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Zoé: así es la etapa que trae de vuelta a la banda esencial de México

Zoé: así es la etapa que trae de vuelta a la banda esencial de México

El grupo presentó su nuevo álbum hace unas semanas y estarán en noviembre en Santiago.

Cae el sol en la capital mexicana y miles arriban al Auditorio Nacional portando camisetas con relámpagos estampados. Lucen ansiosos mientras andan, con boleto en mano y un cancionero de orden cósmico en la mente, preparados para cruzar la vía láctea con un riff de guitarra como guía. Se trata de los seguidores de Zoé, la banda responsable de agotar tres fechas en junio en el recinto para conciertos más importante de México. El motivo: la presentación de su más reciente álbum, Aztlán.

Apenas el 18 de abril, el grupo de León Larregui apareció sorpresivamente en la glorieta de Insurgentes de la CDMX, para ofrecer un concierto fugaz donde estrenó tres temas del álbum, el que vería la luz al día siguiente. En esa ocasión, tocaron media hora, muy poco para la fanaticada que debió aguardar hasta mitad de año. Y la espera valió la pena.

Es “Cuidadito”, un chachachá de hace décadas de María Victoria, quien compás a compás va haciendo que las luces del llamado Escenario de México pierdan fuerza. León, Sergio Acosta, Ángel Mosqueda, Jesús Báez y Rodrigo Guardiola toman escena para darle forma a “Venus”, el tema encargado de abrir el trabajo con el que quiebran cinco años de silencio. Una composición sosegada donde guitarras y sintetizadores se disputan el protagonismo con los falsetes del cantante; quizás un buen modo de definir en su totalidad la reciente placa. El viaje continúa con “Azul” y “No hay mal que dure”, también del disco recién lanzado. Ambas ejecutadas con precisión, como si desde hace años pasaran lista en las presentaciones del combo .

“10 AM” y “Arrullo de estrellas”, alojadas en Prográmaton (2013), indican que el pasado también tiene cabida. Sin embargo, es “Nada” la que presume los mejores atributos. Y es que en el sencillo de Reptilectric no sólo las dotes como instrumentistas de los músicos resultan evidentes, sino que el entramado lumínico, así como la pantalla, comienzan a mostrar sus bondades. Respecto al segundo punto, se trata de una pirámide invertida colosal donde lo mismo se proyectan desiertos que galaxias, rostros deslavados que figuras geométricas. De ver tal artilugio, sin duda Tame Impala sentiría envidia. Mención aparte merecen “Poli” y “Paula”. Una, tratada con los valores del folk de manufactura lunar; la otra, con la languidez de la era “The Bends” de Radiohead. Pero hasta ahí llega el coqueteo unplugged. De hecho, el contraste es inmediato, pues se pasa del candor al ardor con “Renacer”.

Tras hacer excursiones bajo el escenario para hundirse en marañas de brazos y celulares, el del micrófono se da un tiempo para dedicarles “Temor temblor” a quienes están “en un estado alterado de conciencia”.

Citado en los camarines del Auditorio Nacional, Larregui recordó para Culto que la primera vez que interpretó algunas de las composiciones de Aztlán fue en Chile, en el último Lollapalooza. “Nos sentimos de lujo en esa ocasión. Fue nuestro primer concierto del año y nos sorprendió encontrarnos con más gente de la que esperábamos”, comentó, subrayando que aquella cita chilena operó como un calentamiento para lo que vendrá: tienen nueva cita el 7 de noviembre en el Teatro Coliseo.

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