Culto
At the Drive-in en Madrid: saltos con paracaídas

At the Drive-in en Madrid: saltos con paracaídas

Como antesala a su primera visita a Chile en Noviembre estuvimos en la actuación de la banda post hardcore de El Paso, Texas en el inabarcable Festival Mad Cool 2018. A pesar del sol inclemente y a la espera de las grandes estrellas de la jornada, una multitud se acercó para ver cómo su segunda reunión tiene visos de mantenerse en el tiempo.

Una de aquellas historias bonitas para contar a todos, menos al ejecutivo de cuentas del banco, es la del fulgor y despedida de At the Drive-In. Formados en 1994 por Cedric Bixler-Zavala y Jim Ward, dos adolescentes inquietos de una ciudad estadounidense fronteriza con México, la banda vivió todos los sinsabores del underground (giras eternas en autos pequeños, pagas exiguas y público escaso) hasta que su exitoso tercer disco Relationship of Command (Grand Royal, 2000) quebró todo, incluso al grupo mismo. Nada que no se previera, en todo caso, con el desfile de integrantes durante sus primeros años, los líos internos entre los guitarristas Ward y Omar Rodríguez-López y las tragedias que circundaron a la banda, que incluyeron suicidios y sobredosis de ex miembros y personas ligadas a los músicos.



Recapitulemos un poco. Con un mayor interés general a partir de su segundo álbum In/Casino/Out (Fearless Records, 1998), el siguiente paso fue el exitoso disco ya mencionado, con producción de Ross Robinson (Korn, Sepultura, The Cure), colaboraciones con pedigrí como Iggy Pop y el apoyo de los medios que los catalogaban como los “nuevos Nirvana”, a falta de una frase con menos originalidad aún. Un rótulo que no le cayó muy bien a la banda de post hardcore, quienes evitaban la idea de ser estrellas y preferían mantenerse menos expuestos, como contaba el vocalista Bixler-Zavala a Spin en 2013. Por ello, no pasarían ni 6 meses de la edición del disco antes de que sucediese el quiebre.

Luego de aquello, hubo feas palabras entre los miembros y una repartición salomónica de integrantes que generó a los “progresivos” (para darle algún nombre posible a esa imposible mezcla de elementos) The Mars Volta y los más continuistas a nivel sonoro Sparta. En 2012, cuando ya habían hecho las entrevistas de rigor donde aclaraban que no habría reunión, sucedió exactamente lo contrario, para deleite de todos los involucrados, menos de Rodríguez-López que dio shows impecables en lo musical, pero con una clara expresión de desidia. Si bien se adjudicó a la reciente muerte de su madre el errático comportamiento del guitarrista, entrevistas posteriores referían al desinterés por canciones que le remitían a un tiempo lejano en su vida. Con ello, los shows en escenarios como el de Lollapalooza Chicago parecían ser los únicos en el horizonte.

Avancemos ahora en el tiempo y centrémonos en el reciente Viernes 13 de Julio en Madrid. Con un sol implacable y un calor que no distingue luz u oscuridad para manifestarse, At the Drive-In sigue la gira de presentación de su nuevo disco In•ter a•li•a (Rise, 2017) en el festival Mad Cool. Frente a los números fuertes de esa noche como Jack White, Arctic Monkeys y Franz Ferdinand, la banda de El Paso son una atracción mediana que, aun así, congrega a miles que no temen freírse para observar a la banda en acción. Peor aún si se les quiere seguir al ritmo que comanda Bixler-Zavala desde el inicio con “Arcarsenal” hasta el final con “One armed scissor” y que no para mientras se combina el material nuevo (“Governed by contagions”, “Hostage stamps” y “No wolf like present”, con la extraña ausencia del single “Incurably innocent”) con la predominancia fuerte de Relationship of Command (siete de las doce canciones interpretadas) y sólo una cita externa al segundo disco In/Casino/Out con la canción “Napoleon Solo”.


En cuanto a la performance de la banda, lo usual. Cualquiera que haya observado algún registro en vivo sabe que su vocalista actúa como si estuviese descalzo en un charco de agua. Luego de haber tocado ese cable de lámpara que reparó tu papá con poca técnica, eso sí. Bixler-Zavala, entonces, salta, se arroja contra los parlantes, se para sobre la batería, tira el micrófono hacia arriba y, entremedio, no falla ninguna nota.

La banda, por su parte, cada vez más aceitada, responde con precisión matemática. Junto a los históricos Paul Hinojos en bajo y Tony Hajjar en batería, la nueva adquisición Keeley Davis en guitarra, logra evitar la nostalgia por el fundador Jim Ward, quien hace un par de temporadas fue objeto de unos de esos mensajes de despedida de buena crianza en redes sociales que más estimulan comentarios, que disipan dudas. Por último, Omar Rodríguez-López, sin recuperar la locuacidad de antaño, parece más interesado que en la reunión de un lustro atrás. Quizás, la edición de material nuevo (uno de los 11 discos que publicó el prolífico guitarrista el año pasado) tenga algo que ver en eso.


Por allá por 2001 cuando At the Drive-In explotaba externa e internamente al mismo tiempo, su vocalista tuvo una de aquellas reacciones en vivo que todo manager piensa como un castigo divino. En un festival en Australia, compartiendo escenario con gente dispar (y extrañamente exitosa) como Limp Bizkit, comenzó a llamar “ovejas” al público que se golpeaba entre sí y se fueron del escenario después de sólo tres canciones. Luego de 2 meses se disolverían por unos conflictos internos que derivaban tanto de las rencillas personales como de las diferencias musicales entre quienes formarían The Mars Volta y el resto de la banda.

Diecisiete años y un integrante en el camino después, pareciera que la banda ha logrado compaginar el delirio experimental del vocalista y del guitarrista con la base estable que proveen los otros miembros. Bien se puede pensar que mientras dure aquello (que con la banda de El Paso, nunca se sabe realmente cuánto será) los saltos de Cedric siempre tendrán un sitio donde aterrizar con tranquilidad.

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