Culto
Queens of the Stone Age en vivo: democracia visual

Queens of the Stone Age en vivo: democracia visual

Revisar las noticias de música en estos días implica encontrarse casi obligatoriamente con el alegato de Queens of the Stone Age y Franz Ferdinand por la presencia de sectores VIP en el Festival Mad Cool de Madrid. Acá contamos cómo fue aquello. Desde atrás, por supuesto.

Se sabe con claridad que Josh Homme, vocalista de Queens of the Stone Age (QOTSA) es un tipo de malas pulgas. Si no, pregúntenle a personas de la audiencia que arrojan cosas, a buscadores de autógrafos e, incluso, una fotógrafa a la que pateó su cámara y que sufrió una herida a consecuencia de ello. Aunque en este último caso de 2017, Homme pidió un par de veces sentidas disculpas públicas luego del abucheo global; nada parece indicar que el tipo se haya calmado del todo. El ex Kyuss, incluso, se enoja cuando, ejem, le mencionan la posible continuidad de Kyuss y desde su 1.93 se ha granjeado una fama que uno no quisiera comprobar en vivo y en directo.

Dicho lo anterior, agreguemos que aquello de las zonas vip no es algo que guste a cualquier ciudadano de a pie. Aunque, para algunos, pareciera depender de qué zapatos calcen aquellos pies; la separación en los eventos musicales se vuelve molesta, sobre todo cuando atenta contra la visualización y/o la experiencia de un show. Si, luego, hablamos de rock o de otro género que implique comunión masiva, la cosa se vuelve más compleja. Y, además, teniendo enfrente a uno poco zen como Josh Homme, mejor comenzar a preguntarse en qué momento comienzan los líos.

Para aclarar, la hora de esos problemas fueron pasadas las 10 de la noche del Sábado 14 de Julio, cuando QOTSA promediaba su show en el Mad Cool Festival. Luego de un inicio centrado en sus 2 últimos discos, con canciones como “If I had a tail” o “Feet don´t fail me” y una primera referencia al pasado con “You think I ain’t worth a dollar, but I feel like a millionare”, Homme comenzó, en su estilo diplomático característico, a demostrar sus molestias. “Hey, seguridad, creo que deberían dejar que estas personas vinieran. A ustedes que están allá, vengan… vengan”, decía el cantante mientras la banda tocaba el hit “No one knows”. “Vengan, salten las vallas y vengan para acá”, se dirigía a la audiencia no VIP, para luego recalcar el mensaje a los guardias: “No voy a tocar hasta que esa gente salte las vallas y venga para acá. Así que mejor los dejan hacerlo, porque esta noche ustedes trabajan para mí”.


Animando al resto del público a entonar “Let them in! (“déjenlos entrar”), el equipo de seguridad accedía a la petición, mientras Homme avisaba-amenazaba con bajar él mismo a mover las vallas si es que la seguridad no lo hacía. La nueva “The Evil has landed” proseguía, entonces, el espectáculo, que incluía un nuevo saludo cordial a los guardias (“seguridad, tranquilos con esos chicos abajo o los patearé a ustedes. Así, que mucho cuidado. Si no son amables, váyanse a la mierda”) y las referencias esperadas a sus discos anteriores como “Burn the witch”, “Little Sister” o “Make it wit chu”.


¿Y la organización del festival? Curada de espanto, imaginamos, luego de los muy publicitados problemas de las jornadas anteriores. Para iniciar su dolor al colon, el Jueves 12, día inaugural con Pearl Jam y Tame Impala como números centrales, las largas filas tanto para entrar al recinto como para consumir comida y bebida al interior (sin olvidar la dificultad para movilizarse de regreso a la ciudad de manera expedita) eran noticias preferentes en medios y redes sociales. Mejorado aquello, los nombres de Massive Attack y Franz Ferdinand el Viernes 13 se transformarían en los siguientes dolores de cabeza, por muy diversos motivos, para los responsables del Mad Cool.



Lo explicamos secuencialmente para entenderlo mejor, pero ambos sucesos fueron simultáneos para mayor dicha de la organización. Sucede que Franz Ferdinand comenzaba un fantástico show a eso de las 1.30 de la madrugada, combinando hits de toda la vida con los primeros reclamos respecto de la ubicación de la fanaticada VIP. Frases como “los desprecio”, decía el vocalista Alex Kapranos con ese tono humorístico terriblemente serio que tiene, entre canción y canción. Al mismo tiempo, Massive Attack decidía, unilateralmente, no subir al escenario dispuesto para ellos a las 1:45, por lo que consideraban que era un sonido muy fuerte, proveniente del resto del Festival. Mientras se desarrollaban las negociaciones, que incluían disminuir la duración de Franz Ferdinand, atrasar las actuaciones posteriores o sacrificar una oveja, si es que ello era necesario; el público se seguía acumulando en un escenario de diseño más cerrado que los otros, lo que aumentaba notablemente la tensión.

Sólo a las 3 de la madrugada, la producción del Festival se rindió y emitió un comunicado confirmando la negativa a actuar del colectivo de Bristol. Por mientras, Kapranos seguía feliz recibiendo el cariño de quienes, como él decía, realmente le importaban (alejados a bastantes metros por las vallas de separación). Tanto, como para elaborar una solución al problema en Twitter al día siguiente: “en verdad odio las zonas VIP (….) (es un tipo de gente que) tiende a preocuparse más por las selfies que por enloquecer por un grupo. No digo que no haya sitio para ellos. Lo hay. Está al fondo”.

Un día después, cuando todo se había regularizado a nivel de transporte, acceso y provisión de bebidas y comidas en el Festival (y con todos los artistas tocando, para su alivio), sería Josh Homme el que volvería a traer un poco más de polémica, dentro de un show impecable, con un sonido potente y un acento claro en sus producciones más recientes. “Hemos viajado miles de millas para hacer una fiesta acá (…) y no nos iremos hasta que enloquezcan, se vuelen, bailen, se besen con alguien o tengan el mejor momento de sus vidas”, decía mientras QOTSA finalizaban con un par de celebrados rescates como “Go with the flow” y “A song for the dead”. Gratas actividades para las cuales, concordemos, no es necesario estar en un sector VIP.


Fotos: Andrés Iglesias (QOTSA) y Pablo Rodríguez (Franz Ferdinand)

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