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Beatriz Bustos, directora Centro Cultural La Moneda: “Toda muestra que haga preguntas sobre cómo vivimos hoy, para mí tiene todo el sentido”

Beatriz Bustos, directora Centro Cultural La Moneda: “Toda muestra que haga preguntas sobre cómo vivimos hoy, para mí tiene todo el sentido”

A casi dos meses de asumir la dirección, la curadora detalla cómo será Ballenas, voces del mar de Chile, la muestra que abre el 8 de agosto con 200 piezas en torno al mar. Aquí traza también las líneas de su gestión.

No había querido contestar llamadas ni preguntas de la prensa. No tenía mucho que decir, afirma, pero ahora, rodeada de una docena de cajas aún sin desembalar y a pocos días de inaugurar la nueva muestra del Centro Cultural La Moneda, la curadora Beatriz Bustos (58), quien asumió la dirección del mismo espacio en mayo pasado, luego de que el directorio encabezado por el artista Gonzalo Cienfuegos aprobara su designación, cree que es tiempo de sacar la voz y de reafirmarse en el cargo que durante 11 años ocupó Alejandra Serrano. Así lo explica hoy en su nueva oficina, ubicada en las profundidades del barrio cívico de Santiago.

“La verdad es que no habría sabido qué decir, salvo que me sentí muy halagada y que no me lo esperaba. Tampoco era el momento de proyectarme. Lo primero era conocer al equipo y que ellos me conocieran también, lo que considero parte fundamental de este proceso que se abre con mi llegada”, dice la también artista de la U. de Chile. “Estoy trabajando con el mismo equipo, pues considero que es uno muy serio y comprometido, además de contar con excelentes profesionales. Sobre todo en el de Exposiciones, que ha sido el foco de este centro cultural”, agrega.

En las mismas cajas donde ahora intenta relajarse y posar ante las cámaras, están las 200 piezas de más de 30 instituciones, locales y extranjeras, que darán vida a Ballenas, voces del mar de Chile, la muestra organizada junto a la Fundación MERI que abrirá el miércoles 8 de agosto.

Integrada por pinturas, fotografías, videos y una instalación a cargo de la oficina CQ Arquitectura, que ya estuvo detrás de la museografía de las muestras sobre Roma (2017) y Picasso (2016), la exposición busca abordar el mar como “patrimonio natural, cultural y científico”. De este modo, se ha organizado en cuatro ejes: Mar de Chile, refugio eco-sistémico de ballenas; La familia de cetáceos en Chile; El mar y sus ballenas: construcción de un imaginario nacional, y Cetáceos y ciencia: actualidad y proyección a futuro.

El esqueleto completo de una ballena sei, procedente del Museo de Historia Natural de San Antonio, abrirá el recorrido junto a una proyección audiovisual de gran formato (más de 20 metros) y con cantos de ballenas que forman parte de una investigación en curso y por parte de la fundación patrocinadora. En la Sala Pacífico, en tanto, se desplegará una instalación hecha de plástico que alude al daño ecológico producido por este material y, muy cerca, una muestra fotográfica de la artista canadiense Keri-Lee Pashuk que retrata la muerte masiva de estos mamíferos en la región de Aysén, en 2015.

Además de las pinturas Marina (1890) de Juan Francisco González y Playa (1965) de Adolfo Couve, entre otras de la colección del Museo Nacional de Bellas Artes, uno de los “grandes hallazgos”, señala Bustos, son los audios que el sacerdote y antropólogo alemán Martín Gusinde (1886-1969) obtuvo durante sus expediciones al extremo sur del país, en 1923, y que ahora llegan desde el Museo Etnográfico de Berlín. Así, los antiguos cantos yámana, kawéskar y selknam serán oídos por primera vez en Chile.

La selección, a cargo de las curadoras del mismo centro, Manuela Rivera y Macarena Murúa, incluye también la colección de objetos marinos, entre catalejos, timones y cartografías, así como una serie de grabados de ballenas a mano que pertenecieron al escritor y Premio Nacional de Literatura 1967, Salvador Reyes (1899-1970). Además se expondrán primeras ediciones de sus libros El última pirata (1925), Las mareas del sur (1930), Ruta de sangre (1935) y Mónica Sanders (1951), protagonizada por el capitán de un ballenero llamado Alcatraz.

El autor de El último grumete de la Baquedano y Cabo de Hornos, Premio Nacional en 1964, Francisco Coloane (1910-2002), es otro de los escritores cuyas novelas están muy enraizadas en el mar. Por eso se exhibirá una serie fotográfica suya que retrató las faenas de la hoy desaparecida ballenera de Quintay, publicada en los años 50.

