Culto
El museo de rock

El museo de rock

"Algo salió mal", reflexiona Mick Rock en el documental que resume su vida como uno de los más afamados fotógrafos de estrellas musicales de todos los tiempos, incluyendo David Bowie, Lou Reed, Iggy Pop, The Ramones y Blondie. ¿Qué falló? El espíritu de la rebeldía hoy cuelga en galerías.

“El hombre que fotografió los 70” es una manera de rotular al británico Mick Rock, una sentencia que emerge hacia el final de Shot! The Psycho-Spiritual mantra of rock (2016) -disponible en Netflix-, que incomoda al reconocido fotógrafo. ¿Motivo? Lo confina al pasado. Como defensa, el documental arranca con imágenes actuales, Mick en acción en un concierto de TV on the radio con secuencias granuladas en blanco y negro. El volumen de la música se desvanece y Mick dispara con la cámara. Lleva lentes oscuros, pañuelo al cuello y el pelo revuelto bajo tintura para ocultar sus 70 años. El artista cuyo apellido causaba envidia en David Bowie -“me encanta tu nombre, no puede ser real”- describe ese momento de interacción con las estrellas en su hábitat.

“Es una cuestión de energía. Se mueve demasiado alrededor. El proceso de identificación es que estoy ahí contigo. En el momento cumbre digo “asesino” porque así me siento. Estoy en posición, te tengo en la mira, y te voy a sacar de circulación”.

Luego remata.

“No quiero tu alma. Quiero tu maldita áurea”.

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Nueva York. 1996. Mick se mira a sí mismo en una camilla completamente entubado. Adicto a la cocaína a los 40 años, tres infartos consecutivos casi lo matan. Mick observa esta recreación y explica por qué el arrepentimiento no cabe en su caso. Está seguro de que los sucesos en su vida no podrían haber sido de otra forma. Cree en el destino y en una trinidad acorde al espíritu del rock.

“Me atraía lo bueno, lo malo y lo perverso”.



Entonces irrumpen unas imágenes de archivo de él arribando como celebridad para inaugurar muestras en galerías con las fotos icónicas que tomó de Bowie, Lou Reed, Iggy Pop y Queen, las estrellas que confiaban en su clic privilegiado.

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Home movies de Londres rodadas por Mick en 1967 y Pink Floyd de fondo. Glamour, chicas drogadas, LSD en el menú de una generación dispuesta a experimentar y expandir la consciencia. Tras estudiar y graduarse en la escuela Caius de Cambridge, Rock se sumerge en ese ambiente. “El estado alterado era algo que estaba ahí”.

Syd Barret se marcha de Pink Floyd y Mick le toma fotos técnicamente mal hechas para su primer disco. Las imágenes incorrectas se convierten en un estilo del retrato del rockstar, tal como el riff de “You really got me” de The Kinks, grabado con un parlante hecho mierda, sentó las bases del rock pesado.

Pasamos a Marc Bolan, el primero en maquillarse apunta Rock (aunque en estricto rigor el primer rockero con delineador fue Little Richard). Mick conoce a David Bowie, lo fotografía y lleva el material a la oficina del cantante, donde le revelan que “David dice que tú lo ves como él se ve”.



El fotógrafo comienza a seguirlo hasta que una noche de 1972 en el ayuntamiento de Oxford, consigue una imagen que corrió los límites de la sexualidad en el rock: Bowie de rodillas intentando morder la guitarra de Mick Ronson en una inequívoca insinuación de oralidad.

El fotógrafo se convierte en el brazo audiovisual de Bowie, una especie de Joseph Goebbels dispuesto a proclamar el credo de Ziggy Stardust a través del poder de la imagen dirigiendo los videos de “The Jean Genie” y “Life on Mars”:


El valor del error, del desajuste, se repite en la portada de Transformer de Lou Reed ese mismo año. En racha, una semana antes de aquella imagen clásica en blanco y negro, Mick Rock inmortaliza a Iggy Pop junto a The Stooges en Raw Power. “Ese maldito tenía la inmovilidad de una iguana”, dice aún maravillado ante la pose capturada.

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Mick observa en una mesa de luz algunos de sus mejores aciertos con la cámara. Repara en Queen -“ellos me buscaron a mí”- y el retrato entre sombras del cuarteto para Queen II (1974) con Mercury en pose de vampiro con las manos cruzadas, gesto que Rock sugirió inspirado en una foto de Marlene Dietrich, imagen que la banda utilizó en el video de “Bohemian Rhapsody” al año siguiente.

Bowie lo llama para que le siga a Berlín pero Mick Rock prefiere NY porque, básicamente, es más sórdido. La cocaína lo mantiene despierto por días y graba a Lou Reed calificando de “estúpido” al punk y a The Ramones como “grotescos”.

A esas alturas, la segunda mitad de los 70, Mick Rock se siente tempranamente desfasado. Aún se maquilla como en los días del glam y el punk con su fealdad como estandarte no le engancha. Le atrae la belleza y la encuentra en Debbie Harry de Blondie, “la Marilyn Monroe del rocanrol”.

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Los 80 avanzan y Mick Rock aspira cuando puede. “Estaba enamorado de la cocaína”. Cada sesión termina en una maratón empolvada. Carly Simon echó a correr el rumor de que era buen fotógrafo pero después costaba semanas pillarlo. Mick se junta con Mötley Crüe, hace videos malos con metaleros de tercer orden como Saratoga y estrellas de capa caída como Ace Frehley.

El teléfono de Mick Rock deja de sonar.

1996, los tres infartos a los 40 años lo sorprenden en bancarrota. Dos leyendas del managment como Andrew Loog Oldham -el arquitecto tras la imagen de The Rolling Stones- y el infame Allen Klein -que había estafado a los Beatles y los Stones-, “pagaron por todo”.

Mick Rock versión sobrio disfruta hoy de su estatus. Josh Homme, Daft Punk, Lenny Kravitz, Karen O y The Black Keys desfilan ante su cámara. Vemos parte de una sesión con Father John Misty, algo cohibido frente al legendario fotógrafo que lo dirige sin piedad buscando la expresión precisa, el fulgor del rockstar.

Hacen una pausa y Mick Rock le muestra algunas fotos al músico. Entonces comenta despreocupado:

“De vez en cuando doy justo en el clavo”.


Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras