Culto
Como la sombra que se va: Catalina Infante y su primer libro de cuentos

Como la sombra que se va: Catalina Infante y su primer libro de cuentos

La autora chilena, quien también coordina la editorial Catalonia, presenta un volumen con protagonistas mujeres. “Juntas son un conjunto oscuro, una misma masa invisible”, dice sobre Todas somos una misma sombra.

Todas las narradoras de este, el primer libro de relatos de Catalina Infante (Buenos Aires, 1984), han perdido algo: una historia de amor, un padre, un gato, un paisaje, un novio, un hermano.

Aunque no se quedan solo en el lamento puro.

Porque estas son narradoras que toman aquella pérdida para crear algo: a veces es un relato, un viaje, una venganza o una épica personal.

Todas somos una misma sombra (Neón Ediciones) está compuesto por ocho relatos de mujeres que “eligen sentir esa pérdida bajo sus propias reglas”, como se lee en la contratapa.

Así, por ejemplo, le sucede a la narradora de “La novela que nunca escribí”, quien dice: “Una guagua llora en el departamento de al lado, cada noche. Me gusta imaginar que vive sola. Me gusta imaginar que yo también vivo sola”.

O en el último relato, titulado igual que el libro, en el que una tribu de mujeres deambula por lo que parece ser un mundo post-apocalíptico. Un cuento que se lee como 2001: Odisea del espacio –la parte de las tribus de cavernícolas–, pasado por el cedazo de Virginia Woolf: “Ellos no sobrevivieron. Sufrieron los estragos por la falta de sueño, algunos perdieron la cordura, otros no se levantaron más”, se dice sobre la extinción de los hombres. “Quemamos sus cuerpos en la hoguera como un ritual, uno a uno a medida que fueron cayendo”.
Pero no todos los paisajes en estos cuentos son post-apocalípticos, claro. Todas somos una misma sombra es un libro que, como dice la dedicatoria, tuvo varia locaciones que inspiraron su escritura: Santiago, Guangualí, Matanzas, Aurora, Valdivia y Chiloé. Y eso también se nota en sus páginas.



-¿De dónde viene el título?

-Antes que el cuento, existió esa frase. Es una frase que se me vino a la cabeza y quedó guardada en una carpeta donde recolecto frases que se me vienen a la cabeza (muchas de ellas están recopiladas en el libro Postal Nocturna) Luego la frase mutó, se abrió como si fuera un sobre y de allí se desplegó un cuento, como si esa historia hubiera estado guardada adentro. A mi editora le pareció que el libro debía llamarse así y creo que fue un acierto, porque engloba todas las voces de este libro. Todas esas mujeres juntas son un conjunto oscuro, una misma masa invisible, como un agujero negro cuya potencia existe, aunque no la puedas ver.

-Tal vez donde más se ve eso es en último cuento, el de la tribu de mujeres que sobrevive en tiempos post-apocalípticos. Creo que es el más explícito (sin solo ser sobre eso, claro) sobre la discusión de género. ¿Lo escribiste hace poco?

-Lo escribí hace casi tres años en Valdivia. Lo primero que escribí fue su párrafo final, tenía en la cabeza esta idea de mujeres enterrándose y fundiéndose con la tierra. Luego salió el resto. Fue un proceso creativo muy inconsciente, no podría explicarte por qué lo escribí o de dónde salió. Jamás quise hacer algo de género ni mucho menos. Creo que recién hoy lo entiendo como una forma que tuve para liberarme de un masculino interno mal llevado, que me tenía muy atrapada mentalmente y no me permitía ser quien soy.


Librería Bacana

Catalina Infante Beovic nació en 1984 en Buenos Aires, Argentina, pero se crió en Santiago. Es hija de un papá editor y una madre librera.

“Nací allá por el exilio de mis padres. No recuerdo tanto, solo fragmentos dispersos, pero sé con seguridad que esos años me marcaron”, dice sobre la primera parte de su infancia. “Hace poco leí Estampas de niñas de Camila Couve, un libro delicado y hermoso que habla de la infancia. Me sentí muy identificada con ese espacio brumoso, confuso, de luces y sombras, que es la niñez. Un puzle que te pasas la vida intentando armar y que sabes contiene la imagen total de lo que eres”.


Fue su madre quien en 1996 fundó la librería Catalonia. El proyecto estaba inspirado en mítica librería Catalònia, ubicada en Barcelona.