“El medio ambiente es uno de mis intereses de investigación, y mi último trabajo además fue en la Fundación Mar Adentro, cuyo principal interés es velar por su cuidado y preservación”, señala Bustos, quien también estuvo detrás de las muestras en Chile de Christian Boltanski (Museo Nacional de Bellas Artes, 2014), y que anteriormente trabajó en el Pabellón chileno en la Bienal de Venecia 2016, junto a Alfredo Jaar. Desde su lugar en la Fundación Mar Adentro lideró además la exitosa exposición Obsesión infinita. de Yayoi Kusama (CorpArtes, 2015) y, a comienzos de este año, Algoritmos del viento, del artista Theo Jansen en el Centro Nacional de Arte Contemporáneo Cerrillos.


– ¿Qué visión tenía del centro cultural antes de asumir la dirección?

– Yo creo que es el principal centro cultural de Santiago enfocado a diversas exposiciones. Si lo comparamos con el GAM, por ejemplo, cuyo foco son las artes escénicas, o los distintos museos, como el MAC o el Bellas Artes, que trabajan con sus propias colecciones, este es un lugar de excelente infraestructura y en un espacio ciudadano, al centro de la ciudad y con una programación muy diversa y de muy buen nivel. La administración anterior, con Alejandra Serrano como directora, entendió muy bien la idea de que el curador no piensa para sí mismo ni para un círculo acotado sino para uno más amplio. Y yo comparto esa mirada, pues siempre he creído en que la capacidad de todo ser humano es infinita y que el derecho a apreciar obras de buen nivel es universal. En 11 años, ella logró posicionar este centro y crear una audiencia que circula alrededor, pero el público se vuelve más exigente a medida en que madura y más conoce.

– Esta misma muestra pareciera alejarse un poco de lo artístico y contemplativo, para reflexionar más sobre un tema específico…

– Toda muestra que haga preguntas sobre cómo vivimos hoy, para mí tiene todo el sentido y pertinencia. Y si este espacio busca gatillar la reflexión, no podemos ser neutrales. Por eso convergen aquí distintas miradas y manifestaciones, desde la literatura, el arte y fotografía sobre el mar y sus especies vistos como parte del patrimonio nacional.

– Si la muestra ya estaba curada, ¿cuál fue su participación en ella?

– Es providencial que justo me tocara abrir una exposición cuyos contenidos fueron generados por este equipo pero que tocan una sensibilidad mía también. En esa línea, mi único ajuste, además de participar en discusiones curatoriales, fue la incorporación de una asesora intercultural, que yo creo que es importantísimo cuando uno habla de comunidades indígenas. En este caso hacía falta la mirada y voz de alguien que perteneciera a estas últimas y por eso sumé a Alejandra Carimán (ex miembro del Programa Educacional Intercultural Bilingüe del Mineduc), y a futuro ella tendrá palabra porque es fundamental tener esa mirada de cómo estamos tratando a los pueblos originarios.

– Muestras como la de Andy Warhol (2017) han superado las 500 mil visitas. ¿Le importan las cifras o apunta a algo más?

– Las cifras, en este caso, han sido consecuencia de una gestión consecuente y exitosa. Si tú apelas a lo más profundo del ser humano y gatillas una reflexión, es casi seguro de que lo vas a tocar de distinta manera, porque tiene que ver con su biografía, su historia y contexto además. En ese sentido, esta muestra sigue esa línea, es muy positiva y abre toda una línea de trabajo.

– ¿Más pedagógica quizá?

No sé si pedagógica es la palabra, pero nos lleva a cuestionarnos y eso mueve y remueve al público. Y yo busco eso.

– Suelen decir que los centros culturales son el nuevo edén de los curadores. ¿Cómo lo ve usted?

– Un centro cultural es un espacio privilegiado para curar todo lo que sucede en ese lugar. De alguna forma la curadoría está en todos los espacios, entendiendo curadoría como “velar” por la atención de sus visitantes y por que tengan una buena experiencia, desde desplazarse bien porque hay buena señalética, hasta que encuentre distintas ofertas culturales y a distintos horarios para una diversidad de público. Visto de esa forma, sí puede ser el edén de una curadora en el sentido de poder curarlo todo, incluido el restaurant.

– Además de la incorporación de una asesora intercultural, ¿qué otras acciones ha tomado en estas pocas semanas como directora?

– La próxima semana se incorporará otra persona como Jefe de Extensión y Educación. Su misión será fortalecer esa área más allá de las exposiciones. Después, pienso, habrá que revisar toda la parte comunicacional y cómo estamos apareciendo, pero son ideas. Sí pretendo ampliar la oferta cultural y que podamos llegar a distintos grupos etarios de la sociedad y comunidades que se identifiquen con el centro. Cuando digo comunidades, pienso en grupos urbanos. Santiago es ahora muy heterogénea y compuesta por distintas comunidades, de manera que todas deberían en algún momento sentir que tienen una voz a través de la programación de este centro. Eso se traducirá en acciones muy concretas, pero ya se verán a futuro.

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