Culto
Palabra de honor: por qué ahora amo a Luis Miguel

Palabra de honor: por qué ahora amo a Luis Miguel

El éxito de la serie de Netflix en torno a la vida del cantante tuvo consecuencias inesperadas: personas a las que no les gustaba o les era indiferente, pero que al mirar su épica de éxito y sufrimiento, cambiaron su percepción en torno a su figura, comprendieron su personalidad arisca y ahora se declaran conversos al mundo de Micky. Aquí, seis voces detallan su metamorfosis.

Te voy a olvidar

Por Alejandro Tapia. Editor de Mundo de La Tercera

Nunca he ido a un show de Luis Miguel. Tampoco he comprado ninguno de sus discos. Mucho menos he indagado en algún aspecto de su vida. Pero en un momento de mi infancia, el “Sol de México” significó algo.

A mediados de los 80 te gustaban Los Prisioneros o Luis Miguel. O en mi caso, ambos. A los ojos de un niño, el mexicano era todo a lo que podía aspirar alguien interesado en la música: tenía pinta, era un gran intérprete y más encima su novia era Lucerito. En el caso del trío de San Miguel, era el modelo a seguir si la idea era formar una banda con un discurso contestatario. Así, ambas cosas de algún modo se complementaban.

Cuando tenía como ocho años llegó a mis manos el casete de La Voz de los 80 y poco después el Pateando Piedras. En esa misma época, para uno de mis cumpleaños una tía me regaló Palabra de honor y Decídete. A todos esos casetes les dimos como caja en las fiestas del pasaje. Para bailar un lento, lo mejor era aplicar algún tema de Luis Miguel. Al margen de aquello, nos provocaba gracia, con los amigos de ese entonces, ese falsete que sacaba el joven mexicano al final de Palabra de honor.

En aquella era, poco y nada se sabía de Luismi, más allá de que estaba a punto de cambiar la voz, que vendría al Festival de Viña y que en una película, Ya nunca más, que vimos en una edición ultra pirata en Betamax, le amputaban una pierna. La misma tía que me regaló el Palabra de honor me llevó al cine Santa Lucía a ver Fiebre de amor, cuya coprotagonista era Lucerito. Cuando Luis Miguel fue por primera vez al Festival de Viña, en 1985, con una bufanda blanca y traje negro, en mi cuadra se paralizó todo. Lo disfrutamos un buen rato, hasta que se cortó la luz. Los apagones eran pan de cada día en ese Chile. Al año siguiente volvió a Viña, con una faja roja, y muchos más éxitos que mostrar.

Después de todo eso, perdí todo interés en Luis Miguel. Nunca más supe de su carrera, ni de los discos que sacó, ni de Lucerito, hasta que apareció la serie sobre su vida, que seguí sin prejuicio alguno. En un comienzo mi interés era ver cómo estaba recreada la primera época del cantante, que era la que tenía en la memoria. Pero de pronto la trama me atrapó, porque finalmente se narra el auge y la caída -o viceversa- de un rockstar latino. Hay historias de abusos, de fama, de rock and roll, de drogas, de amantes, de éxito, de fracaso y muchísimas más sombras que luces. Y aunque el personaje de Luisito Rey se termina comiendo al protagonista, impacta la vida miserable que tuvo Luis Miguel en su infancia, cuando Palabra de honor llegó a mis manos y no tenía ni la más remota idea de quién era realmente el “Sol de México”.


Te adoro Luisito Rey


Por Javiera Contador. Actriz

Soy de las personas a las que no les gusta Luis Miguel. Nunca me gustó nada, ni un poco. No me sé las canciones, nunca las escuché y jamás seguí su carrera. Reconozco que igual me sé el coro de “La incondicional” y “Palabra de honor”, porque crecí en el planeta Chile y fue imposible evadir cierto conocimiento luismiguelino. Pero sus canciones, sus éxitos, nunca han sido parte de mi playlist personal.

Cuando supe que darían una serie en Netflix de su vida, obviamente, no me llamó la atención, sabía que no era para mí. Pero cuando todo el mundo comenzó a hablar de ella me empezó a dar curiosidad. Con Diego, mi marido, la empezamos cuando llevaba ocho capítulos emitidos y me enganchó al tiro, me hice fanática total y ahora soy una fan asumida. Desde el primer capítulo encontré que Luis Rey era lo máximo (como personaje villano, obvio, como papá… pobre Micky). Ese personaje es demasiado bueno, está muy bien construido, y hay mucho morbo en torno a él. Puedo decir que le amo. Y con respecto a Luis Miguel, todavía espero la parte de su vida en que se empieza a poner color naranja (comentario con respeto para Dayana Amigo y toda la fanática fanaticada).

