Culto
Winnie the Pooh es el ícono anti capitalista que estos tiempos necesitan

Winnie the Pooh es el ícono anti capitalista que estos tiempos necesitan

La película Christopher Robin, ya en cines, reivindica al personaje de Disney como un héroe anarquista y líder filosófico.

* N. de la R: el autor de este artículo estaba bajo los efectos de una poco sana cantidad de remedios para el resfriado cuando vio esta película, lo que puede haber alterado parcial o totalmente el mensaje y desarrollo de ésta.

Andréi Tarkovski se mostraba reacio a mezclar el arte con una ideología preconcebida, argumentando que si el objetivo del arte era dejar una enseñanza o mezclar sus formas con ideas propagandísticas, terminaría perdiendo su esencia. Pero murió en diciembre de 1986, 11.539 días antes del estreno de Christopher Robin: un reencuentro inolvidable. Si hubiera alcanzado a ver la película que lleva por primera vez a Winnie the Pooh al mundo live-action (con actores reales), probablemente habría cambiado su opinión. Porque la película deja en claro que no sólo se puede hacer arte con un fin propagandístico, sino que es necesario. Porque si algo hace Christopher Robin, es presentarnos al ícono anticapitalista que el mundo moderno tanto necesita: Winnie the Pooh.



Quizás “presentar” no es el verbo adecuado, pues, analizándolo bien, Winnie the Pooh siempre, desde su origen en 1924, fue anticapitalista: un oso de peluche viviendo en un bosque junto a sus amigos bajo un sistema de anarco-supervivencia, subsistiendo en base a recursos naturales e igualdad social (ningún animal es superior ni inferior a otro, y no hay depredadores. Todos son de peluche, duh). No hay gobierno ni transacciones. Su mayor enemigo es un concepto abstracto, los Efelantes y Wartas, que se vienen a robar su alimento. ¿Qué son esos sino colonizadores capitalistas?

Pero lo que hace Christopher Robin es mostrar a un Pooh decidido a expandir sus ideas, del mundo animado al mundo real. La cinta se centra en un adulto Christopher Robin (Ewan McGregor), el niño que jugaba con el oso en sus aventuras originales, pero que al crecer, la lógica competitiva de la sociedad de mercado lo transforma en un hombre gris y sin imaginación. La idea principal es que Robin no es dueño de su tiempo, ni su trabajo. Sus jefes lo son. Es ahí donde entra Pooh. El oso sale de su bosque ficticio y termina reencontrándose con su viejo amigo en Londres (¿coincidencia o cuidadosamente planeado?).

Es ahí donde comienza el necesario proceso de reeducación de Robin. Para aquellos menos perspicaces, el regreso del protagonista al Bosque de los Cien Acres será un reencuentro con su infancia olvidada, y las virtudes de la imaginación, pero observando con atención los eventos, lo que Pooh hace con su viejo amigo es recordarle la amenaza de la sociedad de mercado sobre la libertad, igualdad, y el ser dueño de tu propio trabajo. Robin también se reencuentra con los amigos de Pooh, que representan claros conceptos filosóficos: Piglet es la angustia existencial, Igor es el necesario nihilismo frente al sinsentido de la vida, y Tigger es… ¿Tigger?

Hacia el final de la cinta viene el giro más importante, el que deja en evidencia los ideales de fondo de la cinta (leves spoilers a continuación): a través de las enseñanzas de Pooh, Robin se da cuenta que la solución a todos sus problemas se consigue a través de la redistribución de recursos de los que tienen más a los que tienen menos. Así no sólo salva a su empresa de una crisis, sino que también sienta las bases de la creación de un sindicato. La epifanía viene a través de una serie de frases que Pooh dice durante la película, que evidentemente estaban planeadas para que su amigo viera la verdad: las sociedades más felices y eficientes son las que dejan la búsqueda del capital de lado.

Muchas preguntas de la película quedan sin una respuesta fija: ¿Hay que usar pantalones? ¿Por qué en Londres está nublado siempre incluso en verano? ¿Por qué si Pooh y sus amigos son peluches hay un búho que es de verdad? Pero lo que sí queda claro, es que el oso y sus amigos llaman a tomarse los medios de producción y recuperar el poder de la imaginación lejos de la opresión capitalista. Un mensaje que Christopher Robin y la sociedad alrededor habían olvidado. Pero fue allí cuando se alzó el héroe que menos esperábamos, pero que sin dudas necesitábamos. Un oso de peluche.


Sobre el autor:

Matías de la Maza |
Periodista de La Tercera.