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En el Día del baterista chileno: ¿quiénes son los imprescindibles?

En el Día del baterista chileno: ¿quiénes son los imprescindibles?

Culto preguntó a un músico, un ingeniero de sonido y a tres periodistas sobre los nombres fundamentales de la batería nacional.

Desde 2013, cada 25 de julio se celebra en nuestro país el Día del baterista chileno, una iniciativa de la SCD en que, aprovechando la fecha de natalicio del legendario Gabriel Parra, se hace un reconocimiento a todas las personas que tocan la batería.

Por eso, en Culto quisimos consultar a cinco especialistas musicales sobre los exponentes fundamentales de la historia del instrumento en Chile. Hubo muchas coincidencias, pero también espacio para pensar en músicos que no suelen ser tan mencionados en este tipo de ocasiones.


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El nombre de Gabriel Parra, de Los Jaivas, es el que todos repiten y el primero que se les vino a la cabeza, ¿las razones? “Por ser pionero y desarrollador de un estilo que podríamos llamarlo rock progresivo de raíces. El mezclar ritmos de raíz folklórica, basados en el 3/4, 7/8 o 4/4 con métricas más complejas”, asegura el ingeniero de sonido y locutor de Radio Futuro, Hernán Rojas.

Nuno Veloso, editor de Rockaxis, no duda en definirlo: “Es nuestro Keith Moon. Su instrumento -aquella Ludwig Octaplus de 12 tambores- es la extensión y materialización de su espíritu: fusión de técnica y pasión, rock progresivo y calle, ambición y corazón”.



El músico y periodista Gonzalo Planet habla de otro nombre ineludible, Sergio “Tilo” González, de Congreso. “Su inconformismo, que lo hace huir de los lugares comunes, está en permanente tensión entre el rock con el que creció como niño prodigio en Quilpué, más la música latinoamericana que conocería después en Santiago. Lo mejor es verlo en concierto: incansable”, dice.

Al respecto, el autor del libro Se oyen los pasos recomienda escuchar con atención la performance de González en los temas “Los maldadosos” y “En todas las esquinas”.

Veloso añade sobre Tilo: “Es el científico, el experimentador, un autodidacta que se inició en la batería tocando cajas, tarros y botellas. Su versatilidad, curiosidad y carácter se vierten en Congreso y en sus composiciones, introduciendo variabilidad y derribando todos los muros”, asegura.



Otro que no puede faltar es Francisco Molina, exbaterista de Los Tres. “El background jazzero que tiene Pancho creo que aportó muchísimo a Los Tres, desde su lugar le aportó una seguridad al resto de los músicos desde la cual ellos se podían mover”, dice el periodista Felipe Arratia, actual director de Prensa de agencia Charco.

Sobre el penquista, Nuno Veloso dice que “es otro prócer, por la forma en que empapó la música de Los Tres, fuertemente marcada por el rockabilly, con el vértigo del jazz -junto a Titae-, haciendo posibles dentro de su catálogo cortes como ‘Follaje en el invernadero’ o ‘Pájaros de fuego’, aportando sutileza, filo y calidez a una propuesta que definió por su presencia y técnica el rock nacional de los 90s”.



Para Hernán Rojas, otro sobresaliente es Mauricio Clavería, de La Ley. “Yo lo contrataba mucho como músico de estudio –cuenta- porque tocaba con ese feeling, con ese touch que tienen los bateristas grandes internacionales”.

Claudio Vergara, editor de Espectáculos de La Tercera, lo subraya por “su capacidad para aportar a un tipo de canción que necesitaba potencia, que necesitaba vértigo, que necesitaba sonar bien en la radio, ser bien producida”. Añade que esto era una exigencia de la industria musical internacional de fines de los 80’s y principios de los 90’s.



Hay menciones para Edita Rojas, de Electrodomésticos. ”Es inevitable pensar que siendo mujer le tocó doble reto. Sin embargo, es tan talentosa como cualquiera y creo que ha sido una artífice bien clave de la segunda vida que han tenido los Electro”, dice Arratia

Hernán Rojas se suma y la destaca por su capacidad de complementarse con las máquinas. “Eso requiere de alto nivel de trabajo, requiere de mucha atención y mucho virtuosismo”, dice.



Juanita Parra no puede quedar fuera según el conductor de La Ley del rock. “Le tocó una misión imposible, ocupar el lugar de Gabriel. Imagínate, desde lo emocional y desde lo técnico, y lo hizo, con un desafío tremendo, y lo logró y hoy es el corazón de Los Jaivas”.

Veloso piensa parecido: “Más que una continuación técnica de las fundaciones establecidas por su padre, representa también la continuidad de la sangre -en todo sentido-, del fervor, del delirio, e imprimió de un sello propio un lugar que para ella, en especial, -y para muchos- era casi sagrado”.



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Otros exponentes del instrumento, quizás menos conocidos a nivel masivo, también tuvieron menciones de nuestros entrevistados. Claudio Vergara pone sobre la mesa a Willy Cavada, el primer batero de Aguaturbia. “Entregó innovaciones que hasta esos momentos no existían en Chile como el doble bombo y solos de batería muy típicos del rock estadounidense de fines de los 60’s y principios de los 70’s”.

Felipe Arratia suma al ex-Lucybell Francisco González. “La pega que hace en los dos primeros discos de Lucybell me parece un tipo muy importante, con una precisión, con un touch muy sólido, que además tiene otro tipo de background, otro tipo de instrucción”. Por eso, dice, Gustavo Cerati lo llamó para que fuera el baterista en Chile de la presentación de los Once episodios sinfónicos.

Hernán Rojas resalta al sesionista Carlos Figueroa. “Es un gran baterista, multifacético, capaz de tocar en cualquier estilo, a pesar de que es rockero. Además ser líder de banda”.

Para Nuno Veloso, Cote Foncea es alguien que brilla. “Una carrera de casi 30 años, cargada de potencia y precisión, evidente tanto en De Kiruza y Dracma como en Lucybell, desplegando además una soltura y audacia que le permiten hacerse cargo de los cimientos en cualquier tipo de composición”.

Gonzalo Planet no pudo evitar nombrar a Italo Arauz. “Su talento deslumbrante está por sobre el eventual conflicto de interés de esta descripción (es miembro de Matorral, donde soy bajista). Su virtuosismo, elegancia, versatilidad y creatividad fluyen tal, que genera la ilusión de estar frente a un instrumento de fácil ejecución incluso ante ritmos de alta complejidad. Tiene un control superlativo de la intensidad, con la sabiduría de los grandes. No por nada una larga lista ha solicitado sus servicios, de Álvaro Henríquez a Enrique Luna, pionera eminencia del jazz eléctrico”.

Otras alusiones de los entrevistados: Iván Molina, Patricio Salazar, Orlando Avendaño y Toño Silva.

Sobre el autor:

Pablo Retamal N. |
Periodista de La Tercera. En Twitter es @pabloretamaln