Culto
Entendiendo a Kubrick

Entendiendo a Kubrick

Tres expertos definen los elementos clave de la obra del director de La naranja mecánica. Su obsesión por los detalles, el desarrollo de la narración audiovisual y la exploración de temas como el sexo y el amor, son aspectos que cruzan sus dieciséis películas.

Cuando en 2014 Alfonso Cuarón ganó el Oscar a Mejor Director por Gravity, escribió para Entertainment Weekly un artículo sobre una de sus influencias: el cine de Stanley Kubrick. “El escaso diálogo y el uso del silencio en Gravity no es sólo un legado de 2001 —sostiene el mexicano— es un legado de toda la obra de Kubrick que, como muchos otros maestros del cine, cree en el poder del cine como una experiencia que puede transmitir temas a través de su propio lenguaje”.

Efectivamente, la filmografía del cineasta nacido en 1928 tiene ciertos aspectos que con el tiempo se instalaron como referencias en el séptimo arte.

La búsqueda de la perfección es uno de los elementos más citados como característica del cine de Kubrick. Apreciación que comparte Diego Muñoz, crítico de cine y guionista —conocido como Hermes el sabio—. “Su composición cinematográfica no tiene parangón, es muy pulcra. Esa factura le da un sello, tú ves dos minutos de una de sus películas y sabes que es de él”, afirma.

Opinión similar tiene la destacada periodista y crítica de cine Ana Josefa Silva. “No solo pasaba horas en la sala de edición, sino que también podía hacer repetir cientos de veces una escena a un actor, como le pasó a Tom Cruise y Nicole Kidman en Ojos bien cerrados (1999)”, relata Silva.

La obsesión del realizador por los detalles tenía ciertas lógicas. Muñoz lo explica con el proceso de la película Barry Lyndon (1975), ambientada en el siglo XVIII. “Él decía que, si hacías una película de época, tenías que filmarla como si fueras de la época. Entonces en esa producción desarrolló unos lentes junto con la NASA para filmar a la luz de las velas, pues en ese tiempo no existía la iluminación de luz eléctrica”, detalla el crítico.



Kubrick también destacó por su profundo desarrollo del lenguaje audiovisual para contar una historia. Así lo destaca el académico de la Universidad de Chile, Hans Stange. “Un rasgo de su trabajo es el aporte que realiza a la renovación de las claves narrativas en los 60’ y 70’, incluso antes, con Casta de malditos (1956), y lo hace de una manera muy simple: exigiendo del cine que sea capaz de narrar con imágenes, y no las use solamente para ilustrar un relato literario”, afirma el docente.

Un ejemplo clásico es el uso de la elipsis (eliminación de una acción que el espectador puede deducir, para hacer más ágil el relato) en 2001: Odisea del espacio (1968), cuando el hueso lanzado por el homínido al cielo, con el corte directo se transforma en una moderna nave espacial.

Este desarrollo de la narrativa explica el uso de ciertos recursos cinematográficos en sus producciones. Ana Josefa Silva los detalla. “Usaba repetidamente tracking shots (tomas de seguimiento) con lo que conseguía no solo dar una sensación de dinamismo a la narración, sino que ponía foco en el estado mental y emocional de sus personajes. Otras técnicas que usaba: la perspectiva, los zooms lentos, la captura de la conmoción de sus personajes, la ironía sombría”, destaca la periodista.

Un ejemplo de seguimiento es la toma que acompaña a Danny, el niño de El resplandor (1980) cuando conduce su triciclo por los pasillos del hotel.

A pesar de que en su carrera el director incursionó en diversos géneros, como ciencia ficción, terror, bélico, entre otros, hay ciertos temas que cruzan su obra.

“Yo creo que él desarrolló una exploración del ser humano. En Lolita agarra a Humbert Humbert, un pedófilo, y lo hace el protagonista. En Ojos bien cerrados explora la relación de pareja con los años. En La naranja mecánica indaga sobre la maldad y el fracaso al intentar controlarla. Siempre es probar qué le pasa al ser humano respecto de algo”, analiza Muñoz.

Una opinión similar sostiene Ana Josefa Silva. “La esencia de sus películas es atemporal: son siempre una introspección (a sus personajes, a la sociedad), una mirada filosófica, que trasciende el relato en sí mismo”, detalla la crítica.

Para Hans Stange los temas recurrentes de la filmografía del norteamericano son claros. “Yo creo que el sexo y la violencia son temas clave en su cine. Están presentes en Lolita, Ojos bien cerrados, Caminos de gloria, Full Metal Jacket, La naranja mecánica, etc”, analiza el académico.

La influencia del director de Espartaco (1960) en el cine actual es tal, que cineastas como Cuarón, Cristopher Nolan o David Lynch han manifestado en alguna ocasión su profunda admiración hacia él.

Diego Muñoz agrega otros nombres a considerar. “En cuanto a la composición, los planos y su pulcritud, yo creo que David Fincher le hace la pelea a Kubrick. También Yorgos Lanthimos, específicamente si ves El sacrificio de un ciervo sagrado (2017) su estilo es muy Kubrick, no sé si de manera intencional”, afirma el guionista.

Otro aspecto en que se observa la huella del neoyorkino en el presente está en el desarrollo de la visualidad, según afirma Hans Stange. “Se observa en los aspectos formales-visuales, sobre todo en la manera de imaginar. Por ejemplo, Alien, Interestelar, y buena parte del cine de terror actual son más deudores de su propuesta visual que de las convenciones clásicas de sus respectivos géneros antes de él”, dice el docente.

Pese a esta influencia, Muñoz cree que en la industria cinematográfica de hoy, el ganador del BAFTA por Dr. Insólito (1964) no tendría cabida. “No lo dejarían demorarse años en un rodaje, él cambió todo —asegura el crítico—. Además tenía mucho del Hollywood viejo, de Lawrence de Arabia, esas películas épicas, largas. Entonces demorarse un año como en Ojos bien cerrados, no le importaba. De alguna forma él tenía una pata en lo tradicional y la otra en lo moderno”.

Todos estos aspectos permitieron a Stanley Kubrick desarrollar una obra muy personal, alejada de las modas de su tiempo y que lo hacen difícil de clasificar en algún estilo. “Él se sirvió de los recursos de la industria para llevar a cabo la visión de sus películas. Por lo tanto, no cabe aplicarle etiquetas como cineasta ‘solitario’, ‘marginal’ o ‘alternativo’, tampoco como cineasta ‘mainstream’; es inclasificable” sostiene Stange.

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