Cada vez que terminaba un capítulo me metía a internet, quería saber qué pasó con su mamá, las teorías respecto a su desaparición y corroborar si Luis Rey efectivamente era tan tan malo. También busqué a Diego Boneta, y así supe que había estado en Chile y que en México era súper famoso. Y, obviamente, busqué a Óscar Jaenada, el actor de Luis Rey. Descubrí que había sido Cantinflas, que era rockero y que carrreteaba con Residente y mis ganas de ser su amiga se multiplicaron por mil. Ahora tengo un nivel de respeto bien grande hacia Luis Miguel, pero no he llegado a buscar sus canciones en Spotify. Lo mío, la verdad, es con Luis Rey. Me encantaría que haya una segunda temporada. Con Luis Rey eso sí…


Entendí su vida


Por Felipe Avello. Comediante

En mí siempre ha estado presente Luis Miguel, aunque nunca gustándome del todo. Me resultaba antipático, extraño, siempre se decía que era muy pesado, incluso ridículo, como cuando en un programa llegó bronceado y se comenzó a chorrear, al día siguiente en el colegio todos nos reímos de eso y llegamos hablando del tema.

Incluso me acuerdo que había un poco de clasismo en todo eso, porque era de gusto de gente más popular, considerado hasta medio chulo. El colegio donde estudié era bien clasista y lo que estaba considerado más refinado era la música en inglés, el rock en inglés, pero no las baladas en español. Con el paso del tiempo, Luis Miguel estaba cada vez menos presente. Cuando hizo esos discos de boleros, ya dejé de prestarle atención. Pero recuerdo su primera etapa, cuando era niño, sobre todo por la canción “Cuando calienta el sol. Pero eran las únicas cosas que me gustaban.

Pero enganché mucho con la serie, me sentí fascinado y atraído por ella. Más allá de que es una historia entretenida, emocionante, dramática a ratos y tiene harta música -que en lo personal es algo que me gusta harto- me enganchó porque es un personaje que está vivo, es la biografía de alguien que generacionalmente ha estado en muchos capítulos de la vida de uno, en el gusto de mucha gente que uno conoce, en sus conciertos en Chile, aunque nunca me llamó la atención su música. Pero su personaje es muy atractivo y se supone que esta serie revela muchos misterios de su vida.

Por eso, obviamente me ha cambiado la percepción que tenía de él. Ahora lo encuentro muy agradable, si viene a Chile me gustaría incluso ir a verlo. Además, es muy bueno el actor que hace de Luis Miguel; no lo imita, pero uno se llega a olvidar que es un actor y cree que es Luis Miguel, no pareciéndose tanto físicamente. Me cambió toda la percepción que tenía de él. Ahora entiendo muchas cosas de su vida. O creo entenderlas.


Nada es igual


Por Nuno Veloso. Editor de revista Rockaxis

Nadie nunca se arrepiente de ser valiente. Al menos eso le dijo Hugo López a Micky, según cuenta Luis Miguel, la serie. Las canciones de Luis Miguel nunca fueron parte del soundtrack de mi infancia. Claro, conocía un par de singles -más que nada, sus estribillos-. Pero la música que se escuchaba con regularidad en mi hogar, era otra: Pink Floyd, Yes, The Beatles -rock clásico- y algunos actos de soul y R&B como Isaac Hayes o Barry White. Tal vez por su vínculo con estos últimos fue que el disco Aries (1993) conquistó los oídos de mi padre, quien decidió un día comprar el CD, en los albores de dicho formato. Pero, para entonces, yo tenía mi mundo aparte y no presté atención. Lo mío era The Cure, Bowie, Depeche Mode, R.E.M., y el casete del Debut de Björk, que ya había llegado a mis manos, cambiándolo todo.

Siempre vi al “Sol de México” como un producto inflado y pedante, a pesar de su evidente calidad interpretativa, y mi predilección por artistas que componían su propio material, como Bowie o Dylan, aumentaba ese recelo. Hasta hoy mantuve por inercia aquella aversión temprana.

Sin embargo, la propuesta de una serie basada en su vida me pareció atrayente. No me arrepiento de haber sido valiente y haber puesto en suspensión mis prejuicios. En Luis Miguel, la serie -la coma explicativa es elocuente, pues se trata de una ficción- fui testigo de cómo, en la vida de Micky, aquellas composiciones que han marcado hitos intransferibles en la vida de cada uno de los fans, fueron también grandes hits (golpes, literalmente) en la propia historia del cantante. De ese reflejo surge la empatía y compasión por el niño detrás del hombre, y el hombre detrás del personaje, resignificando todo su catálogo y -en mi caso- animándome a explorarlo.

