Culto
Better Call Saul extiende la era dorada de la televisión

Better Call Saul extiende la era dorada de la televisión

La precuela de Breaking Bad estrena su cuarto ciclo y se consagra como una de las últimas exponentes de su estilo.

Algunos críticos aseguran que la llamada “era dorada de la televisión”, ese período en donde los dramas de la pantalla chica se transformaron en la fuerza artística dominante de la cultura pop, empezando a comienzos de siglo con The wire y Los Soprano, terminó con la última temporada de Breaking bad, en 2013. Para otros, el hito concluyente fue un poco después, en 2015, con el final de Mad men, mientras que algunos aseguran que se extendió hasta este año, con el final de The Americans.

Incluso están los que afirman que esta era aún continúa, a pesar del cambio de paradigma de los últimos cinco años, desde que Netflix comenzara a realizar producciones originales e iniciara un momento conocido como “Peak TV”: nunca antes se habían producido tantas series. Y si bien la proliferación de la industria ha llevado a evolucionar algunos aspectos de la “era dorada” (ampliar el prestigio del drama a las comedias y otros géneros, variar el excesivo foco masculino), la creciente oferta también ha significado una batalla por la atención de la audiencia, haciendo que las series pausadas y atentas a los detalles vayan en retroceso frente a lo explosivo e inmediato.

Un contexto que hace de Better call Saul un ejemplo cada vez más único. Quizás, el último vestigio de una época que se desvanece. Ya en su cuarta temporada, estrenada ayer en Netflix (con capítulos nuevos cada martes), poco y nada queda de las dudas que generó el anuncio de la serie hace cinco años. En ese entonces se cuestionaba cómo una precuela de Breaking bad podría igualar lo hecho por una de las mejores series de la historia. Pero hoy son pocos los que pueden discutir que el spin-off sacó adelante una tarea que parecía titánica, siendo una de las producciones más aclamadas de la actualidad.

Las tres primeras temporadas parecieran marcar una historia aparte: la introducción a la vida de Jimmy McGill (Bob Odenkirk) y cómo éste fue progresivamente transformándose en Saul Goodman, el inescrupuloso abogado de criminales y narcotraficantes de Breaking bad. La nueva temporada es el inicio de otra etapa, la de la metamorfosis completa en el personaje. Enfrentando una tragedia que lo enluta, el protagonista pareciera estar listo para dejar de luchar contra su naturaleza y entregarse a su moral cuestionable. Saul Goodman finalmente desplazará a Jimmy McGill, y así en el horizonte aparece la promesa que han hecho los creadores, de que la precuela eventualmente se cruzará con los eventos de la serie original.

Pero por más que Better call Saul le deba mucho a su progenitora, la forma en que reinterpreta su legado es indudablemente propia. Mientras en Breaking bad la caída del protagonista se debía a su hambre de poder, con Goodman sus creadores son más empáticos y presentan la tragedia de un hombre que intentó sin éxito hacer las cosas bien, optando finalmente por el camino fácil. Ahí la serie sí toma de forma casi literal de su antecesora la posta del drama de la edad dorada, donde los momentos pequeños son más importantes que la pirotecnia. Una era que probablemente no acabará hasta que Saul Goodman así lo decida.

Sobre el autor:

Matías de la Maza |
Periodista de La Tercera.