Culto
La visita a Chile que selló el destino de Luis Miguel

La visita a Chile que selló el destino de Luis Miguel

En agosto de 1986, el mexicano llegó desde Madrid para dar dos conciertos, actuar en TV y reencontrarse con su madre, quien fue vista por última vez durante esos días en la capital española. Un puzzle sin solución que marcó la vida del cantante, y que la serie de Netflix podría resolver mañana.

Es el 7 de agosto de 1986 y un expectante Antonio Vodanovic espera entre la neblina que cubre la losa del aeropuerto de Pudahuel el aterrizaje del avión que trae a Luis Miguel. “En este instante se comienza a cumplir la promesa de los últimos días: el vuelo Lufthansa itinerario desde Madrid está llegando”, dice a la cámara. El cantante mexicano, de entonces 16 años, era el invitado estelar de la semana anterior del programa En vivo, de Televisión Nacional de Chile, pero diversos problemas nunca aclarados del todo retrasaron su salida de la capital española. Ante la ola de reclamos de las fans de “Luismi”, el canal tuvo que programar ese día su película Fiebre de amor.

El aterrizaje del solista suponía una revancha para el canal estatal. Para Vodanovic, en tanto, era un reencuentro con el mexicano tras el paso de éste por el Festival de Viña de aquel año, donde despuntó como el gran ídolo juvenil de Hispanoamérica. Apelando a la confianza entre ambos, el animador entra al avión y recoge las primeras impresiones del cantante, quien echa su pelo hacia atrás en su gesto característico y explica que una enfermedad le impidió llegar antes al país. No está con él su padre, Luis Gallego, con quien el artista ya sostenía una tensa relación, ni su madre, Marcela Basteri, a quien había visto por última vez en marzo del año anterior, en un concierto en el Luna Park de Buenos Aires en que la subió al escenario.

Además de su participación en el estelar televisivo y dos conciertos en el Estadio Chile (hoy Víctor Jara), los primeros del cantante en solitario en Santiago, aquella visita a Chile de agosto del 86 escondía un propósito más importante para El Sol: después de un año y medio sin tener contacto con su madre, por ese entonces ya separada de Gallego y viviendo en Italia, ambos se juntarían en Santiago. Pero Marcela Basteri nunca tomó ese avión con destino a Chile y el postergado reencuentro con su primogénito nunca ocurrió. Es más: de acuerdo a la prensa mexicana y a las biografías que se han escrito sobre el intérprete de “La incondicional”, por esos mismos días, en agosto de 1986, Basteri era vista por última vez en Las Matas, un sector de Madrid.

Desde entonces, el paradero de la madre del mexicano es un misterio. Tampoco se sabe si éste la vio por última vez luego de ese encuentro en Buenos Aires. Lo cierto es que cuando Basteri se comunicó por última vez con su familia, “les dijo que iba a viajar a Chile para reunirse con Micky allá”, relata el español Javier León Herrera en Luis Miguel: la historia, la biografía que inspira la serie sobre la vida de El Sol. Es precisamente la producción de Netflix y Telemundo, en su último capítulo que emite mañana, la que podría revelar el secreto mejor guardado del pop latinoamericano.

Aparentemente ajeno a ese trágico desenlace, “Micky” llegó al estudio de Televisión Nacional y se lució cantando sus éxitos de la época, como “Isabel” y “Decídete”. Consultado por Vodanovic, dijo que heredó “el cariño” de su madre y la vocación artística de su padre, a quien le dedicó palabras elogiosas antes de entonar “Éxito”, tema compuesto por Gallego. Meses después, en una entrevista con el diario mexicano El Universal, el cantante confesaba: “1986 fue un año terrible para mí”.


Una niñez diferente

A mediados de los 80, mucho antes de estrenar Mea culpa, Carlos Pinto se hacía un nombre en televisión con sus comentadas cámaras ocultas, que por ese entonces ponían en aprietos a los invitados de En vivo. Luis Miguel no sería la excepción, y en su arribo a Pudahuel fue recibido por el cantante y animador de Cachureos, Marcelo Hernández, quien con un bigote postizo y lentes oscuros simuló ser un oficial de policía internacional del aeropuerto y revisó la documentación del mexicano. Ante la mirada atónita del cantante, el falso agente le impedía ingresar al país si éste no cancelaba varios miles de dólares por los daños causados por sus fans en la terminal aérea.

La broma de Pinto y Hernández debe haber asustado más de lo que suponían al ídolo juvenil y sus asesores, ya que una de las razones que retrasó su visita a Chile habría tenido que ver con un inconveniente con sus documentos de viaje. “Él tenía que haber llegado la semana anterior, pero no pudo por problemas con su visa”, recuerda Vodanovic, quien cuenta que el El Rey Sol, ya en ese entonces, viajaba sin Luis Gallego. “Sólo vino con su papá la primera vez que estuvo en Viña [en 1985]. Después de eso siempre vino con su mánager argentino. A su mamá nunca la conocí”, agrega el animador, quien con los años cultivó una amistad profesional con el astro.

Por otro lado, estos inconvenientes con su pasaporte habrían sido usados como excusa por Luisito Rey para pedirle a Basteri que se reunieran en España. De acuerdo a Luis Miguel: la historia, en agosto de 1986, el español, ya separado de su mujer, la llamó porque necesitaba su firma para que el primogénito pudiera entrar a Santiago. El pretexto, según explica el autor, tenía algo de sustento, ya que México rompió relaciones diplomáticas con Chile durante el régimen de Augusto Pinochet, lo que complicó el ingreso de los ciudadanos de ese país al territorio nacional.

“Cuando Luis Miguel inicia su carrera de artista se le confecciona toda una documentación falsa como mexicano, que luego se regulariza”, detalla León Herrera. “Luisito buscaba artimañas para que Marcela se encontrara con él en Madrid, y una de las que inventó fue que necesitaba su firma para que [su hijo] pudiera viajar a Chile. Más tarde ella descubre que todo era una estratagema”, agrega el biógrafo.

“Mi niñez ha sido muy diferente”, reconocía “Micky” a Vodanovic en su encuentro de 1986. “Desde los 10 años andaba en estudios de grabación con mi padre, y eso me ayudó a madurar un poco más de lo que debiera. Entonces supe mucho antes de lo que debiera quién era el señor [Viejo] Pascuero”, explicó el artista, quien al día siguiente, el 9 de agosto, dio dos atiborrados recitales en el Estadio Chile, de los que salió “con botones menos, rasguñado y asustado”, según consignaba La Tercera, debido al fervor de sus calcetineras.

Sobre el autor:

Andrés del Real |
Sub-editor de Espectáculos de La Tercera.