Se trate de una apuesta por recuperar la popularidad extraviada o de una calculada estrategia de marketing, digna del mismísimo Luisito Rey, para encumbrar éxitos de antaño en las plataformas de streaming, lo cierto es que este fenómeno consiguió reconectar con su público y, de paso, estimular la curiosidad de renegados como yo. Atravesando la transfiguración necesaria de ciertos acontecimientos personales, pienso que existe también una valentía de parte de Luis Miguel al confirmar, con su venia, una cruda historia de abuso psicológico, además de denunciar la despiadada violencia contra su madre, incluso especulando lo peor. Más que un fidedigno relato biográfico, la serie es un drama cautivador -con una estrategia narrativa audaz, actuaciones sobresalientes y una gran puesta en escena-, capaz de hacer emerger un nuevo Luis Miguel ante los ojos de todos. Después de verla, nada es igual.


Placer (ni tan culpable)


Por Catalina Calcagni. Guionista de teleseries

Crecí en una casa sin televisión, así que nuestra compañera era la radio. Escuchaba mucha música romántica y bien “cebolla” y Luis Miguel era de mis favoritos. “La incondicional” y “La chica del bikini azul” vivían pegadas en mi cabeza. Creo que no las entendía del todo, pero me gustaba lo que me hacían sentir.

Cuando supe de la serie sobre la vida de Luis Miguel, me produjo mucha curiosidad. Es raro ver historias de vida de artistas convertidas en ficción, sobre todo si esos artistas están vivos. Mi primera impresión al verla es que es una historia a la que no se entra con el cerebro, si no con la tripa. Me refiero a que lo importante no es tanto lo que pasa, si no lo que te hace sentir, y eso me encantó. Es una historia que toma prestados muchos elementos del melodrama clásico, al igual que las teleseries. Estas ficciones, muchas veces miradas en menos, para mi son maravillosas. Nacieron en Latinoamérica, y creo que representan muchísimo cómo sentimos. Por algo es un género que nunca se agota.

Luis Miguel, la serie, está llena de detalles melodramáticos: Micky, el bueno, es híper inocente; Luisito Rey, el malo, siente placer en serlo; y Marcela, la víctima sufre lo indecible y se mantiene pura. Y aunque nos conocemos esa configuración de memoria, nos atrae como las polillas a la luz.

Por ahí he leído que es una limpieza de imagen de Luis Miguel, y no tengo idea si es cierto, pero si lo es, qué campaña más exitosa. Porque al menos para mí, la serie cambia completamente la imagen que tenía de “Luismi”. Ver la historia de un niño tan acontecida, llena de momentos dramáticos a los que se pudo sobreponer, para llegar a ser un adulto noble, resulta extrañamente placentero, en tiempos donde las ficciones que producen cadenas como Netflix exploran más bien las sombras del antihéroe.

La serie es como un helado de chocolate, un placer (ni tan culpable) imposible de evitar.


La maldición del niño estrella


Por Pedropiedra. Cantautor

La serie es un tipo de historia arquetípica del niño genio con el papá semifrustrado musicalmente que lo explota, lo odia y lo ama, lo rechaza y depende de él. Finalmente, lo envidia. Fue muy entretenido ver el morbo de toda esa historia transformada en teleserie, que es casi la misma que vivieron otros artistas, como Brian Wilson o Michael Jackson.

Ahí uno se da cuenta de lo terrible y dañino que es el éxito para un niño. Creo que a esa edad nadie debería estar expuesto a algo tan terrible como ese nivel de éxito y de exposición al que lo sometía el papá. Uno piensa en Luis Miguel y te da un poquito de lástima, sientes que tuvo una vida salida de toda norma. Como todo niño estrella, que a la vez es una especie de maldición.

Te da lástima; o más que eso, te provoca empatía conocer que tuvo una vida tan difícil.

Igual, no hay que olvidar que estamos hablando de televisión, de entretenimiento, esto está escrito por guionistas y cuenta con el beneplácito de Luismi, que se retrata a sí mismo como un chico impetuoso, arrogante, pero un buen muchacho al fin y al cabo, cargando con todo este drama familiar.

Pero lo más impactante es todo lo relacionado con su padre.

Si es que un cuarto de lo que muestran ahí en la serie pasó en realidad, ya sería totalmente el hijo de puta que todos dicen que es. Pero bueno: dónde está la realidad y dónde está el mito, uno nunca sabe. Es tele. Pero es totalmente una vida de cuento.