy un investigador muy ávido, me aburre; y por eso soy un periodista limitado. Así que miré fotografías y revisé algunos objetos de mi padre: su kit de afeitar, algunos artículos personales. Quería saber cómo olían. Aunque más que nada estaba anclando recuerdos y reacciones en esos objetos.

-Este libro es una memoria. Y las memorias, de alguna forma, siempre se acercan a esa porosa frontera que divide a la ficción de la realidad. ¿Qué le parece que sucede hoy con conceptos como verdad, falsedad y el límite entre ambos?, ¿ha pensado al respecto?

-De hecho, he reflexionado sobre tales conceptos. Pero la premisa más básica, no solo de la escritura de memorias sino de toda la vida, es que los eventos suceden. No todo en esta vida tiene que estar sujeto a una revisión, a una retórica y a una defensa (y menos a una ofuscación). Cuando lo piensas, y ni siquiera por mucho tiempo, el acuerdo es que en algún momento de la humanidad pusimos nuestra confianza en una verdad que sí puede, digamos, asediar, pero que aún así es indiscutible. Nuestros sistemas legales, nuestros sistemas morales, nuestros sistemas éticos, nuestra capacidad para contemplar el futuro (y el pasado) y nuestra capacidad de rendir cuentas a los seres humanos; todo eso depende de esta certeza. De lo que sucedió o no sucedió.

-Y a todo esto, ¿cómo está Frank Bascombe?, ¿ha tenido noticias suyas últimamente? Como lector me pregunto qué es de él en la era de Trump…

-Gracias por preguntar. Frank continúa “viviendo” en mis cuadernos y notas, y digamos que estoy contemplando un nuevo “conjunto de episodios” para él y para mí. Ahí veremos cómo le va en la era del “innombrable”.


Sobre el autor:

Antonio Díaz Oliva |
Es periodista y escritor. Ha publicado la novela La soga de los muertos, la investigación Piedra Roja: el mito del Woodstock chileno y el volumen de relatos La experiencia formativa. En Twitter es @TheAntonioAdo