Hoy Catalonia continúa siendo una de las librerías clásica del circuito local. Y también algo más. En 2011, y tras diez años de la muerte de su fundadora, Laura y Catalina Infante Beovic retomaron el mítico local de Galería Drugstore. Y de alguna manera lo actualizaron.

Ahí están, por ejemplo, los talleres de lectura, narrativa, poesía, pensamientos y otras vertientes. Y la editorial: Catalonia ha publicado Armando Uribe, Elizabeth Subercaseaux, Sonia Montecino, Humberto Giannini y Ángel Parra, entre varios más. Uno de sus últimos éxitos ha sido el volumen Mujeres bacanas, libro ilustrado con 100 biografías de mujeres que marcaron la historia (desde la primera matemática del siglo V hasta Madonna).


-El 2011 te pones al mando de Catalonia con tu hermana. Me da la sensación de que en los últimos años la librería se volvió en algo más: un centro de intercambio de ideas, de discusión. ¿Cómo ves, digamos, la marca Catalonia?

-Es una pregunta que siempre me cuesta contestar porque bajo ese nombre convergen dos proyectos distintos. Por un lado está la editorial, que tiene su línea tradicional y original fundada y llevada por mi padre, y que se ha posicionado con libros que rescatan la identidad y memoria de Chile, y también de investigaciones periodísticas que marcan la pauta pública. Y por otra parte está la librería, de la que somos dueñas yo y mi hermana Laura, donde hemos desarrollado un perfil quizás menos serio, ligado a la narrativa contemporánea, las editoriales independientes, los libros gráficos y los temas actuales de género. A mí me encanta que sea así, que esas dos líneas dialoguen en una misma marca. Es algo orgánico y natural que ha sucedido por la simple razón de que es una empresa familiar, donde hay dos generaciones distintas trabajando juntas y uniendo visiones.

-Y dentro de eso: ¿qué papel ha jugado la editorial y la librería en cuanto a la última oleada feminista? Pienso en el éxito de Mujeres bacanas y los talleres de lectura que, de alguna forma, buscan cuestionar el canon literario.

-Me encantaría pensar que jugamos algún papel o podemos influenciar en algo, porque con mi hermana nos sentimos parte de ese movimiento. Tener una librería para nosotras es un puente para poder hablar y promover los temas que nos apasionan, y sin duda la liberación del género y el respeto por la diversidad es uno importante. Tratamos de ponerle nuestro sello a todas las actividades que hacemos y de contribuir con una línea que nos haga sentido. Me pasa lo mismo con mi trabajo como editora, me embarco en proyectos que me hacen sentido y en los que creo. Mujeres bacanas ha sido uno de los libros más lindos que me ha tocado editar, fue inspirador conocer la historia de todas esas mujeres, y más aún trabajar con un equipo de puras mujeres bacanas como son sus autoras e ilustradora. Me hace feliz el éxito que ha tenido.

-Me reí mucho con este dato biográfico que se incluye en tu libro: Nunca ha visto Star Wars. Primero: ¿en serio? Segundo: ¿por qué poner ese dato?

-Mi editora, María Paz Rodríguez, me pidió que hiciera una biografía informal y chistosa y salió eso. Quizás siento cierto orgullo de nunca haber visto Star Wars y también lo puse porque es un dato que habla harto de mí. Nunca me sentí muy identificada con los ídolos y referentes pop de mi generación. Me sentía siempre rara con eso, como si hubiera crecido en un bunker. Confieso que gran parte de mi vida fingí interés para sentirme parte de algo, pero siendo honesta las veces que intenté ver Star Wars me morí de la lata, tampoco vibro por ejemplo con la música de David Bowie o Patti Smith, y nunca rallé la papa con la literatura de Bolaño.

-Entonces, ¿es un poco como una confesión?

-Sí, me libera poder salir del clóset con esto. Creo que en general hay poca tolerancia a la diversidad de los gustos, estilos, formas, maneras de hacer y vivir la vida. Como si todos tuviéramos que seguir lo mismo. Y no poh’, cuando somos más honestos y menos poseros enriquecemos más al mundo, se necesita con urgencia esa diversidad.


* Foto: Nicolás Montenegro

Sobre el autor:

Antonio Díaz Oliva |
Es periodista y escritor. Ha publicado la novela La soga de los muertos, la investigación Piedra Roja: el mito del Woodstock chileno y el volumen de relatos La experiencia formativa. En Twitter es @TheAntonioAdo