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Depeche Mode en Madrid: de vacaciones

Depeche Mode en Madrid: de vacaciones

Después de 14 meses, esta semana finaliza el “World Spirit tour” del trío inglés. En Culto fuimos testigos hace unos días de una de sus últimas actuaciones, en el marco del festival Mad Cool en la capital española. Sin sacrificar su cuidada puesta en escena, la banda dio un show energético, centrado en los grandes éxitos y demostrando que el retiro es algo bastante lejano en sus planes.

Las dicotomías importantes en la vida (Derecha vs Izquierda, Colo-Colo vs la U, kétchup vs mostaza) son las que nos permiten ubicarnos y entendernos. Si, por ejemplo, hablamos de las vacaciones, algunos disfrutarán de ellas de manera horizontal, en fantásticos 180 grados, como quien suscribe; mientras que otros preferirán continuar moviéndose, en plena actividad, como quienes viven con quien suscribe.

Podríamos decir que Depeche Mode están dentro de los segundos. Cuando ya casi se ha concluido una nueva gira de ganancias millonarias y se hacen las últimas fechas en festivales aprovechando el envión, no se observa un descenso en la energía ni en la calidad del espectáculo entregado. Si bien disminuye un poco la duración del show y predominan los hits, la banda de Basildon hace cualquier cosa menos bajar las revoluciones a estas alturas.



Por el contrario, el espacio más restringido de actuación les permite hacer un recorrido poderoso y definido que demuestra que son, probablemente, el grupo que mejor y más eficazmente ha unido la electrónica y el rock en la música popular, desde que esos géneros se conocieron y comenzaron su romance. Comprobando, además en precisos 100 minutos de actuación, que no tienen intenciones de dejar el trono en el corto plazo.

La escena se puede observar en el DVD “Tour of the Universe-Live In Barcelona” que documenta la gira de 2009-2010. Ahí, el vocalista de Depeche Mode, Dave Gahan, para explicar su vigencia de casi 30 años decía “para mí, todo se relaciona con la actuación”. Luego, comentaba con algo de cansancio de final de tour, que no sabía cuánto más duraría en un escenario, que cada vez era más difícil y que cuándo observase que ya no rendía a la altura de su historia, se retiraría. Bueno, aquí estamos 9 años después y Gahan sigue humillando con su estado físico y vocal. Ello, mientras algunos del público levantamos nuestros bastones y miramos el reloj pidiendo la hora.

El inicio del show es similar a las actuaciones del tour con “Going backwards”, parte de su último trabajo Spirit (Mute, 2017), disco al que sólo se retornará una vez más con “Cover me”, sin rastros del primer single “Where´s the revolution” u otra referencia anexa. A diferencia, entonces, de la gira de presentación que pasó por Chile en Marzo de este año, el resto del setlist se fija en los éxitos de la banda teniendo como límite temporal el último disco incontestable de la banda, Playing the angel (Mute, 2005), sin mayores desvíos en el camino.



De ese álbum mencionado tocan con un perfil más rockero “A pain that i’m used to” y la muy bien titulada “Precious”. Por su parte, de los 2 discos que están entremedio (Sounds of the Universe y Delta Machine) no se presenta ninguna alusión que desvíe del objetivo revisionista del listado de canciones. Algo que, por supuesto, no provoca ningún reclamo del respetable.

¿Qué se escucha, entonces, en la noche madrileña del 14 de Julio? Básicamente, un recorrido por lo más destacado de su producción en las décadas donde reinaron, a la par, en las listas de popularidad y de crítica. De la producción de los 90s, su último gran hit “It´s no good” (1996), junto con las alusiones al más orgánico Songs of faith and devotion de 1993 (“In your room” y “Walking in my shoes”) y al peak absoluto de popularidad de Violator de 1990 (“Enjoy the silence”, “Personal Jesus” y “World in my eyes”).



Por su parte, el recorrido por la década anterior, cuando nace la banda, permite en apenas 5 canciones observar las inmensas transformaciones del entonces cuarteto (aún se te extraña Alan Wilder) en escaso tiempo. La dulzura acústica con final amargo de “Somebody” convive con el maridaje de lo pop y lo industrial de “Stripped” y “Everything Counts”, y con las primeras referencias al blues mezclado con lo electrónico en “Never let me down again”. Terminar el show con el número más electro pop del repertorio en la clásica “Just can´t get enough” (compuesta por el fundador Vince Clarke, luego en Yazoo y Erasure) sirve tanto para dar un toque de felicidad feliz festivalera como para remarcar la influencia de Depeche Mode en buena parte de las expresiones electrónicas y sus hibridaciones que se han escuchado ese fin de semana en Madrid.

Frente a la disparidad de estilos y épocas presentes, la labor de la banda permite llevar a buen puerto la labor, sin perder coherencia durante el concierto. La presencia desde hace 20 años de Cristian Eigner en batería y Peter Gordeno en teclados y bajo ocasional, permite dar un fondo orgánico, sobre todo a la música de raíz más sintética de los 80s, hermanándola con las expresiones más rockeras que sucedieron a partir de Songs of faith and devotion (Mute, 1993).



De los integrantes estables, ya se ha dicho bastante. Dave Gahan cumple hace 4 décadas con el rol de maestro de ceremonias y agitador de masas en un ejercicio que provoca el júbilo no sólo de la fanaticada, sino de él mismo, que se observa intacto luego de 14 meses de gira. Martin Gore, el compositor principal, generalmente con la guitarra en ristre, sirve de contraste visual y vocal, sólo actuando de centro de atención en la agridulce “Somebody”.

Y, por último, está Andrew Fletcher quien mantiene el misterio durante casi 40 años de cuál realmente es su rol dentro de un escenario. Si afuera está más que claro, en los aspectos de negocios y publicidad de la banda; no cabe duda que se retirarán los ingleses y nadie aún sabrá si efectivamente acompaña su presencia y aplausos en vivo con la ejecución de algún instrumento.

O sea, todo más o menos en orden, como los últimos 20 años de la banda luego de su casi implosión por líos internos y de drogas a mediados de los 90s. Hoy, son unos señores de mediana edad, que sacan discos cada 4 años, planean monumentales giras y, además, tienen el descaro de cerrar la temporada de trabajo sin perder el aliento y con las baterías aún cargadas. Una verdadera vergüenza (nosotros).


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